Hasta ahí, la brecha con los cítricos y la banana es significativa, pero conocida. Lo nuevo es el tercer grupo de competidores. El ananá de Brasil entra al mercado mayorista a $2.222 por kilo; el de Ecuador, a $2.500. El mango de Brasil cotiza a $2.583. Y la palta Hass —hoy disponible desde Brasil, Perú y Jujuy— se consigue entre $2.091 y $4.000 por kilo, según origen y tamaño. En el extremo inferior de ese rango, la palta brasileña madura está más barata que la manzana elegida del Valle.
Costos reales
La diferencia de precios entre la fruta patagónica y los cítricos del NEA no es un capricho del mercado ni una distorsión de la cadena: tiene raíces en los costos de producción, aunque esos costos no explican todo.
Para la temporada 2025/2026, la Mesa de Contractualización Frutícola de Río Negro validó el informe técnico del INTA Alto Valle —elaborado por Patricia Villarreal, Gabriel Podgornik y Katherina Retamal— y estableció un costo de producción de referencia de USD 0,34 por kilo de peras y manzanas en chacra, antes de empaque, cámara frigorífica, flete y comercialización. La mano de obra representa más del 60% de ese costo, traccionado además por insumos dolarizados —agroquímicos y fertilizantes— y el peso creciente de la energía para riego. En pesos, el mismo informe del INTA traduce ese valor en $540 por kilo para manzana y $454 para pera.
En el litoral, la ecuación es radicalmente distinta. Según José Flurin, productor citrícola e integrante de la Asociación de Productores y Empacadores de Federación —entidad con base en Entre Ríos—, producir un kilo de naranja o mandarina demanda hoy entre $130 y $135 en campo. Al tipo de cambio oficial, eso equivale a unos 11 centavos de dólar por kilo: menos de un tercio del costo del Alto Valle.
Una canasta que se amplió
La apertura importadora de los últimos años modificó la composición de la oferta en el Mercado Central. Frutas que antes llegaban esporádicamente o en volúmenes menores —mango, ananá o palta de distintos orígenes— tienen hoy presencia regular en los pabellones mayoristas. Esa mayor disponibilidad baja los precios de ingreso y amplía la canasta frente a la cual compite la fruta patagónica.
La comparación es necesaria en un contexto de retracción del consumo. Como un mantra, se repite en el mundo frutero del Alto Valle una frase para explicar este fenómeno: “La fruta es un postre”. Una familia ajustada concentra sus recursos en el plato principal y relega el “lujo” de sumar una fruta al menú diario.
Cuando el poder adquisitivo de los hogares se contrae, el consumidor —y también el revendedor que abastece verdulerías y pequeños comercios— optimiza cada peso. Un kilo de mango o de ananá puede funcionar como fruta de temporada, novedad o diferenciador de mostrador, al mismo precio (o menos) que una manzana elegida del Valle.
La pera baja, la manzana se estanca
La evolución del último mes introduce otro elemento de preocupación. La pera Williams acumula una caída de entre 2% y 4% en el período, señal de una demanda que presiona sobre el precio. La manzana, en cambio, permanece sin variación mensual: estancada en un nivel que, en un mercado retractivo, implica la posibilidad de comercializar menos volumen. Pero, luego de una merma del 20% en la cosecha por granizo y heladas, falta fruta y los productores defienden su precio.
manzana MCBA 2
La ampliación de la oferta de frutas en el mercado argentino obliga a la producción regional a disputar consumidores con productos que hasta hace pocos años ocupaban nichos marginales.
La mandarina Dancy, por su parte, cayó 23% en una sola semana —sobreoferta estacional que la convierte hoy en la fruta más accesible del mercado— y la naranja Salustiana subió 13% mensual, convergiendo hacia el precio de la pera comercial y eliminando así una de las pocas ventajas comparativas que le quedaban a la fruta patagónica en el segmento bajo.
Por lo tanto, una parte importante de ese precio histórico de manzanas y peras por encima del resto de las frutas se sostuvo en la escasez relativa —producción que en parte se exportaba— y en la falta de competencia de frutas alternativas en el mercado interno. Ambas condiciones se están erosionando: las exportaciones caen y la oferta de frutas importadas crece. Eso hace que el precio alto empiece a ser cada vez más difícil de defender frente al consumidor, que hoy tiene más opciones.
FUENTE: Estadísticas del MCBA.