Para este especialista no quedan dudas de que “estamos en un año Niño, porque el Pacífico está comportándose como en un año Niño, y que la tendencia por los modelos indica que podría llegar a darse hacia finales de octubre una intensidad (de lluvias) superior a la media, lo que se llama Niño fuerte”.
Pero por ahora “se habla” y Musi asegura que “sería apresurado” adelantar conclusiones.
Será recién a partir de octubre cuando “muy probablemente empecemos a definir qué nivel de intensidad puede llegar a tener este Niño. Incluso, el inicio del Niño está como retrasado en relación a cómo se ha dado en años anteriores”.
Pero las especulaciones no surgen de la nada, sino que a los analistas les llama la atención que el aumento de la temperatura del Pacífico “está siendo como muy acelerada, y eso hace que pueda desencadenar en un Niño de mucha intensidad”.
Es en el incremento de las precipitaciones la forma en que se expresa este fenómeno. Se calcula que comenzará con aguaceros más cercanos al trópico, como en Paraguay, norte de Argentina y sur de Brasil. Habrá mayores precipitaciones en Pampa Húmeda, y este fenómeno, otras veces ya medido, “empieza a perder incidencia cuando supera la diagonal árida, que se da hacia la altura de Bahía Blanca”.
La estepa inalterable
Hacia el sur del río Colorado, “se ve menos, muchísima menos incidencia, prácticamente nula incluso”, destacó el docente, quien realizó un trabajo de correlación de datos de otros años de similares características, ya sean los considerados Niño o Superniño.
Para eso, se analizaron registros de precipitaciones del Valle Inferior y comenzó la serie estudiada cargando datos del año 1982. Siguió por los datos de pluviometría de los años 83, 92, 97, 98, 2009, 2015 y 2023, que fue el último Niño.
Sin embargo, uno de los años con un salto mayor en el registro de lluvias fue el 1997. Del promedio habitual de 400 milímetros, se pasó a 672 milímetros.
“Podría rápidamente decir, mirá acá, se expresó el Niño. ¿Pero qué ocurre? Como existe un acoplamiento entre el océano y la atmósfera a la altura del Pacífico ecuatorial, iniciado ya el invierno nuestro, y ahí recién se empiezan a observar registros asociados al Niño, acá se llegó a los 672 milímetros en 2 eventos que se dieron en febrero y en marzo, cuando aún no estaba el Niño implantado como un condicionante atmosférico para nuestra región”, relata, dejando al descubierto que no todo es lineal en la meteorología.
Por encima de 1°C de la media, ya es Niño. Hoy frente a las costas de Peru y Ecuador está a 2,8°C, pero en la el extremo de la corriente, donde se hacen las estimaciones, la temperatura esta 1,4°C por encima de la media, por eso se espera que este sea un año Super Niño.
Aún hay que esperar
Lo cierto es que no hay que esperar eventos catastróficos ni muy por fuera de la media en el norte de la Patagonia a pesar de las voces de alarma, porque el aumento en las precipitaciones “tiende como a llegar sólo hasta esa región”, dice este docente al referirse a la línea árida que comienza en una línea imaginaria que se traza desde Bahía Blanca hacia el oeste.
Lo que sí es esperable, y a lo que se debe estar atento, es que se registren “mejores precipitaciones níveas en cordillera”. Aclaró que no hay muchos trabajos ni antecedentes del impacto del efecto Niño en la cordillera patagónica, pero existen indicadores sobre la existencia de “una correlación un poco baja, pero existente, de que puede haber mayor cantidad de precipitaciones níveas en cordillera en un año Niño”. Lo que impactaría en ríos como el Chubut, el Limay y el Colorado.
Por último, este responsable de agrometeorología de la EEA INTA Valle Inferior destacó un elemento que para él es central: “hay una cosa en que nosotros tenemos que ser claros: nosotros tenemos certeza hacia atrás. Nosotros miramos los datos para atrás y ahí tenemos certeza al 100 %”, y acota que “no podemos decir que no va a pasar nada en el corto o mediano plazo (con el efecto Niño), porque la atmósfera es un hermoso caos que todo el tiempo está generando variaciones significativas”.
Por eso consideró que “hay que esperar un poco más, a que lleguemos a octubre, para tener un poco más de claridad”, sobre eventuales consecuencias del efecto Niño en la climatología del norte de la Patagonia.
¿Y ahora… qué pasa?
Toda la región vive por estos días jornadas de lloviznas y porcentajes de humedad muy por encima de la media. Y eso no tiene nada que ver con el Pacífico, sino con el Atlántico, en especial con la corriente fría de las Malvinas. “Tenemos un invierno con una carga de humedad tremenda, con algunas lluvias no muy intensas”, describe Musi, quien hizo foco en su región: “En la zona atlántica estamos teniendo ya prácticamente un mes y medio de registros de humedad relativa del ambiente arriba de los 90% de humedad, con precipitaciones prácticamente diarias, pero con unos milímetros muy escasos”.
Esa situación atmosférica “no tiene nada que ver con el Niño, porque el Niño recién está empezando, y lo que sí estamos viendo es una incidencia de presión atmosférica alta en el Atlántico, que hace que todo el tiempo esté ingresando carga de humedad desde el Atlántico al continente”.
Así, nos encontramos en un momento de temperaturas bajas y la humedad relativa es alta; por lo tanto, en el ambiente “no hay energía como para evaporar, con lo cual no hay convección, no hay lluvia. Entonces, todo el tiempo vemos humedad alta, precipitaciones escasas, aunque casi permanentes, pero no tiene que ver con una incidencia del Niño”. Y aclara que “las presiones altas en otoño y en invierno en nuestra región son esperables. Lo que nunca suele ser esperable es que sea de esta magnitud y durante tanto tiempo”.
Todo el fenómeno lo asoció “principalmente con un ingreso permanente de la corriente fría de las Malvinas, pero que ahora está descargando más agua en el Atlántico Sur”.