Según CREA, esa estrategia de intervención responde a una preocupación concreta: en un año electoral, un movimiento cambiario descontrolado podría reactivar la inflación justo cuando el proceso de desaceleración de precios había logrado avances.
El dólar como termómetro
El informe subraya que, como suele ocurrir en los años de elecciones, el tipo de cambio funcionará como un indicador clave de expectativas y condicionará el resto de las variables económicas. La tasa de interés ya fue la primera en reaccionar frente a la volatilidad cambiaria de 2025: tras varios meses de perder terreno frente al dólar, las autoridades subieron las tasas para mejorar el rendimiento de los instrumentos en pesos y contener la corrida.
De cara a los próximos meses, CREA anticipa que el comportamiento de las tasas seguirá atado a lo que ocurra con el dólar: si se repite un escenario de suba sostenida del tipo de cambio, es esperable una nueva respuesta al alza de las tasas para sostener el atractivo de los activos en moneda local.
Inflación y salarios, bajo la lupa
El informe también pone el foco en el llamado "pass-through", es decir, la velocidad con la que las devaluaciones se trasladan a los precios. La comparación histórica es elocuente: en 2023, un salto cambiario del 22% tardó apenas tres meses en licuarse en el tipo de cambio real; en 2025, ante una suba similar, ese proceso demandó 10 meses, reflejo del avance del plan de estabilización.
En ese marco, la desaceleración inflacionaria de junio y julio permitió una mejora de la competitividad cambiaria del 1,9%, aliviando levemente la presión sobre los costos de la economía. El dato que more interés genera hacia adelante es el de los salarios: si la inflación logra sostenerse por debajo del 2% mensual, los ingresos —que vienen creciendo en promedio 2,2% desde enero de 2025— podrían empezar a mostrar una recuperación real.
FUENTE: Informe Macroeconómico CREA (edición n.° 342), con aportes de Redacción +P.