Ráfagas de más de 80 km/hora: el clima complica la temporada frutícola
El viento no provocó caída masiva de fruta, pero generó daños en la calidad, especialmente en peras y manzanas para mercado en fresco.
Las fuertes ráfagas de viento registrados durante los últimos días en gran parte del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, así como en sectores del Valle Medio, volvieron a poner en evidencia la vulnerabilidad de la producción frutícola frente a los eventos climáticos extremos. Con ráfagas que en algunos casos superaron los 80 kilómetros por hora entre el martes y el miércoles, el fenómeno tuvo efectos dispares sobre los montes de peras y manzanas, dependiendo principalmente del grado de protección de las explotaciones.
Conforme a una recorrida por las explotaciones realizado por +P, los vientos no provocaron daños significativos en aquellos establecimientos que cuentan con cortinas forestales de álamos. Estas barreras naturales lograron atenuar la fuerza del viento y evitar pérdidas mayores. En contraste, las chacras ubicadas contra el río y que carecen de sistemas de protección fueron las más afectadas, ya que quedaron expuestas de manera directa al impacto de las ráfagas.
En el caso de las peras, la situación presenta matices. La variedad Williams, que representa una parte importante de la producción regional, ya se encuentra prácticamente cosechada en su totalidad, por lo que no habría sufrido consecuencias relevantes. Sin embargo, otras variedades que aún permanecen en planta podrían haber registrado daños. Entre ellas se destacan la Abate Fetel y la Buerre Bosc, ambas caracterizadas por su gran tamaño y pedúnculo corto, lo que las vuelve más susceptibles a la caída ante vientos intensos. Lo mismo ocurre con la Packham's Triumph, una pera de calibres grandes que podría haber experimentado pérdidas parciales por fruta caída al suelo.
En relación con las manzanas, los testimonios de los productores coinciden en que no se registró una caída significativa de fruta como consecuencia directa de estos vientos. Aun así, el fenómeno no estuvo exento de impactos. Uno de los principales riesgos asociados es el llamado “rameado”, es decir, el golpe de la fruta contra las ramas del árbol. Este roce genera cicatrices superficiales que, si bien no afectan el volumen total de cosecha, sí deterioran la calidad del producto destinado al mercado en fresco.
Este aspecto resulta clave en un contexto donde ya se preveía una producción relativamente estable de peras, antes del fuerte granizo que afectó amplias zonas de Villa Regina durante el verano, y una merma cercana al 20% en la producción de manzanas rojas. Los eventos climáticos como los vientos intensos no necesariamente reducen la cantidad de fruta a cosechar, pero sí pueden limitar la disponibilidad de fruta de alta calidad, una condición indispensable tanto para los mercados internos como para la exportación.
Pese a este escenario, desde el sector señalan que la cosecha continuará a partir de hoy con normalidad, tanto para peras como para manzanas. En este sentido, la variedad de manzana Gala se encuentra en la etapa final de recolección y se espera que en los próximos días se complete su cosecha sin mayores inconvenientes.
El granizo de enero y una temporada marcada por la inestabilidad
Los vientos recientes se suman a un panorama climático complejo que atraviesa el Alto Valle de Río Negro y Neuquén. De acuerdo con un informe del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la región ha sido afectada por tormentas convectivas de severidad media a alta, especialmente entre fines de enero y principios de febrero. El estudio advierte que un 33% de las localidades enfrenta riesgos de severidad máxima, lo que mantiene en alerta constante a productores y organismos técnicos.
pera granizo regina 2026
El clima vuelve a jugar un rol clave en la campaña frutícola, con vientos intensos que se suman a las tormentas de granizo de enero y febrero.
Uno de los episodios más severos ocurrió el 24 de enero, cuando una manga de granizo impactó de lleno en General Enrique Godoy, Villa Regina y Villa Alberdi. Los peritajes realizados mediante placas impactométricas, como la instalada en la Escuela Agraria de Villa Regina, determinaron que los diámetros del granizo oscilaron mayormente entre los Grados 2 y 3, con impactos de entre 10 y más de 17 milímetros y una densidad superior a los 2.000 golpes por metro cuadrado. Este nivel de intensidad permitió clasificar el evento como moderado a grave.
La inestabilidad continuó el 8 de febrero con un nuevo episodio severo detectado por el Sistema Nacional de Radares Meteorológicos (SINARAME). Los núcleos convectivos identificados sobre Villa Regina, Chichinales y el Puente Valle Azul alcanzaron valores superiores a los 50 dBZ, un umbral crítico que indica lluvias muy intensas y alta probabilidad de granizo severo.
El informe del INTA remarca que la recurrencia de estas tormentas es de media a alta en la región, con un promedio histórico de entre 4 y 6 eventos por temporada, concentrados principalmente en diciembre y enero. La coincidencia de estos fenómenos con las etapas de madurez y cosecha convierte al clima en uno de los principales desafíos para la fruticultura regional, donde la tecnología, el monitoreo y las medidas de prevención resultan cada vez más determinantes para reducir pérdidas y sostener la actividad productiva.