Un concurso que llegó por las redes y se volvió proyecto familiar
La primera noticia del certamen le llegó por el teléfono. “Lo vi primero en las redes y después le pregunté a mi papá si podía anotarme. Y me dijo que sí. Así que fue como un trabajo en conjunto entre él y yo, y con mi familia”, cuenta.
El campo no le era ajeno. “Mi familia está muy involucrada en el campo. Mis papás crían caballos y yo estoy ahí también, con mi tía, ayudando”, explica. En su casa hay vacas, pero para consumo propio. Lo que el concurso le abrió fue otra mirada sobre la ganadería: la de la cabaña y la exposición.
El Concurso Tromen tiene como objetivo que los jóvenes asuman la cría como un compromiso y no como una tarea más. Foto: Gentileza.
Amansar antes que exhibir
Cuando la ternera llegó, el primer paso no tuvo nada que ver con la pista. “Lo primero que hice fue conocerla, amansarla de a poco. Ya venía mansa, pero había que sacarle las cosquillas de las patas”, relata.
Después vino la alimentación, un aprendizaje que hizo acompañada. “Gracias a Eugenia y Joaquín íbamos aprendiendo sobre la alimentación. De ahí yo la iba alimentando, y después la dejaba a pasto también”, detalla.
¿Fue mucho? “Fue ir todos los días hasta allá y estar media hora, a veces una hora, con ella. Fue demandante, pero lo disfruté”, resume.
Ganar con humildad
El trabajo tuvo premio. Y María José lo analiza con una honestidad poco habitual: “Para mí (al momento de pasar frente al jurado), estaba mal parada, así que no sé si contó eso o no”. Ella apuesta a otros factores. “Creo que capaz el pelaje, capaz cuando la iba caminando para que la viera el jurado. Y capaz también la docilidad durante la espera”, enumera.
No es un detalle menor. La docilidad de un animal en pista, rodeado de público y de otros competidores, es el resultado directo de esas horas diarias de amanse que nadie ve.
La participación en el concurso llevó a María José a preguntarse por su futuro profesional/laboral al finalizar el secundario. Foto: Gentileza.
La responsabilidad de criar un animal
Lo que más le dejó la experiencia no fue la cinta. “Aprender que hay vacas que se exponen, que se preparan para Palermo o para estas exposiciones, me hizo entender que a veces había que tomar otra responsabilidad y había que hacerse cargo, como si fuera tu hija”, reflexiona.
Esa frase condensa el objetivo que persigue el Tromen: que los jóvenes asuman la cría como un compromiso y no como una tarea más.
Un futuro que se replantea
Cuando se le pregunta si va a seguir vinculada al campo, la respuesta llega sin dudar: “Sí, sí, sí”. ¿En qué actividad? “Capaz en esta. La estoy replanteando, así que capaz que me dedico a la cabaña”.
Tres años después de su lanzamiento, el concurso de la Sociedad Rural del Neuquén tiene en María José un ejemplo de lo que busca: una chica que llegó por un posteo en las redes y hoy piensa su futuro con los pies en el campo.