Los datos corresponden a la denominada cosecha teórica, un indicador que busca estimar el potencial productivo de cada campaña a partir de diferentes variables estadísticas. A diferencia de una medición basada exclusivamente en la fruta cosechada a fin de temporada, este cálculo incorpora la estimación de producción destinada al mercado interno, las exportaciones, la industria y los stocks frigoríficos existentes al cierre de junio de cada año.
La suma de estos cuatro componentes permite establecer una aproximación al volumen total generado durante la temporada y constituye una herramienta útil para analizar las tendencias productivas, aunque no representa un dato definitivo de cosecha.
Esta es la segunda evaluación que se realiza sobre la campaña 2025/26. La primera había sido elaborada utilizando información disponible al cierre del primer cuatrimestre del año, mientras que la actualización de junio ofrece un panorama más completo del comportamiento de la producción.
Un nivel de producción por debajo de los últimos años
El análisis histórico muestra que la presente campaña se ubica claramente por debajo de los niveles observados en los últimos años. El mayor volumen registrado durante el período reciente correspondió a 2019, cuando la cosecha teórica alcanzó 1.154.400 toneladas, mientras que el piso se registró en 2022, con 922.600 toneladas.
Las 984.800 toneladas estimadas para 2026 se ubican apenas por encima de ese mínimo histórico reciente y consolidan una tendencia de menor disponibilidad de fruta respecto de los valores que caracterizaron a la actividad durante la última década.
La pera continúa siendo la principal especie
Las estadísticas indican que la pera volvió a representar el mayor volumen de producción dentro del complejo frutícola regional. Durante la presente temporada se estimó una cosecha teórica de 565.500 toneladas, equivalente a cerca del 60% del total de fruta de pepita producida en la región.
Sin embargo, el desempeño también resultó inferior al de campañas anteriores. El volumen significa una caída interanual del 10,6% y un descenso del 4,8% respecto del promedio de los últimos cinco años.
La evolución histórica evidencia que la producción de peras sufrió una disminución sostenida hasta alcanzar en 2022 uno de sus niveles más bajos, con 529.500 toneladas. Posteriormente, la actividad logró una recuperación parcial que permitió volver a ubicarse alrededor de las 600.000 toneladas, aunque sin recuperar plenamente los niveles históricos.
La temporada 2025/26 volvió a mostrar un retroceso significativo y se convirtió en la segunda cosecha más baja de los últimos siete años, reflejando las dificultades que enfrenta el sector para sostener su capacidad productiva.
La manzana mantiene una elevada volatilidad
En el caso de la manzana, la producción teórica se ubicó en 419.300 toneladas, lo que representa una caída aún más pronunciada que la observada en peras.
Según las estadísticas, el volumen retrocedió 14,4% respecto de la temporada anterior y quedó 9% por debajo del promedio de los últimos cinco años.
Los especialistas atribuyen parte de esta variabilidad al fenómeno conocido como añerismo, una característica propia de muchas variedades de manzana que provoca alternancias entre campañas de alta y baja producción.
Esta condición genera importantes oscilaciones en la oferta y dificulta la estabilidad del negocio, tanto para los productores como para los distintos eslabones de la cadena comercial.
Los registros históricos muestran precisamente ese comportamiento irregular, con fuertes variaciones entre una temporada y otra, situación que complica la planificación y la posibilidad de sostener niveles de rentabilidad estables.
Exportación, el principal destino de la pera
En materia comercial, la pera continúa teniendo una marcada orientación exportadora. La mayor parte del volumen comercializado durante la temporada tuvo como destino los mercados externos, manteniéndose Latinoamérica como la región que absorbe la mayor parte de la oferta exportable proveniente del Valle de Río Negro y Neuquén.
Este comportamiento confirma la fuerte dependencia que posee el sector respecto de la demanda internacional, especialmente en un contexto donde el consumo interno continúa mostrando limitaciones.
Precisamente, el mercado doméstico sigue siendo uno de los principales desafíos para la cadena productiva de la pera. El consumo permanece debilitado, especialmente para aquella fruta que no alcanza los estándares de calidad requeridos por los mercados de exportación. Esta situación reduce las alternativas de comercialización para los productores y presiona aún más sobre los márgenes económicos del sector.
Una tendencia que preocupa al sector
Más allá de que la cosecha teórica constituye un indicador estadístico y no un dato definitivo de producción, los resultados de la campaña 2025/26 permiten observar una tendencia clara de retracción en el volumen disponible de peras y manzanas.
La caída simultánea de ambas especies, sumada a una producción total inferior tanto a la campaña pasada como al promedio de los últimos cinco años, refleja un escenario que continúa planteando desafíos para la fruticultura regional.
En el caso de la pera, la reducción consolida un proceso de menor producción observado en los últimos años, mientras que en la manzana persiste una marcada volatilidad asociada tanto a factores biológicos como productivos.
La evolución de la comercialización durante los próximos meses y el comportamiento de los mercados externos serán determinantes para evaluar el impacto económico de esta menor disponibilidad de fruta sobre toda la cadena frutícola del norte de la Patagonia.
Una metodología con matices
Cabe aclarar que la cosecha teórica es una construcción estadística que combina varios factores: la fruta comercializada en los distintos mercados (interno, exportación e industria) más los stocks consolidados en cámaras frigoríficas hasta el mes de junio. Sin embargo, existen desvíos a considerar:
-La estadística oficial no contempla la comercialización en la región patagónica al sur del río Colorado, que representa menos del 5% del mercado interno.
-Los stocks contabilizados abarcan el 80% de las cámaras en Río Negro, sin incluir las de Neuquén, cuya incidencia es menor pero no despreciable.
-El ciclo comercial de la manzana abarca de febrero/marzo a la misma fecha del año siguiente. Para efectos comparativos, los datos se cierran en diciembre de cada año calendario, lo que obliga a estandarizar la información.
En definitiva, los números no pretenden ser absolutos sino mostrar tendencias que orientan a productores, exportadores y autoridades.
FUENTE: Redacción +P con aportes estadísticos de la SEFRN y SENASA.