Juan, el guardián de las trenzas gauchas del Norte Neuquino

Desde Chos Malal, Juan Andrés de la Torre mantiene vivo un oficio ligado a la cultura del campo y al trabajo con los caballos. Hoy transforma cuero crudo en riendas, bozales, rebenques y piezas que rescatan la identidad de la soguería neuquina.

El oficio de soguero es parte de las tradiciones rurales del campo argentino, muy ligado a la talabartería. Estos saberes, combinan el conocimiento de los caballos y el ganado con la transmisión de ciertas prácticas que se da entre comunidades y generaciones.

Frente al uso de plásticos, las impresiones digitales y la importación masiva de productos desde oriente, el soguero mantiene las costumbres camperas artesanales, que implican ciertas destrezas en el manejo del cuero y otros materiales nobles.

“Mi abuela me enseñó la trenza de tres del pelo y ese fue el comienzo”, cuenta Juan Andrés de La Torre en una entrevista con +P. A partir de ahí, empezó a trenzar todo lo que encontraba con hilos y con cordones, hasta que empezó a trabajar con el cuero vacuno. Su oficio, hoy forma parte del acervo cultural de la provincia.

Constancia y aprendizaje autodidacta: A base de prueba, error y el clásico libro Trenzas gauchas que recibió a los seis años, el artesano perfeccionó un oficio ligado desde siempre al trabajo de campo.

Constancia y aprendizaje autodidacta: A base de prueba, error y el clásico libro Trenzas gauchas que recibió a los seis años, el artesano perfeccionó un oficio ligado desde siempre al trabajo de campo.

Tiempo y perseverancia

Juan Andrés de la Torre (39) nació en la localidad de Chos Malal, en el norte de la provincia de Neuquén, donde vive actualmente. Hizo la primaria en su localidad y para cursar el secundario en un colegio agro técnico, se trasladó a Darregueira, en la provincia de Buenos Aires.

“En todo ese transcurso siempre estuve dedicado al campo”, nos cuenta el soguero que nació con este oficio bajo el brazo por su inquietud por el trabajo artesanal. “Yo veía un cinto y quería hacer un cinto… además había que hacer lo que sea para los caballos”, recuerda.

Juan aprendió el oficio prácticamente por su cuenta, no tenía a alguien en su familia que se dedicara a estas labores. Cuando aprendió no tenía el acceso a tecnologías digitales que hay actualmente. “Era todo prueba y error”, reconoce sobre el manejo con el cuero, y asegura que el ambiente de los que saben “es muy reservado”.

Sin embargo, cuando tenía seis años, una madrina le había regalado el libro “Trenzas gauchas”, de Mario A. López Osornio, un clásico del oficio. De esa “biblia” pudo aprender algunas técnicas que le ayudaron a tener una base desde muy chico. Sin embargo, Juan asegura que lo más importante es la práctica.

Tradición que trasciende fronteras: Desde su taller en Chos Malal, el soguero elabora piezas artesanales que no solo abastecen la demanda local y nacional, sino que también han llegado a cruzar el océano hasta Francia.

Tradición que trasciende fronteras: Desde su taller en Chos Malal, el soguero elabora piezas artesanales que no solo abastecen la demanda local y nacional, sino que también han llegado a cruzar el océano hasta Francia.

Entre riendas y rebenques

Cuando Juan De la Torre terminó el secundario, volvió a Chos Malal y trajo la experiencia de los trabajos de soguero que hizo para sus compañeros en Darregueira. Una vez en Neuquén, comenzó a trabajar en el campo de su abuelo, luego pasó a otros campos. “Siempre con la soga”, logró abrir su propio taller en su casa en el pueblo y hoy tiene pedidos de todos lados.

Riendas, cabestros, lonjas, tientos, bozales, maneas, lazos, rebenques, cabezadas y estriberas son algunas de las piezas que más se trabajan en este oficio, además de distintos tipos de trenzados. Juan también elabora algo de marroquinería como cintos o carteras.

“Todo lo que sea con cuero lo puedo hacer” afirma el soguero que trabaja con cuero crudo de vaca y de potro que se usa para costurar. Sobre el cuero equino, Juan aclara que se usa el cuero de caballos que fallecieron por distintas circunstancias.

Incluso una vez llegó a trabajar un juego de soga de plata y oro muy valioso que le confió un Lonko de la zona de Añelo. Se trataba de una pieza muy antigua que significó una gran experiencia. En otra oportunidad, también hizo trabajos para Francia.

Reconocimiento a la labor artesanal: Tras años de dedicación y perseverancia, Juan Andrés fue premiado en la Exposición Rural de Junín de los Andes y representó a Neuquén con sus trenzados en la histórica Exposición Rural de Palermo.

Reconocimiento a la labor artesanal: Tras años de dedicación y perseverancia, Juan Andrés fue premiado en la Exposición Rural de Junín de los Andes y representó a Neuquén con sus trenzados en la histórica Exposición Rural de Palermo.

Patrimonio y tradición

“El cuero se expresa mejor con una humedad adecuada, y nosotros acá no la tenemos para nada” explica sobre las particularidades del clima en la zona. En algunas ocasiones debe viajar hasta la localidad donde le piden el trabajo, si se trata de un pedido grande.

Los años de experiencia lo llevaron a competir este año en la Exposición Rural de Junín de los Andes donde fue premiado. A partir de un curso que hizo en dicha localidad en el centro Piuke Kawuel, participó como expositor en la Rural de Palermo en representación de la provincia. Además, en noviembre de este año expondrá su trabajo en la Casa del Neuquén en Buenos Aires.

Para la exposición de Palermo preparó un juego de trenzado de seis que se usa en la cabeza de los caballos, “muy representativo de la zona”, asegura sobre esta tradición que podría considerarse patrimonio inmaterial.

Si bien hay una interculturalidad en el oficio, por la influencia de Chile y de Mendoza, los sogueros de la provincia han resignificado estas tradiciones. “Son logros que uno por ahí se da cuenta que no está equivocado” dice convencido y agrega que se siente atraído por representar a la provincia en estos oficios.

“Mi sueño es llegar a concursar en la Rural de Palermo y ser distinguido a nivel nacional en el Rincón de las Sogas”, finaliza. Desde aquella primera trenza que aprendió de su abuela hasta las piezas que hoy salen de su taller en Chos Malal, el camino de Juan Andrés de la Torre se construyó con paciencia, práctica y perseverancia.

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