"Esta fruta, ¿qué fruta será?", se preguntó cuando se encontró por primera vez con una plantación de frutillas. La curiosidad pudo más y probó una. Le gustó. Unos minutos después preguntó si necesitaban gente para cosechar. No tenía experiencia, pero sí muchas ganas de trabajar.
Su primer día de cosecha llenó apenas tres o cuatro cajitas y, sin saberlo, encontró el oficio de su vida.
Maria Isabel Sanchez
Ese primer día llenó apenas tres o cuatro cajitas. Sin saberlo, acababa de encontrar el oficio que años más tarde le permitiría construir su propio emprendimiento.
La historia de Aurora es también la de una familia que llegó desde el altiplano boliviano buscando oportunidades. Su papá había recorrido distintas provincias argentinas trabajando en el campo y en otros empleos rurales.
En 2005 se instalaron en Neuquén y él quiso emprender por su cuenta con la fabricación de ladrillos. Pero el trabajo era pesado y no había lugar para todos. Aurora y su mamá decidieron salir a buscar otras alternativas.
En 2014, sin capital, alquiló una hectárea con su hermano y pidió ayuda para obtener los plantines.
Maria Isabel Sanchez
Aprender el oficio desde abajo
Primero fue la cosecha de frutillas. Después llegaron los trabajos de clasificación de plantines, el corte de guías, la limpieza de las plantas y las tareas de mantenimiento de las chacras.
Durante nueve años trabajó como obrera rural en distintas explotaciones de la zona. Aprendió mirando, preguntando y haciendo. También conoció los tiempos de una producción que depende del clima y que obliga a estar atento a cada cambio de temperatura.
En 2014 llegó el momento de dar un paso que venía imaginando desde hacía tiempo: tener una plantación propia. No tenía capital suficiente para afrontar la inversión, pero decidió intentarlo. Alquiló junto con su hermano una hectárea y se propuso comenzar con frutillas. Le faltaban los plantines y no tenía dinero para comprarlos.
Durante nueve años aprendió el oficio desde abajo: cosecha, clasificación, corte de guías y cuidado de plantas.
Maria Isabel Sanchez
Entonces se animó a pedir ayuda a quienes habían sido sus empleadores durante años. Así, un día tomó coraje y fue decidida a hablar con Antonio Ortega a su vivero. Cuando llégo no estaba y Aurora casi se va, hasta que su hijo le dijo que se quede y espere.
Esa espera valió la pena, cuando Antonio llegó, escuchó la propuesta de Aurora y apostó por ella. Aceptó entregarle las plantas y cobrarle cuando tenga la producción. "Eso la verdad que a mí me dio una mano", recuerda Aurora. Aquella confianza fue decisiva para poner en marcha el proyecto.
Los primeros años tampoco fueron sencillos. Una cosa era cosechar y otra muy distinta hacerse cargo de una plantación. Había que conocer el suelo, el agua, los fertilizantes, los tiempos de aplicación y los cuidados sanitarios. "Uno va aprendiendo a lo que va yendo la planta, te va guiando", explica.
Las frutillas le enseñaron los tiempos del clima, el valor del trabajo diario y la importancia de no rendirse nunca.
Maria Isabel Sanchez
De a poco, el emprendimiento creció. Después de cinco años tuvo que abandonar aquella primera chacra porque el terreno iba a destinarse a un loteo y un nuevo desafío se presentó de repente.
Una vez más, Aurora se puso manos a la obra y trasladó las plantas hacia la chacra que logró alquilar. Así, comenzó una nueva etapa en el predio donde produce actualmente, donde tiene unas tres hectáreas en producción, con frutillas, moras y frambuesas.
Hoy comercializa frutillas frescas y congeladas, prepara mezclas de frutos rojos y vende en la feria de Plottier.
Maria Isabel Sanchez
Un trabajo sin domingos
La producción no termina en la cosecha. Aurora incorporó cámaras frigoríficas para conservar la fruta y evitar que lo que no consigue vender en fresco termine perdiéndose. También avanza con la habilitación de un galpón de empaque. Comercializa fruta fresca y congelada, vende en la feria de Plottier y recibe compradores mayoristas. Además, prepara mezclas de frutos rojos.
Su trabajo fue reconocido por el Estado provincial con una distinción por la implementación de buenas prácticas agrícolas (BPA), un proceso en el que recibe acompañamiento y asesoramiento técnico.
Sin embargo, cumplir con todas las pautas representa un desafío cuando se produce en una chacra alquilada: las inversiones necesarias para adecuar la infraestructura y sostener determinadas mejoras deben hacerse sobre una tierra que no es propia. Aun así, Aurora procura avanzar y cumplir con las directrices.
Las frutillas no perdonan: hay que regar de noche, cosechar en el momento exacto y limpiar después de cada lluvia.
Maria Isabel Sanchez
El campo tiene sus propias reglas y ella las conoce bien. Una lluvia prolongada puede arruinar en pocos días lo que llevó meses de trabajo. Este año, las precipitaciones afectaron buena parte de la fruta que había protegido con túneles para adelantar la cosecha. "Te daba pena porque era una fruta así grande y tenías que tirarla al piso", cuenta sobre aquellos días en los que los hongos echaron a perder parte de la producción.
No hay horarios fijos ni descanso garantizado. Hay que esperar el turno de riego, aplicar productos cuando el viento lo permite, limpiar los cuadros y cosechar en el momento justo. "Yo como productora soy, pero no tengo horario, no tengo domingo", dice. Y agrega que, si las plantas necesitan agua a las diez de la noche, allí tiene que estar.
Aquella adolescente que no conocía el nombre de la fruta hoy sabe cuándo cosecharla, cuidarla y venderla.
Maria Isabel Sanchez
Aurora tiene cuatro hijos y uno de sus mayores orgullos es su hija, que estudia Abogacía y está cerca de recibirse. No quiere que ellos tengan que atravesar los mismos sacrificios que ella. "Si puede estudiar, bueno, mejor también", dice. Quiere que puedan elegir su camino y alcanzar aquello que se propongan.
Mientras tanto, ella sigue recorriendo sus hileras de frutillas, revisando las plantas y sacando los yuyos que crecen después de cada lluvia. Aquella adolescente que llegó buscando trabajo y no conocía el nombre de la fruta hoy sabe cuándo cosecharla, cómo cuidarla y dónde venderla. Aurora Cori aprendió a hacer de cada oportunidad un comienzo.