La vulnerabilidad del chivo frente al cordero: el frío y la lluvia desprotegen a los animales recién nacidos.
La llegada de agua a la Región Sur de Río Negro se da en un momento crítico para la producción, complicando la esquila y la supervivencia de los recién nacidos.
El agua llegó a la Región Sur de Río Negro y en el campo nadie discute que hacía falta. El problema es la fecha. Y la intensidad. Se desbordaron arroyos, se abrieron cañadones en los caminos, y hasta tienen agua lagunas que llevaban años secas. También descarriló el tren y la ruta 23 se cortó cerca de Valcheta. Pero lo más perjudicial es que las lluvias están cayendo en octubre, el mes de la esquila, y justo cuando las ovejas y las chivas empiezan a parir. Esa coincidencia dejó a las comparsas sin poder trabajar, atrasó todo el calendario y abrió un lamento generalizado por la mortandad de chivos.
Carlos “Cali” Mardones, presidente de la Cooperativa Ganadera Indígena de Jacobacci, resume el sentimiento que atraviesa a decenas de ganaderos de la región: “Nunca estamos conformes, porque necesitábamos agua, pero justo nos agarró en el tiempo de parición, y ahí nos complicó la esquila”.
Para Mardones, la lluvia era lo que el sector venía pidiendo. Lo que nadie quería era que llegara en este punto de la temporada. “Esto es lo que esperábamos, pero quizás no justo en este momento de la temporada, en esta fecha”, explicó.
La diferencia, dice, se mide en días de vida de las crías. “Si a los chivos la lluvia los agarra teniendo 10, 15 días, sobreviven y después ya no pasa nada. Pero la lluvia te agarra justo en plena parición, que ahí sí se complica. Y, bueno, ahí es donde está quedando el lamento de la gente”.
Por eso se aventura a plantear el panorama que se podrá palpar para este fin de año: “La posibilidad de que haya chivos este año es poca”, advirtió el presidente de la cooperativa jacobacina. Y marcó la diferencia con los corderos: “El cordero por ahí es un poco más curtido”, y tiene más chances de sobrevida en medio de los aguaceros.
Este dirigente explicó lo que pasa por estos días en el campo: “Por ahí a la chiva la esquilan y llueve a la noche, y el animal tiene el instinto de salvarse el primero y abandona a la cría”, describió Mardones. “Si llueve y ya el chivo tiene 10 o 15 días es distinto. Pero las personas que esquilaron están complicadas, porque la lluvia al animal lo agarra muy desprotegido”.
Con los animales mojados, la esquila directamente no se puede hacer. “Si la oveja está mojada por la lluvia, para poder esquilarla hay que esperar por lo menos un día”, señaló Mardones. Su pronóstico para lo que queda de la temporada es claro: “Ahora con las lluvias, la mayoría de las ovejas van a quedar sin esquilar. Y el clima va a seguir complicado, porque probablemente para este domingo y lunes tengamos fuertes lluvias nuevamente”.
Fabricio Castañeda, representante de la Cooperativa Calibui, coincide en que el calendario se desarmó. “Sí, la verdad que sí nos complica la lluvia, porque justo estamos en el mes de esquila, que es en todo el mes de octubre, y ahora se viene atrasando todo”, dijo. Y anticipó lo que viene: “Ya se acercan las pariciones, entonces seguramente va a haber algún productor que no pueda alcanzar a esquilar, porque ya se le viene encima la parición y van a tener que esperar”.
La lluvia también frenó a quienes esquilan según detalló este dirigente: “Algunas máquinas de esquila ya pararon, porque también se les complica a las comparsas tener que llegar a un lugar, esperar algunos días a que deje de llover y no saber si van a poder esquilar o no”, explicó Castañeda.
Pero, en la Región Sur, cada traslado también es complejo: “Además son distancias grandes, entonces si una comparsa se va, después para volver lleva tiempo”, agregó.
Después de cada lluvia, además, hay que esperar que la lana se seque, y eso depende del clima, porque “si se mojan, pero después sale el sol, en una mañana ya se secan. Pero el tema es que, si está nublado y sigue la humedad, tarda. Con el sol y el vientito, se secan rápido”, detalló el representante de Calibui.
Las heladas suman otra demora, porque “es muy común que caiga una helada, y con esta humedad, capaz que ya se pierde una mañana de esquila, porque recién a las 11 de la mañana se puede trabajar”.
Los que lograron esquilar tampoco la tienen fácil. El barro complica la salida de la producción. “Por ahí hay productores que ya esquilaron, pero para llevar la lana al pueblo tienen mucha dificultad para salir, o para que entre algún camión”, contó Castañeda.
El mismo problema enfrentan las comparsas cuando tienen que moverse entre campos. “Lo mismo pasa con las comparsas de esquila, porque suelen llevar mucho peso con las prensas que cargan”.
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