Históricamente, los registros científicos ubicaban el límite de esta especie entre el sur de Brasil y la zona de Mar del Plata. En el pasado, los avistamientos en la Patagonia resultaban excepcionales y solo involucraban ejemplares aislados de gran tamaño durante picos estivales muy breves.
Sin embargo, la investigación actual demuestra una presencia estacional prolongada que ahora abarca desde octubre hasta mayo e incluso junio, superando el antiguo registro que se limitaba casi exclusivamente al mes de enero.
Evidencias de una nueva zona reproductiva
La investigación contó con la participación de especialistas del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET), el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC-CONICET) y el Instituto de Investigaciones en Producción Animal (INPA).
Durante el periodo 2023-2024, los científicos analizaron 50 individuos capturados en el Golfo Nuevo. De este total, obtuvieron datos biométricos de longitud y peso en 47 ejemplares, mientras que en 30 individuos efectuaron estudios histológicos detallados de las gónadas.
Científicos del CENPAT confirmaron actividad reproductiva inédita en aguas del Golfo Nuevo.
Los resultados de estos análisis revelaron individuos en diversas fases de desarrollo reproductivo. Los valores máximos del índice gonadosomático ocurrieron durante el mes de diciembre, hallazgo que sugiere con firmeza que el pez limón desarrolla actividad reproductiva activa en aguas patagónicas.
Este cambio en el comportamiento biológico resulta fundamental para la conservación de la especie, pues identificar las áreas de desove y asentamiento de prereclutas permite diseñar estrategias de protección específicas para estas zonas críticas.
Cambios en la estructura poblacional y el ecosistema
El aumento de la abundancia en la región comenzó a documentarse en el año 2000. Alejo Irigoyen, investigador del CESIMAR-CONICET, señaló que no solo se incrementó la cantidad de peces, sino que también varió la estructura poblacional.
La aparición de individuos de menores tallas, que se suman a los ejemplares gigantes habituales, marcó un punto de inflexión en el estudio de la especie. Este fenómeno coincide con el calentamiento regional del Atlántico Sudoccidental, un factor ambiental que influye en el desplazamiento de diversas especies hacia latitudes más frías.
El pez limón, que puede superar los 30 kilogramos de peso, cumple un rol de depredador activo alimentándose de anchoas, jureles, caballas y cefalópodos. Su relevancia económica crece impulsada por la industria del sushi, donde su carne posee una demanda similar a la del atún fresco.
En el ámbito local, este cambio biológico ya generó impactos socioeconómicos. El 11 de noviembre de 2020, se registró la primera captura masiva en Bahía Colombo, donde pescadores artesanales obtuvieron cerca de 60 ejemplares, con un peso total de 1,05 toneladas, lo cual dio inicio a una pequeña pesquería artesanal en la zona.
Hacia un manejo pesquero sustentable
Los hallazgos plantean la hipótesis de la existencia de dos stocks distintos en el Atlántico Sudoccidental. Uno se ubicaría entre los 35° y 38° de latitud sur, frente a Buenos Aires y Uruguay, mientras que el otro se concentraría alrededor de los 43° S en el Golfo Nuevo.
Las diferencias detectadas en los periodos de actividad reproductiva y en los tamaños de los ejemplares refuerzan esta posibilidad, aunque futuros estudios sobre conectividad migratoria confirmarán esta división.
Ante este escenario, los investigadores consideran imperativo implementar medidas precautorias de manejo. El objetivo consiste en proteger la sustentabilidad del recurso sin perjudicar la actividad económica. Entre las herramientas propuestas figuran el establecimiento de límites de captura, la creación de vedas temporales y la implementación de sistemas de permisos específicos. Estas acciones buscan evitar un incremento desmedido del esfuerzo pesquero y garantizar que la consolidación del pez limón en la Patagonia represente una oportunidad de desarrollo a largo plazo.