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Clubes del Hogar Rural: la historia de las mujeres que también hicieron extensión en el campo

Fotos recuperan la experiencia de los Clubes del Hogar Rural, iniciativa del INTA entre 1958 y 1974, que promovió la capacitación y el liderazgo de mujeres.

La historia de la extensión rural en la Argentina también se construyó con la participación de las mujeres. A través de los Clubes del Hogar Rural, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) desarrolló una iniciativa que buscaba fortalecer los vínculos comunitarios, capacitar a las mujeres y contribuir a mejorar las condiciones de vida de las familias rurales.

Entre 1958 y 1974, el programa promovió espacios de encuentro en distintos territorios del país. Las fotografías de aquella época, recuperadas por el INTA en el marco de sus 70 años de extensión, permiten volver sobre una experiencia que vinculó el trabajo institucional con la vida cotidiana de las comunidades rurales.

La iniciativa no se limitó a transmitir conocimientos: también impulsó la participación colectiva y la organización de mujeres que, desde sus localidades, comenzaron a intervenir en cuestiones que afectaban a sus comunidades.

Capacitación y organización comunitaria

El Programa Hogar Rural nació en 1958 como una política orientada específicamente a las mujeres. A través de asesoras del área, el INTA promovía la conformación de grupos voluntarios que se reunían periódicamente para intercambiar conocimientos, identificar necesidades y desarrollar propuestas de mejora en sus hogares y comunidades.

Los temas abordados incluían aspectos vinculados con la alimentación, la higiene, la salud, la administración del hogar y las condiciones de vida en el medio rural. Sin embargo, uno de los resultados más significativos fue la posibilidad de construir redes de colaboración y fortalecer la participación de las mujeres en la vida comunitaria.

La dimensión de aquella experiencia quedó reflejada en su crecimiento. En 1959 funcionaban 40 clubes, con 677 integrantes. Para 1972, la red había alcanzado 622 clubes y reunía a unas 10.600 mujeres en diferentes puntos del país.

Una huella en la historia de la extensión

Los clubes también se convirtieron en espacios desde los cuales las participantes podían discutir y promover mejoras para sus localidades. Entre las iniciativas impulsadas figuraban propuestas relacionadas con el saneamiento, la electrificación rural, la vacunación, los caminos y las viviendas. De ese modo, la organización colectiva trascendía el ámbito doméstico y alcanzaba cuestiones centrales para el desarrollo territorial.

La experiencia, no obstante, estuvo atravesada por las concepciones de género de su tiempo. Si bien abrió oportunidades de participación y contribuyó a consolidar liderazgos femeninos, la política también estuvo marcada por una mirada que vinculaba principalmente a las mujeres con el bienestar familiar y las tareas del hogar, una tensión que las investigaciones históricas actuales permiten analizar.

Recuperar aquellas imágenes es, por eso, una manera de reconocer tanto los aportes como los límites de una etapa de la extensión rural. Las fotografías documentan encuentros, prácticas y vínculos que ayudan a comprender cómo se construyeron las relaciones entre el INTA y las comunidades.

En el marco de los 70 años de extensión, la institución vuelve sobre ese recorrido para poner en valor a quienes formaron parte de su historia. Entre ellas, las mujeres rurales que encontraron en los clubes un lugar para compartir experiencias, organizarse y participar en la transformación de sus territorios.

FUENTE: INTA Extensión con aportes de Redacción +P.

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