El relevamiento analizó tres ambientes representativos: un pastizal natural sin intervención, un lote agrícola con avena y vicia villosa de resiembra natural y un pastizal manejado mediante pastoreo rotativo. Para evaluar su condición se utilizó la metodología de Evaluación Visual del Suelo (EVS), una herramienta que permite observar distintos indicadores.
Distintos manejos, diferentes respuestas
Los resultados marcaron diferencias entre los sistemas. El pastizal natural obtuvo la mejor valoración, con una condición de calidad “Buena” y un índice de 48,1 puntos. El pastizal bajo manejo rotativo alcanzó una condición “Moderada”, con 41 puntos, mientras que el lote agrícola presentó una calidad “Pobre”, con 29,9 puntos.
Para Luna, los ambientes que mantienen una cobertura vegetal permanente y presentan menor disturbio mecánico logran conservar una mejor estructura, favorecer la infiltración del agua y permitir un desarrollo radicular más profundo. Estas características adquieren especial importancia en zonas donde los períodos de sequía forman parte de la realidad productiva.
Uno de los aspectos que más llamó la atención durante el relevamiento fue la actividad observada en las raíces. En lotes con antecedentes de manejo integrado agrícola-ganadero se encontraron abundantes nódulos de Rhizobium, agregados biológicos y lombrices. Estos indicadores muestran cómo las prácticas de manejo pueden influir sobre procesos que muchas veces permanecen ocultos bajo la superficie.
El desafío de conservar el agua
La humedad disponible permitió que comunidades de microorganismos que permanecían inactivas retomaran su actividad. “El agua de este año actuó como un verdadero despertador biológico”, explicó Luna, al destacar el papel de estos organismos en la recuperación de la fertilidad, la incorporación de materia orgánica y la mejora de la estructura del suelo.
Desde el INTA, Guillermo González señaló que prácticas conservacionistas como la siembra directa constituyen una herramienta central para mejorar la resiliencia de los sistemas productivos. Los suelos con mayor cobertura vegetal y contenido de materia orgánica tienen mejores condiciones para absorber agua, reducir las pérdidas por escorrentía y disminuir el riesgo de erosión eólica.
El estudio también destaca la utilidad de la Evaluación Visual del Suelo como una herramienta sencilla y de bajo costo para detectar procesos de degradación y tomar decisiones. Mantener cobertura durante todo el año, incorporar pastizales en las rotaciones, planificar descansos estratégicos y reducir las labores que alteran la estructura son las principales recomendaciones.
Cuando las lluvias acompañan, todos los suelos responden, pero cuando vuelve la sequía, son aquellos con mayor desarrollo de raíces, cobertura y vida biológica los que tienen mejores herramientas para sostener la producción.
FUENTE: INTA