En el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, las familias productoras desarrollan su actividad, en su mayoría, bajo contratos de arrendamiento. Esta condición no solo limita las posibilidades de invertir en instalaciones fijas, sino que hace aun más difícil cumplir con las condiciones que establecen los lineamientos de las BPA (Buenas Prácticas Agrícolas).
El INTA Alto Valle prueba un prototipo de baño portátil, económico y resistente que ayuda a resolver una necesidad histórica en la producción hortícola bajo arrendamiento.
De la idea al proyecto
La propuesta de los módulos sanitarios se construyó a partir del trabajo conjunto entre el INTA, organismos provinciales vinculados con la producción, las áreas técnicas relacionadas con la agricultura familiar y la sanidad agropecuaria, además de los propios productores.
En diálogo con +P el Diseñador Industrial del INTA, Lucas Zanovello, explicó que “el objetivo fue diseñar una alternativa que respondiera tanto a las exigencias sanitarias, como a las posibilidades económicas y las necesidades concretas de las familias”.
Asimismo, la mirada social fue clave para comprender las condiciones de vida y trabajo de los productores, antes de definir las características técnicas del módulo.
El proceso incluyó relevamientos en establecimientos productivos de Centenario, Vista Alegre y otras zonas hortícolas, entrevistas en las chacras y talleres participativos de codiseño. Durante dos años, productores y técnicos analizaron alternativas y tomaron decisiones sobre los materiales, el tipo de sanitario, la disponibilidad de agua y las formas de tratamiento de los efluentes.
El sistema funciona por gravedad mediante un depósito superior de agua e incluye inodoro de arrastre hidráulico, lavamanos y tratamiento diferenciado de efluentes.
Un diseño sustentable
La participación de las familias a cargo de los emprendimientos, permitió ajustar el diseño a sus hábitos y posibilidades. Por ejemplo, se optó por un inodoro de arrastre hidráulico en lugar de un baño seco, considerando las costumbres de uso y las dificultades que podría implicar incorporar un sistema diferente durante las jornadas laborales.
Una de las principales condiciones del proyecto fue que el baño pudiera trasladarse de una chacra a otra. Como las familias pueden cambiar de establecimiento cuando finaliza el contrato de alquiler, la inversión debía acompañarlas y no quedar en un terreno que no les pertenece.
Para resolverlo, el equipo recurrió a contenedores industriales reutilizados, conocidos como IBC o tótems, que habitualmente se emplean para almacenar líquidos y cuentan con una estructura metálica resistente. Estos recipientes se aprovechan como base del módulo sanitario, con un revestimiento exterior de chapa galvanizada.
La reutilización permite reducir los costos y aprovechar materiales disponibles, en una propuesta que combina economía circular y diseño tecnológico adaptado a la agricultura familiar. La estructura está pensada para resistir las condiciones de uso rural, facilitar la limpieza y poder trasladarse en la caja de una camioneta de doble cabina, mediante sistemas de sujeción.
El módulo cuenta con un depósito superior de agua, un inodoro de arrastre hidráulico y un lavamanos integrado. La provisión de agua se realiza por gravedad, mientras que los efluentes reciben tratamientos diferenciados. Las aguas negras pasan por una cámara séptica y un sistema de infiltración subterráneo, mientras que las aguas grises, provenientes principalmente del lavado, se conducen a un lecho de infiltración con grava.
Actualmente en fase de prueba en chacras locales, el proyecto contempla publicar un manual de autoconstrucción para que las propias familias puedan fabricarlo.
Construir y evaluar
Hasta el momento, el equipo a cargo del diseñador Zanovello construyó dos prototipos que se encuentran instalados en diferentes establecimientos y se encuentran en etapa de evaluación.
Según explicó el miembro del INTA, “la prueba de este desarrollo durante la temporada productiva, será un paso importante para determinar su funcionamiento y avanzar hacia una implementación más amplia”.
La siguiente etapa contempla elaborar una publicación con instrucciones para la autoconstrucción, de modo que los productores que cuenten con habilidades para trabajar con materiales y herramientas, puedan fabricar su propio sanitario.
El INTA busca alianzas con fabricantes y programas provinciales de financiamiento para llevar esta alternativa accesible a más familias rurales de la región.
Una solución que favorece a productores y consumidores
En paralelo, el equipo busca vincularse con fabricantes interesados en producir los módulos a escala comercial y avanzar, junto con la provincia, en alternativas de financiamiento que faciliten su acceso.
Zanovello también aseguró que el hecho de contar con una solución sanitaria accesible, “también podría facilitar (a los productores) el cumplimiento de las buenas prácticas agrícolas y el acceso a determinadas líneas de crédito o programas de acompañamiento productivo”.
El desafío actual es transformar los prototipos en una alternativa disponible para más familias rurales. Mejorar las condiciones sanitarias en las chacras, también implica proteger la salud de quienes producen, cuidar el agua y contribuir a que los alimentos lleguen en condiciones seguras a los consumidores.
FUENTE: Redacción +P.