Bariloche

Primo Capraro: el inmigrante italiano que forjó Bariloche a pulso y madera

En 1903 llegó a un lago perdido de la cordillera. Tres décadas después, un disparo cerró la historia del empresario que lo cambió todo.

Se sabe que Primo Modesto Capraro nació en Castión, provincia de Belluno, Italia. Pero no se sabe exactamente en qué año, pudo ser en 1873, o también en 1875. También se sabe que fue uno de los doce hijos del matrimonio formado por Raimondo Capraro y Cibien María Luisa, y que forjó Bariloche.

Su formación fue, desde temprano, la de un constructor. Estudió en una escuela industrial, donde incorporó nociones de matemática y técnicas edilicias, y completó el servicio militar en Suiza, donde aprendió a levantar diques y caminos. Ese oficio marcaría el rumbo de toda su vida productiva en la Patagonia.

Foto de 1903 en la que se ve a Caparo (izquiera) y su amigo, Baratta (derecha) en una vivienda del lote pastoril número 8. Actualmente, Villa La Angostura.

Foto de 1903 en la que se ve a Caparo (izquiera) y su amigo, Baratta (derecha) en una vivienda del lote pastoril número 8. Actualmente, Villa La Angostura.

Capraro desembarcó en la región en abril de 1903, instalándose en un lote sobre el lago Correntoso, en la margen noroeste del Nahuel Huapi. La oportunidad se la había acercado un compatriota, el perito minero Federico Baratta, empleado de la Dirección de la Oficina de Tierras y Colonias, quien le propuso asociarse para adquirir un lote en la naciente Colonia Agrícola y Pastoril del Nahuel Huapi.

El primer intento del italiano no tuvo que ver con la madera, sino con el oro: exploró los lagos del sur en busca del metal, sin éxito. Fue entonces cuando reorientó su energía hacia la venta de madera para la construcción de estancias y viviendas, y montó un aserradero en la zona. A partir de allí sumó también una empresa constructora, con la que llegó a fabricar la mayor parte de las viviendas, los puentes y las carreteras de la Bariloche naciente.

El hombre de las mil facetas montó un aserradero despuees de intentar encontrar oro en las aguas patagónicas.

El hombre de las mil facetas montó un aserradero despuees de intentar encontrar oro en las aguas patagónicas.

El empresario más importante de la región

Hacia 1915, San Carlos de Bariloche contaba con 1.500 habitantes y crecía a paso firme, en gran medida impulsado por la actividad de Capraro. Dos años después, en 1917, se asoció con Santiago Roth, un empresario radicado en Peulla, Chile, propietario de hoteles, automóviles y lanchas, y juntos compraron la rama comercial de la Compañía Chile-Argentina, dedicada a la actividad agrícola, ganadera y forestal.

En paralelo, Capraro fundó la Pensión de Doña Rosa, germen de lo que con el tiempo se transformaría en el actual Hotel Correntoso, uno de los hitos turísticos de la Patagonia Norte.

Foto de 1918 en la que se ve la "Pensión de Doña Rosa", un hito en la hotelería de la zona.

Foto de 1918 en la que se ve la "Pensión de Doña Rosa", un hito en la hotelería de la zona.

El hombre de las mil caras

La influencia de Capraro excedió ampliamente los negocios. Fue vicecónsul de Italia, integrante casi ininterrumpido de la Comisión de Fomento local entre 1906 y 1930, presidente del Automóvil Club Argentino y agente de YPF.

Representó además a firmas como Ford y Fordson, Vacuum Oil Company y Pirelli, y ofició de corresponsal de los diarios La Nación y La Patria degli Italiani. Desde 1927 participó de la Sociedad de Fomento Rural de Río Negro y Neuquén, y en 1929 fue parte de la fundación de la de Bariloche.

Todos sus roles y facetas se comenzaron a apagar con la crisis económica de 1930. El estallido golpeó de lleno sus negocios y lo dejó al borde de la ruina. Las elecciones de ese año, además, le hicieron perder el control político casi absoluto que había ejercido en la región durante casi tres décadas.

Aun así, todavía tuvo tiempo de asociarse con otros empresarios locales para abrir la oficina radiotelegráfica de Villa La Angostura el 15 de mayo de 1932, fecha que se considera la fundación de esa ciudad. Poco después, el 4 de octubre de 1932, Primo Capraro se quitó la vida.

Hoy, una plaza en Villa La Angostura, una avenida y un pequeño monumento en Bariloche, junto con el colegio privado más antiguo de la ciudad, mantienen viva la memoria del inmigrante italiano que convirtió un paraje cordillerano en el corazón económico de la Patagonia Norte.

FUENTE: Una aldea de montaña, de Yayo de Mendieta; Archivo Visual Patagónico con aportes de Redacción +P.

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