Argentina tuvo su primer remate de reproductores Wagyu en Córdoba

El primer remate de reproductores de Wagyu en Argentina abrió una nueva etapa comercial. Por su parte, gana espacio como alternativa de alto valor en Patagonia.

La ganadería argentina sumó un capítulo inédito el pasado 21 de octubre, cuando la cabaña Don Benjamín, de la familia Romero, y Madera Dura del Norte llevaron a cabo el primer remate de reproductores Wagyu del país. La subasta se realizó en la Sociedad Rural de Río Cuarto, Córdoba, y puso en el centro de la escena a una raza de origen japonés que busca abrirse camino en un negocio de carnes premium.

Para la Patagonia, donde la diversificación ganadera convive con las producciones tradicionales, el acontecimiento tiene una lectura particular: la posibilidad de incorporar genética especializada, desarrollar cruzamientos y explorar mercados que reconocen atributos diferenciales de calidad.

En Neuquén, uno de los antecedentes más relevantes es el de la familia Agúndez, que desarrolla su rodeo Wagyu en Plottier. El médico veterinario Lucio Agúndez contó en 2024 a +P que llevaba 12 años trabajando con la raza. El emprendimiento avanzó incluso hacia la producción propia de embriones y presentó en la Expo Ganadera del Alto Valle, en Paso Córdoba, un toro de dos años con un 75% de sangre Wagyu.

El primer remate de reproductores realizado por Alfredo S. Mondino, con genética de Cabaña Don Benjamín.

Una apuesta que necesita tiempo

El primer remate nacional puso de manifiesto, precisamente, la dificultad de asignar un precio a una genética que todavía no cuenta con referencias consolidadas en las subastas argentinas. Roberto Mondino, encargado de conducir las ventas, reconoció la incertidumbre que acompañó la jornada.

“Era durísimo, era raro porque no sabíamos lo que valía”, contó en diálogo con +P. Y explicó que nunca habían acordado un precio de referencia con Gabriel Romero, titular de Don Benjamín: “No hablamos nunca con Gabriel de un precio, salimos a vender como hacemos siempre”, reconoció.

El desarrollo de esta genética exige planificación, inversión y una estrategia comercial capaz de reconocer el valor de la carne. El Wagyu se distingue por su marmoleo, es decir, la grasa intramuscular que aporta terneza, jugosidad y sabor. También puede incorporarse mediante cruzamientos con razas como Angus o Hereford.

Desarrollo a largo plazo: La consolidación del Wagyu en Argentina requiere inversión, estrategia comercial y tiempo, con experiencias locales que ya muestran su potencial.

De la genética al mercado

La subasta ofreció toros y hembras puros de pedigree y de generaciones avanzadas. Para Mondino, más allá de los valores alcanzados por cada animal, el resultado debe leerse en el contexto de un mercado que recién comienza a desarrollarse. “Hubo elegidos, hubo menos, hubo más, pero al no haber referencia, no sabemos decir, fue caro, no sé”, señaló.

El martillero también destacó el trabajo de largo plazo que permitió llegar a esta instancia. La estancia Don Benjamín, ubicada en la provincia de Buenos Aires, comenzó a desarrollar la raza en 2001, mucho antes de que existiera una demanda consolidada por reproductores Wagyu en el país.

“En un país donde todas las decisiones son cortoplacistas, hoy se vio un trabajo de 25 años”, sostuvo Mondino. Y resumió la filosofía que, a su juicio, explica estos resultados: “Todo lo que hacés con pasión, con corazón y con inversión te da resultado”.

Lucio Agúndez, el único productor neuquino de Wagyu, está en Plottier.

Sobre las perspectivas de crecimiento, el consignatario consideró que la Argentina reúne condiciones para avanzar en esta producción. “Los mercados más exigentes y más caros buscan estas carnes, y tenemos un país preparado para empezar a hacerla”, finalizó.

La experiencia local

La producción neuquina no se limita a la cría. Bajo la marca Wagyu Patagonia también se promociona carne de producción regional, con una propuesta orientada a los cortes especiales. Así, el desafío consiste en articular genética, manejo, alimentación y comercialización para transformar una producción diferenciada en un negocio sostenible.

Para los emprendimientos patagónicos, el desafío será consolidar la oferta, mejorar el acceso a genética y construir canales comerciales que remuneren la calidad. El camino todavía es incipiente, pero experiencias como la de Plottier muestran que el Wagyu ya dejó de ser una rareza para convertirse en una alternativa productiva que busca su lugar en la región.

FUENTE: Valor Agro con aportes de Redacción +P