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Negro Muerto: el potencial oculto del valle que atrae a los menonitas

Unas 50 familias menonitas invierten en el valle patagónico de Negro Muerto, una tierra casi virgen y de difícil acceso. ¿Cuál es el secreto de este lugar?

¿Hace menos de un mes, el 27 de octubre, para ser más exactos, se supo que 50 familias de la colonia menonita de Guatraché (La Pampa) habían adquirido más de 5.000 hectáreas en la zona del valle de Negro Muerto, entre General Conesa y Choele Choel. Desde el gobierno provincial, se dijo que buscaban instalarse de forma permanente y el ministro Carlos Banacloy celebró que “una comunidad con la historia y la cultura de trabajo de los menonitas haya decidido radicarse en la zona”.

En este punto, surgen varias preguntas: ¿A qué se dedicarán los menonitas en Río Negro?, ¿por qué eligieron el valle de Negro Muerto?, ¿qué tiene esta tierra patagónica que los atrae? Dicho de otro modo, ¿cuáles son los secretos de Negro Muerto, el valle al que apuestan los menonitas?

Desde +P hablamos con gente del lugar y nos cuentan que llegar al valle es algo así como una odisea. Se deben recorrer 100 kilómetros de ripio -los camiones han llegado a tardar tres horas en completar el tramo-, de los cuales los últimos 20 son inaccesibles -hay anécdotas de quienes llevaban 2 o 3 auxilios en la caja de las camionetas y “se quedaron a pata” porque las pinchaduras son frecuentes-, la señal telefónica solo fue posible por Starlink este año, y la electricidad es una promesa que lleva años en el aire.

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La falta de infraestructura parece no ser un escollo para la comunidad de Guatraché.

Virgen

Es un valle que está prácticamente virgen. Hasta el día de hoy no le ha llegado la electricidad, no tiene señal de teléfono, es de muy difícil acceso”, confirma Verónica Favere, de INTA Valle Medio, en diálogo con +P.

Pero está al costado del río y tener el acceso al agua no es poca cosa. De hecho, los cultivos estrella, como el maíz (con rendimientos de 15.000-18.000 kg/ha), alfalfa o remolacha forrajera, son apenas una muestra de la potencialidad del suelo.

“Se han hecho un montón de cultivos en Negro Muerto porque como cualquier tierra de valle, son suelos heterogéneos, pero tienen mucha cantidad de suelo que es totalmente productivo”, apunta Favere.

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El trabajo de la tierra y la metalurgia son los fuertes de los menonitas.

¿Entonces, qué se podría producir?

Según la profesional del INTA, el suelo es bueno para “cualquier cultivo que se ve hoy en Alto Valle. Para cualquiera: pera, manzana, cebolla, todo lo que es hortícola, maíz, alfalfa, remolacha… lo que quieras hacer, porque los suelos tienen la misma génesis que todos los suelos que están hoy productivos en el valle”.

“Hay lugares donde tenés salinidad, lugares donde se podrá recuperar, lugares que son suelos muy salinizados, pero la realidad es que la calidad de los suelos daría para hacer cualquier tipo de cultivo”, agregó.

El suelo es bueno para sentar las bases de otro Alto Valle, pero volvemos al comienzo: al no haber energía eléctrica, no haber comunicaciones y no haber caminos, el desarrollo es casi una odisea. Resulta evidente que cualquier producción que se encare, se deberá solventar el gasto de riego con combustibles -”los hortícolas, que son intensivos en mano de obra, en capital y bancan un riego a veces sí y a veces no”-, gestionar la logística para sacar la producción en el caso de que sea a escala, y mejorar los caminos para que esa producción no llegue destruida a destino.

Escuchamos a los lugareños, escuchamos a Favere y podemos suponer que los secretos del valle que atraen a las familias de menonitas se basan en su potencial productivo. La falta de energía, de caminos o de comunicaciones no suenan como una carga tan pesada frente la calidad del suelo al costado del río, apto para casi cualquier cultivo. El verdadero secreto de Negro Muerto no es lo que tiene, sino lo que podría llegar a ser en manos de una comunidad que apuesta a domar una tierra virgen.