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Patagonia Norte: 48 mil kilos de fruta y verduras fresca para comedores escolares

¿Puede un comedor escolar sostener al pequeño productor? Cada mes, 48 mil kilos de fruta y verdura salen de las chacras del valle y llegan al plato.

El Programa de Comercialización de Frutas y Hortalizas, que impulsa la Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén, distribuye este año un promedio mensual de 48 mil kilogramos de alimentos frescos en comedores escolares de Cipolletti e Ingeniero Huergo. Durante el primer semestre de 2026, 33.000 kilogramos de ese volumen correspondieron a frutas y 15.000 kilogramos a hortalizas.

La iniciativa nació en 2019 a partir de una necesidad concreta de los pequeños y medianos productores frutihortícolas de la región: contar con un canal de comercialización propio. A ese objetivo se sumó un segundo propósito, el de promover una alimentación más saludable de niños y adolescentes. La Federación funciona como institución responsable y garantiza la calidad e inocuidad mediante un sistema de trazabilidad que identifica el origen de cada fruta y hortaliza, desde la chacra hasta el consumidor.

La Escuela de Educación Especial N.o 15 “Dr. Julio Bernaldo de Quirós”, de Ingeniero Huergo, recibió la producción del Valle,

En Cipolletti, el programa abastece a 36 comedores escolares que funcionan en escuelas primarias, secundarias, de modalidad laboral, centros de educación técnica y centros infantiles. En Ingeniero Huergo, 11 comedores reciben cada semana alimentos frescos de alto valor nutricional.

El origen: el Valle Medio y la escala del productor chico

Gran parte de esa mercadería proviene del Valle Medio de Río Negro. Desde Luis Beltrán, Juan Oller, presidente de la Cámara de Productores Agrícolas del Departamento Avellaneda, explica por qué el canal resulta decisivo en esa zona. Su familia llegó al país en 1950, cuando su abuelo se instaló en General Alvear, Mendoza, para dedicarse a la vid. Más tarde el grupo familiar se trasladó al Valle Medio, donde adquirió cinco hectáreas que con el tiempo llegaron a veinte. "Era todo monte", recuerda. Hoy, tercera generación de productores, los hermanos Oller trabajan sobre cincuenta hectáreas; Juan conduce dieciocho hectáreas en producción de pepita y carozo, entre ellas distintas variedades de Red Delicious.

El diagnóstico que traza resulta elocuente sobre la estructura comercial de la región: "El Valle Medio es una zona donde están quedando prácticamente las grandes empresas, los productores chicos estamos quedando pocos… no hay compradores, entonces el Valle Medio está muy acotado a dónde y a quién vender".

Para Oller, el valor del programa excede la operación de compraventa. "El verdadero espíritu del programa es que el productor pueda cubrir su costo de producción y obtener una renta razonable por su trabajo", señala, y agrega que la herramienta funciona como una política de continuidad y no como una solución de temporada. El dirigente insiste, además, en la necesidad de avanzar hacia procesos de integración y asociativismo: "Cuando muchos pequeños productores se unen, pueden lograr una escala de comercialización que individualmente sería imposible alcanzar".

Oller: “Cuando muchos pequeños productores se unen, pueden lograr una escala de comercialización que individualmente sería imposible alcanzar”.

Los datos del Anuario Estadístico 2025 del SENASA Centro Regional Patagonia Norte dimensionan ese universo. Los productores de pepita y carozo de la Patagonia Norte suman 1.427, y 1.306 de ellos desarrollan su actividad en unidades de hasta 49 hectáreas, es decir el 91,5% del total. La superficie neta de esas unidades alcanza 16.542 hectáreas sobre un total regional de 36.179 hectáreas, el 45,73% de la superficie productiva. El 54,27% restante, equivalente a 19.637 hectáreas, corresponde a 121 productores que concentran su actividad en cincuenta hectáreas o más.

El destino: cuatro turnos de comedor en Ingeniero Huergo

En el otro extremo de la cadena, la Escuela de Educación Especial N.º 15 "Dr. Julio Bernaldo de Quirós", de Ingeniero Huergo, muestra el impacto cotidiano del programa. Es la única institución de la localidad que ofrece apoyo educativo, contención e inclusión para niños y niñas con discapacidad. Su directora, Andrea Romero, precisa que asisten unos 60 estudiantes que viajan desde Colonia Fátima (Cervantes), Mainqué, Enrique Godoy y Villa Regina. En el mismo edificio funciona la Escuela de Formación Cooperativa y Laboral N.º 5, orientada a la inserción laboral de los alumnos mayores.

La logística del comedor resulta exigente. "Tenemos cuatro horarios de comedor", describe Romero: el primer turno comienza a las 11:30, el segundo a las 12:45 y el tercero a las 13.30, con los estudiantes de la escuela laboral. Un equipo de cuatro cocineros, dos por escuela, elabora el mismo menú para ambas instituciones, también en el desayuno y en la merienda. La verdura llega los lunes y el plan de cocina se organiza para agotarla antes del viernes.

La creatividad del equipo amplía el aprovechamiento del producto. Las cocineras preparan hamburguesas de legumbres, ñoquis de verdura, milhojas, tartas de manzana y compotas cuando sobra pera o manzana. "Se aprovecha todo lo que se puede", resume la directora. La escuela también atiende casos de celiaquía y diabetes, con orientación de las nutricionistas del Consejo Escolar, y brinda servicio de desayuno a unos 50 alumnos de entre 45 días y 3 años derivados del control pediátrico.