El riesgo también alcanza a otras enfermedades, como las provocadas por hongos de los géneros Botrytis y Cladosporium. Según explicó el especialista del INTA Jonatan Lago, las infecciones que ocurren durante la floración pueden permanecer latentes y manifestarse después como podredumbres en la etapa de poscosecha.
Las recomendaciones apuntan con particular énfasis a las variedades de pera susceptibles, entre las que se mencionan Williams y Red Bartlett.
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Lluvias y riesgos
La sarna del peral afecta hojas, flores y frutos. En las peras, puede provocar manchas oscuras y deformaciones que reducen su valor comercial. Su desarrollo depende de la combinación de humedad y temperatura, por lo que la cantidad de lluvia acumulada no es el único factor que determina la posibilidad de infección.
Para anticiparse a estos episodios, el INTA Alto Valle utiliza los registros de su red de estaciones meteorológicas y elabora boletines fitosanitarios que permiten identificar períodos de mayor riesgo en las distintas localidades de la región.
De acuerdo con Marisa Aluminé Tudela, especialista del organismo, las condiciones registradas indicaron un riesgo severo de infección por sarna en todo el Alto Valle. Las flores y las hojas jóvenes son particularmente susceptibles, y una infección durante esta etapa puede generar lesiones en los tejidos y caída prematura de las flores.
El monitoreo como clave
En variedades susceptibles, como Williams y Red Bartlett, los controles requieren especial atención, sobre todo en montes que registraron problemas sanitarios en campañas anteriores. En esos casos, los especialistas recomiendan evaluar la necesidad de tratamientos con fungicidas sistémicos entre las 48 y las 96 horas posteriores al inicio de las lluvias, de acuerdo con las indicaciones técnicas y las condiciones de uso de cada producto.
La situación exige atención inmediata de los productores, dado que el riesgo no se limita a una zona puntual: los índices severos se verifican en todo el territorio del valle.
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La vigilancia debe continuar incluso después de que mejoren las condiciones climáticas. Entre la infección y la aparición de los primeros síntomas pueden pasar entre dos y tres semanas, dependiendo de la temperatura. Por eso, el INTA recomienda realizar monitoreos de hojas y frutos jóvenes a principios de noviembre para detectar posibles daños.
A las dificultades sanitarias se suman los problemas operativos. La humedad del suelo puede impedir el ingreso de tractores y pulverizadoras a las chacras, lo que complica las tareas de protección de los cultivos cuando las condiciones exigen intervenir.
Nuevas herramientas
Frente a estas limitaciones, especialistas del INTA evalúan el uso de drones para aplicar productos fitosanitarios. Al tratarse de equipos livianos, pueden reducir el tránsito de maquinaria dentro de los montes y facilitar las intervenciones cuando el suelo no permite el ingreso de tractores convencionales.
Sin embargo, la incorporación de esta tecnología requiere comprobar la calidad de las aplicaciones y su eficacia para controlar las enfermedades, además de respetar la normativa vigente y las recomendaciones técnicas.
En este escenario, el seguimiento meteorológico y la observación frecuente de los cultivos resultan herramientas centrales para tomar decisiones oportunas. La prevención y el manejo sanitario adecuado, permiten reducir el riesgo de pérdidas y preservar la calidad de la fruta que llegará a los mercados.
FUENTE: INTA