Cambio climático en el Valle: variabilidad regional en los costos y decisiones frutícolas

Conocer la variabilidad regional de los fenómenos climáticos del valle permite mayor asertividad en la toma de decisiones.

La humedad y las lluvias elevan el riesgo de infección en los montes frutales. 

En los valles irrigados de Río Negro y Neuquén ya se identifican claramente ciertos riesgos en el sistema productivo frutícola, asociados a los efectos del cambio climático y su incidencia sobre la variabilidad climática interanual.

Dentro de estos se mencionan: 1- Aumento en el uso de insumos para control de enfermedades y plagas emergentes. 2- Aumento de fisiopatía y pérdidas de calidad pre y postcosecha asociadas al estrés por altas temperaturas. 3- Aumento en las pérdidas de calidad y productividad por mayor ocurrencia de eventos extraordinarios tales como heladas, granizadas o lluvias. 4- Variabilidad en la disponibilidad de agua para riego y control de heladas.

Las lluvias acontecidas en lo que va de la temporada han tenido una distribución regional uniforme, pero las condiciones de mayor criticidad se evidencian en localidades hacia el este del valle. Los acumulados anuales mayores hasta la fecha han superado los 300 mm en las localidades hacia el este de los valles. En la zona centro y hacia el alto valle oeste los valores acumulados son cercanos a los 200mm (figura 1).

Los valores medios históricos anuales de este a oeste son de 330mm y 270mm respectivamente (Rodríguez A & Muñoz A; 2022 y 2019). El mes de julio marcó significativamente la diferencia en cuanto a los acumulados anuales. Pero agronómicamente las lluvias en los meses siguientes son las de relevancia al considerar el rendimiento y la calidad de la producción. Las de agosto y septiembre provocaron disminución en la ocurrencia de heladas y las de octubre superaron 4 veces la frecuencia media histórica de días con lluvias, provocando una disminución significativa en la temperatura media del aire, 3°C menos respecto al valor medio histórico.

Figura 1. Lluvias mensuales acumuladas de enero a octubre, 2026. Elaboración propia. Datos de estaciones meteorológicas de productores frutícolas.

Sin embargo, el acumulado mensual estuvo levemente superior a los promedios locales y si bien hay una recarga hídrica de los suelos y las napas no se evidencian anegamientos perjudiciales. Dentro de las localidades evaluadas, Chimpay acumuló 43 mm en octubre, Vista Alegre 38,4 mm y JJ. Gómez 32 mm (figura 2).

El DPA (Departamento provincial de aguas) en su sitio oficial menciona que se han superado en más de un 70% el acumulado de lluvia respecto del año anterior, principalmente contemplando las áreas de secano y la región sur. Estas condiciones son sumamente beneficiosas, a pesar de los inconvenientes de infraestructura, para superar el ciclo de sequia de los últimos años y beneficia a la actividad ganadera.

Figura 2. Lluvias mensuales acumuladas y temperatura media mensual de septiembre y octubre, 2026.Elaboración propia. Datos de estaciones meteorológicas de productores frutícolas.

La calidad se gesta en el campo, y tiene sus costos

Los eventos climáticos inusuales o extraordinarios para la zona como el descripto en los párrafos anteriores generan un aumento en el costo de producción. La presente temporada exigió una adecuación del plan sanitario debido al mayor riesgo de presencia y desarrollo de Pseudomonas (Bacteriosis en cerezos y otros carozos), Xantomonas (Bacteriosis del nogal) y enfermedades fúngicas ocasionadas por diversos patógenos que afectan a diferentes cultivos frutales tales como Botrytis, Cladosporium, Monilia, Venturia (Sarna), Plasmopara (Peronospora de la vid) y Oidio.

En términos medios el costo de una pulverización contempla un 86% en el valor del producto (principio activo) y el 14% restante corresponde a la mano de obra, maquinaria e infraestructura. Las ventanas de aplicación se acotan y en pocos días el productor debe tomar las mejores decisiones para conservar calidad y controlar lo mejor posible el incremento de los costos de producción.

Algunos patógenos fúngicos pueden infectar las flores de los frutales de pepita y permanecer latentes, sin causar síntomas visibles, hasta la maduración del fruto o la poscosecha, cuando las condiciones favorecen el desarrollo de la enfermedad. Las lluvias y los períodos prolongados de humedad durante la floración favorecen la infección, aunque el riesgo también depende de la temperatura, la presencia de inóculo y la susceptibilidad de cada variedad.

En la presente temporada, las abundantes precipitaciones registradas durante la floración y los primeros estadios de desarrollo del fruto podrían aumentar el riesgo de podredumbres en poscosecha. En particular, podría observarse una mayor incidencia de podredumbres asociadas a Botrytis cinerea y Cladosporium spp. en pera, y de corazón mohoso de la manzana, enfermedad asociada principalmente a Alternaria spp.

Si se registraran precipitaciones prolongadas en etapas cercanas a la cosecha, se incrementaría el riesgo de infección y desarrollo de sarna del peral (Venturia pyrina) y mancha marrón (Stemphylium vesicarium) en cultivares de peral susceptibles. Estas condiciones podrían favorecer la aparición de síntomas que, de manifestarse de forma incipiente, podrían pasar inadvertidos durante la cosecha y hacerse evidentes posteriormente en poscosecha.

La historia sanitaria del monte y la intervención en tiempo y forma para el control de estas enfermedades es primordial para un buen control. Por ejemplo, referentes técnicos en el cultivo de cerezos, nogales, almendros, vid y pepitas resaltan que la falta de inóculo en sus unidades productivas de bacteriosis del nogal, sarna y peronospora y los controles realizados en etapas tempranas desde prefloración a caída de pétalos en cerezos y pepitas con tratamientos preventivos y en algunos casos curativos, han permitido que el control en esta temporada sea efectivo y no visualizan síntomas preocupantes hasta la fecha. En el caso de Oidio se espera su desarrollo más cercano a la floración de la vid que esta algo retrasada y se estima cercana al 18 de noviembre.

En la zona de Alto Valle este y centro las características climáticas normales de temporadas previas limitan naturalmente el desarrollo de las enfermedades mencionadas. Sin embargo, en años en donde se dan focos propios de la variabilidad climática interanual, el control en el momento oportuno es fundamental para que los niveles de inóculos permanezcan en valores bajos o nulos.

La capacidad adaptativa está dada por la habilidad de un sistema para ajustarse al cambio climático y a la variabilidad, para moderar el daño potencial, aprovechar las oportunidades o hacer frente a las consecuencias. Es fundamental el acceso a la información climática predictiva, las alertas sanitarias tempranas y el conocimiento local de los productores acerca del comportamiento ecofisiológico de sus cultivos.

Los pronósticos a mediano plazo indican que el fenómeno del niño sigue potenciándose y se considera el más intenso en los últimos 50 años. El índice de calentamiento global también alcanzo un valor extraordinario de 1.4°C por encima de la temperatura media del planeta. Estos indicadores informados por la OMM (Organización Meteorológica Mundial) reafirman que continua la ocurrencia de eventos extremos. Los pronósticos trimestrales del SMN (Servicio Meteorológico Nacional) indican que Patagonia norte sigue con probabilidad de lluvias con valores por encima de lo normal para el trimestre noviembre-diciembre y enero.