El agua absorbida en las primeras horas del día prepara a las plantas para resistir el estrés térmico que se acumula durante la jornada. Al hidratarse completamente, mantienen la turgencia celular, un estado vital que les permite llevar a cabo la fotosíntesis de forma eficiente. Este proceso metabólico es la base de la producción de biomasa y, por ende, del rendimiento de la cosecha. Además, el follaje se seca por completo antes del anochecer, lo que minimiza el riesgo de enfermedades fúngicas que prosperan en la humedad nocturna. Prevenir estas patologías reduce la inversión en fungicidas y las pérdidas de producción.
Lo que queda del día
En contraste, el riego vespertino, entre las 17 y las 19 horas, aunque viable, presenta desventajas económicas. Las tasas de evaporación aún son elevadas debido al calor acumulado en el suelo, lo que disminuye la eficiencia hídrica. La humedad prolongada en hojas y tallos durante la noche incrementa el riesgo de desarrollo de hongos, lo que potencialmente exige tratamientos adicionales y puede comprometer la calidad de los cultivos.
El riego nocturno (de 20 a 6 horas) es la opción menos rentable. Durante este periodo, la actividad metabólica de las plantas se reduce drásticamente, lo que limita su capacidad de absorción de agua. Este excedente hídrico en el suelo y en la superficie de las hojas puede saturar las raíces y provocar enfermedades, lo que compromete seriamente la salud de las plantas.
Para cultivos de alto valor como tomates y pimientos, el riego matutino es crucial para evitar el rajado de frutos, un defecto que reduce significativamente su valor comercial. La implementación de tecnologías como el riego por goteo programado para el amanecer es una inversión que optimiza la distribución del agua y maximiza el retorno económico por cada hectárea cultivada. En un contexto de precios fluctuantes y presiones sobre los recursos, la decisión sobre cuándo regar es tan importante como la cantidad o la calidad del agua utilizada. Es un factor económico estratégico que diferencia una producción sostenible de una deficiente, y un detalle que los productores exitosos no pueden pasar por alto.