Su vida corría peligro y no lo dudó, al otro día agarró sus cosas y emigró a General Roca donde lo esperaba una familia conocida. Con un título bajo el brazo y nada de experiencia en los sistemas productivos del Alto Valle, Di Carli se encontró con un nuevo propósito, además de rehacer su vida, el de aprender todo lo posible sobre fruticultura.
El plan B
Es un apasionado de la vida, cuando cuenta la historia de su llegada a Río Negro se emociona. Tener que irse de un día para el otro no es fácil, “aunque siempre hay que tener un plan B”, dice durante una entrevista con +P en su casa de Cipolletti en ocasión de la presentación de su libro “La fruticultura del Curu Leuvú”.
Al principio vino a la zona con la idea de jugar al básquet, ya que jugaba bien y acá tenía el contacto de Carlos “El Loco” Iglesias, de quien era amigo. A partir de esta relación, fue convocado a jugar por el Club Cipolletti y, en paralelo, entró a trabajar en la empresa Porcio Siracusa y Cía.
“El puesto que yo tenía ahí era de romaneador”, nos cuenta Héctor, una tarea que consiste en contar los cajones de fruta. “No sabía lo que era una manzana o una pera, menos las variedades… pero me fui haciendo” recuerda sobre aquellos momentos.
Con el tiempo, un conocido de apellido Zanelatto, le ofreció cambiarse a otra empresa, nada más y nada menos que a Tres Ases. “Se portaron de forma extraordinaria” asegura Di Carli sobre el trato que recibió. Allí trabajó unos 15 años y terminó como gerente. “Tuve una suerte muy grande, fue como un exilio interno”, asegura.
Otra fruticultura
A medida que Héctor se fue capacitando más sobre la producción de peras y manzanas, en la década del 80 comenzó a viajar a otros países para aprender de otras experiencias. “Cuando empezamos a salir descubrimos que había otra fruticultura”, recordó sobre aquellas épocas donde aun se producía con los montes tradicionales que se plantaban a 8 por 8.
En 1984 se fusionan Tres Ases, Gasparri y Moño Azul, con la idea de conseguir mejor precio para el transporte de fruta. En esa época fue cuando se modernizaron algunos métodos, traídos por un grupo de ingenieros agrónomos del Alto Valle de países como Chile y Estados Unidos.
“En Chile la reconversión varietal la hicieron los CEOs de las empresas con el apoyo de los ingenieros agrónomos que sabían cómo plantar y la parte técnica. En la Argentina la reconversión, acá en el Valle, la hicimos los ingenieros agrónomos convenciendo a los dueños y a los productores”, asegura Di Carli quien recordó a un grupo de unos 20 ingenieros como los impulsores de este cambio.
Algunas reflexiones
Él cree que los productores de fruta siempre tuvieron una resiliencia extraordinaria, y han manejado la fruticultura de una forma bastante financiera que ha dado resultados.
Cada época tiene sus especificidades, desde los comienzos con los ingleses y la AFD, hasta el ocaso de los pequeños productores. Cada época requiere un análisis específico en el libro de Héctor donde intenta hacer un análisis social y económico de cada periodo.
El tema de la renovación sucesoria en las empresas productivas es otro de los temas que se menciona en el libro y que Hectór describe como una problemática mundial. “El fenómeno ese de decir (a los hijos): Vos anda a estudiar, vos no tenés que hacer lo mismo que yo”, que llevá a muchos herederos a no continuar con el legado de sus padres.
“Cuando hablamos de La Resta no estamos hablando de villanos y víctimas, fue una cuestión de diseño donde el productor puso la tierra, el trabajo. Otros, como el empacador, el exportador, el Ferrocarril, y hasta el mismo Estado se quedaron con la mayor parte del resultado ", detalla el ingeniero agrónomo.
Sobre la desaparición de muchos productores, como vivimos actualmente, Héctor cree que “siempre faltó capitalización en el productor, sobre todo, más plata para hacer mejor lo que se debía hacer, producir mejor fruta y mantenerse en forma digna en la actividad”, reflexiona el escritor que también fue consultor del CFI.
Éxito o fracaso
La idea de hacer un libro de la historia de la fruticultura también vino de la mano de reflexionar sobre si la fruticultura tuvo éxito o no. “Lo que salió del sistema es todo lo que estaba en la zona gris, los productores que estaban más o menos, hoy el descarte es menor, la producción es buena. Las grandes empresas siguen existiendo y les va bien” asegura Héctor.
“El éxito es de la fruticultura concentrada, de las grandes empresas. El fracaso es del productor… todas las crisis las padecían ellos.” Por ese motivo, para Di Carli, “es el resultado de una resta”. Y en este punto recuerda el rol de las federaciones que defendieron a los productores y que no alcanzó para mitigar los embates, también acusa a la “falta de referentes fuertes”.
Todas estas reflexiones son parte del libro “La fruticultura del Curu Leuvú”, que se presentó el viernes en la Facultad de Ciencias Agrarias de Cinco Saltos y que tendrá una nueva presentación el martes 22 de septiembre a las 18.30 horas en el CPIA, Consejo Profesional de Ingenieros Agrónomos.
Hoy, desde la memoria y la experiencia acumulada durante décadas, el libro de Héctor Raúl Di Carli, busca preservar el testimonio de una actividad que transformó al territorio y la historia de cientos de hombres y mujeres que, generación tras generación, encontraron en estas tierras su forma de vida.