En 2008, el arándano argentino vivía su auge: se cultivaban cerca de 5.000 hectáreas y las exportaciones rondaban las 20.000 toneladas anuales. Hoy, en cambio, la superficie cultivada se redujo a la mitad y las exportaciones apenas alcanzan las 5.000 toneladas. “Argentina solía estar a la vanguardia, pero los problemas de financiamiento, la falta de acceso a la genética más reciente y las restricciones de propiedad intelectual nos han hecho perder competitividad”, explicó Alejandro Pannunzio, presidente de APAMA, en declaraciones a la radio Chacra Agro Continental, reproducidas por el medio especializado Fruitnet.
Este declive se atribuye principalmente a la incapacidad de modernizar la matriz productiva en comparación con otros países de la región. Mientras los competidores avanzaron en tecnificación, variedades más resistentes y campañas de promoción, Argentina quedó rezagada. Las principales zonas productoras se concentran en el Noroeste (Tucumán como epicentro) y en la Mesopotamia (Concordia como polo destacado), con presencia menor en la provincia de Buenos Aires, particularmente en las áreas de Mar del Plata y Magdalena.
Proyecciones alentadoras para 2025-2026
Pese a las dificultades, el sector proyecta una temporada más favorable. Según datos de la Cámara de Exportadores de Arándanos de Argentina (ABC), se espera que el volumen alcance los 17 millones de kilos, lo que representaría un incremento del 10 al 15% respecto al año pasado.
El presidente de ABC, Jorge Pazos, atribuyó estas expectativas a condiciones climáticas beneficiosas: “Tuvimos las horas de frío acumuladas suficientes, amplitud térmica en las zonas productivas y lluvias dentro de lo normal”. Además, resaltó que la cosecha comenzó con antelación, alrededor de 10 a 15 días antes de lo habitual.
“Sabemos que cuando es primicia es poco lo que podemos ofrecer y a veces se generan precios elevados por la escasez de fruta. Esto hace que pensemos mucho en el mercado interno. Hemos puesto mucho esfuerzo en los últimos años para consolidar el arándano como fruta de consumo masivo”, explicó Pazos, destacando el giro hacia la promoción del consumo doméstico.
Actualmente, en Argentina existen alrededor de 3.500 hectáreas destinadas a la producción de arándanos, distribuidas en Tucumán, Entre Ríos, Corrientes y Buenos Aires.
El desafío de la exportación y nuevos mercados
Históricamente, los destinos principales de las exportaciones argentinas fueron Europa, Estados Unidos y Medio Oriente. No obstante, en los últimos años se ha consolidado un trabajo estratégico en Brasil, un país donde el arándano no era de consumo habitual pero que en el último trienio ha mostrado un crecimiento sostenido. “Hemos logrado posicionar al arándano argentino con muy buena aceptación”, afirmó Pazos.
arándanos contaminados
Brasil paso a ser un mercado importante para los arándanos argentinos.
El desafío central para el sector radica en recuperar competitividad internacional frente a gigantes como Perú, que no solo ha expandido su superficie sino que además ha invertido en genética de última generación y logística eficiente para garantizar fruta fresca en destino.
Una industria en encrucijada
El arándano argentino atraviesa un momento decisivo: mientras algunos indicadores apuntan a una recuperación productiva, persisten obstáculos estructurales vinculados al acceso a financiamiento, innovación y transferencia tecnológica.
La apuesta, de cara a los próximos años, será combinar una estrategia de diversificación de mercados con un fortalecimiento del consumo interno, además de la modernización de plantaciones. Solo así el país podrá aspirar a recuperar parte del protagonismo que lo convirtió, a principios de los 2000, en un referente regional de la producción de arándanos.
Fuente: ABC con aportes de Redacción +P.