La principal explicación detrás de esta disminución está vinculada a la menor producción obtenida durante la campaña 2025/26. Distintos empresarios consultados coinciden en que las adversidades climáticas registradas en los principales valles productivos del norte de la Patagonia afectaron significativamente el volumen cosechado.
De acuerdo con estimaciones de fuentes privadas, la merma productiva habría oscilado entre el 15% y el 30% respecto de la campaña anterior. La magnitud de las pérdidas varió según la región y el grado de afectación provocado por eventos climáticos como las heladas tardías y las tormentas de granizo, fenómenos que impactaron de manera desigual sobre los montes frutales.
Una recuperación que se interrumpe
La caída registrada en 2026 adquiere mayor relevancia cuando se analiza la evolución de las exportaciones de peras durante los últimos años. Luego de tocar un piso cercano a las 198.000 toneladas en el primer semestre de 2022, las colocaciones externas iniciaron una recuperación sostenida.
A partir de ese momento, los envíos crecieron campaña tras campaña hasta alcanzar en 2025 las 252.600 toneladas, el mejor registro de los últimos años. Sin embargo, esa trayectoria ascendente se interrumpió en la presente temporada con un retroceso que devolvió los volúmenes exportados a niveles similares a los observados en años de menor actividad comercial.
De hecho, las poco más de 230.000 toneladas exportadas en el primer semestre de este año constituyen el segundo registro más bajo para este período desde 2019. Solamente aquel año mostró un desempeño inferior, cuando las ventas externas alcanzaron las 227.300 toneladas.
El comportamiento del sector confirma así la fuerte dependencia que mantiene la actividad exportadora respecto de la oferta disponible. Cuando la producción disminuye por factores climáticos, el impacto sobre los mercados internacionales suele ser inmediato.
Menores stocks en las cámaras frigoríficas
La menor cosecha no solo se refleja en las exportaciones. También comienza a evidenciarse en los niveles de fruta almacenada. Los datos oficiales muestran que los stocks de peras conservados en cámaras frigoríficas de Río Negro se ubicaron un 16% por debajo de los registrados durante el mismo período del año pasado. Asimismo, se encuentran un 7% por debajo del promedio correspondiente a las últimas cinco campañas.
Las existencias actuales alcanzan niveles comparables a los observados en 2022, un año que también estuvo marcado por una menor disponibilidad de fruta.
Este escenario genera preocupación en algunos segmentos de la cadena comercial, ya que la menor cantidad de fruta almacenada limita la capacidad de abastecimiento durante la segunda mitad del año y reduce el margen de maniobra de los exportadores para responder a eventuales aumentos de la demanda internacional.
A pesar del panorama general de caída, los datos del último mes relevado aportan una señal alentadora para el sector.
Durante junio, las exportaciones argentinas de peras totalizaron 33.500 toneladas, cifra que representa un crecimiento interanual del 2,4%. Se trata de uno de los pocos registros positivos observados durante el semestre.
De hecho, junio y enero fueron los únicos meses de la primera mitad del año en los que los volúmenes exportados superaron a los registrados en los mismos meses de la temporada anterior.
El comportamiento mensual muestra además que el pico de actividad exportadora se concentró en marzo, cuando se despacharon alrededor de 52.700 toneladas. Sin embargo, incluso ese volumen resultó inferior a los alcanzados durante marzo de 2025 y 2024, reflejando nuevamente las limitaciones impuestas por la menor oferta productiva.
Los analistas destacan que el crecimiento registrado en junio podría estar relacionado con una mayor dinámica de algunos mercados específicos y con la necesidad de cumplir compromisos comerciales previamente establecidos. No obstante, consideran que todavía es prematuro interpretar este dato como un cambio de tendencia.
Brasil consolida su liderazgo
En cuanto a los destinos de exportación, Brasil continúa afianzándose como el principal comprador de peras argentinas.
Durante el primer semestre de 2026, el mercado brasileño importó aproximadamente 88.100 toneladas, volumen que representó cerca del 38% de todas las exportaciones argentinas de pera.
La importancia de Brasil dentro de la estructura comercial del sector se ha incrementado de manera significativa durante la última década. La cercanía geográfica, las ventajas logísticas y la consolidación de relaciones comerciales han permitido que el país vecino aumente progresivamente su participación en las compras de fruta argentina.
Detrás de Brasil se ubicó Rusia, con importaciones por 44.500 toneladas, mientras que Estados Unidos ocupó el tercer lugar con 30.800 toneladas adquiridas durante los primeros seis meses del año.
La evolución histórica de los destinos muestra cambios importantes en la composición de la demanda internacional. Mientras Brasil ha incrementado su protagonismo como comprador, Rusia ha perdido participación relativa respecto de los niveles que exhibía una década atrás.
Esta transformación responde tanto a cuestiones económicas y comerciales como a cambios en las estrategias de diversificación de mercados impulsadas por las empresas exportadoras argentinas.
Perspectivas para el segundo semestre
Las expectativas para la segunda mitad del año no anticipan modificaciones sustanciales respecto de la tendencia observada hasta el momento.
Tanto exportadores como analistas coinciden en que la menor disponibilidad de fruta continuará condicionando los volúmenes de exportación durante los próximos meses. En consecuencia, todo indica que la caída registrada en el primer semestre terminará consolidándose en el balance anual de 2026.
Si bien podrían registrarse variaciones puntuales en algunos mercados de destino, el consenso del sector es que no existen elementos suficientes para esperar una recuperación significativa de los embarques antes de fin de año.
En ese contexto, Brasil mantendría su posición como principal destino de las peras argentinas, reforzando una tendencia que se viene profundizando en los últimos años. La evolución de los stocks remanentes y el comportamiento de la demanda internacional serán factores clave para determinar el cierre definitivo de una temporada que estuvo marcada, desde el inicio, por las consecuencias de una cosecha afectada por los eventos climáticos.
Con menos fruta disponible, menores stocks y exportaciones en retroceso, la actividad argentina atraviesa uno de los ciclos más complejos de los últimos años. Sin embargo, la fortaleza de mercados estratégicos como Brasil y algunos signos de recuperación observados en junio permiten mantener cierto optimismo de cara a la próxima campaña, donde la producción volverá a ser el factor determinante para recuperar el crecimiento perdido.
FUENTE: Redacción +P con aportes estadísticos del SENASA.