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Récord histórico: Argentina lidera el consumo mundial de huevos y va por otra marca

Más barato que la carne y cada vez más presente en la mesa de los hogares, el huevo llevó a la Argentina al primer puesto del consumo mundial, aunque los productores alertan por la caída de la rentabilidad.

El jueves pasado se celebró en Buenos Aires el Día Nacional de la Avicultura, en homenaje a los suizos que fundaron, en 1857, la colonia entrerriana de San José, pionera en la producción avícola semiindustrial del país. En el marco del festejo, +P conversó con Javier Prida, presidente de la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA), que nuclea a unas 250 empresas dedicadas a la producción de huevos. El sector emplea a unas 35.000 personas, de manera directa e indirecta, y en 2025 registró una facturación cercana a los USD 2.800 millones.

En la Argentina, el consumo de huevos dio un salto durante la pandemia de Covid-19, cuando comenzaron a ofrecerse masivamente los maples de 30 unidades, envases que hasta entonces estaban destinados a distribuidores mayoristas y al canal HoReCa (hoteles, restaurantes y catering), que en ese momento permanecía compulsivamente cerrado por la cuarentena. Sin embargo, el consumo hogareño absorbió con entusiasmo la mayor oferta y ese formato de envase, compensando con creces el traspié. Hoy los maples se venden incluso en supermercados, y la Argentina se convirtió en el país con mayor consumo de huevos per cápita del mundo, de acuerdo con cifras de CAPIA: el año pasado, cada argentino consumió, en promedio, 398 huevos, 100 más que en 2021. Más aún, en 2026 esa cifra aumentaría a unos 430 huevos, con lo que cada persona estaría consumiendo 28 kilos al año.

—El consumo de huevos en el país viene creciendo fuertemente en los últimos años. ¿Planean volver a crecer este año?

—El consumo de huevos en la Argentina ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos 20 años y, en 2025, terminamos con un consumo de 398 huevos per cápita, lo que posicionó al país como el principal consumidor de huevos del mundo. Y sí, este año vamos a crecer alrededor de un 8%, si no nos fundimos antes.

—¿Este aumento de la demanda tiene que ver con la caída del consumo de carne vacuna o a qué se debe?

—Hay un poco de todo. Cuando se hacen estudios de mercado, lo primero que encuentra la gente en el huevo es que es un alimento saludable por sus atributos, y después viene el tema económico. Obviamente, cuando se les da a elegir entre distintas proteínas animales, la primera que eligen es el asado o la milanesa, es decir, la carne vacuna; después aparece el huevo.

—¿Cómo están esas relaciones de precios hoy?

—Hoy un maple de huevos, que son 2 kilos, sale aproximadamente $5.000. Frente a 1 kilo de carne para milanesas, que cuesta $15.000; un kilo de pulpa de cerdo, que vale $12.000; o supremas de pollo, que cuestan $10.000 el kilo, el huevo equivale a unos $2.500 por kilo.

La pandemia cambió para siempre la forma de comprar huevos y hoy Argentina lidera el consumo mundial. El sector celebra el récord, pero enfrenta un escenario económico cada vez más complejo.

—¿Y esas diferencias de precios hoy son mayores que en otros momentos?

—Sí. El año pasado crecimos en producción y el consumo también fue aumentando a medida que íbamos bajando el precio. Entonces, por un lado, el consumo tuvo un crecimiento orgánico, natural, pero también se expandió porque empezamos a bajar los precios.

—¿Cuánto bajaron los precios?

—En mayo del año pasado, el maple de huevos se vendía en granja a unos $5.300, en promedio, y hoy lo estamos vendiendo entre $3.300 y $3.500 en granja: el mismo maple, con un 50% de inflación en el medio.

—¿Igualmente es rentable la actividad?

—Ya no. Desde abril, en algunas zonas productivas del país, la relación costo-beneficio está en rojo: no se cubren los gastos. Obviamente, el productor se las ingenia para seguir produciendo y tratar de tener la menor pérdida posible. Pero, si se hacen bien los números, contemplando la amortización del capital, el pago total de impuestos, las tasas municipales de seguridad e higiene, Ingresos Brutos, el IVA y los empleados formalizados, hoy no se cubren los costos.

Mayor consumo hogareño

—El mercado HoReCa (hoteles, restaurantes y catering), ¿cuánto representa hoy del consumo total?

—No mueve la aguja. Representa alrededor del 14% del total.

—¿De la desaparición obligada del HoReCa durante la cuarentena quedó el consumo minorista de maples?

—Sí. Todas las grandes cadenas de supermercados ya comercializan maples y algunas incluso venden maples dobles, de dos bandejas. Este formato está teniendo bastante aceptación por parte del consumidor. En vez de comprar dos maples de 30 huevos, ahora puede comprar un solo pack de 60.

—¿Esto surgió este año, ligado a la mayor demanda?

—Exactamente. En una familia tipo, si cada integrante come dos huevos por día, están consumiendo ocho huevos diarios, por lo que un maple de 30 se termina en cuatro días. Si hacen una compra semanal en el supermercado o la verdulería, un maple no alcanza; entonces, ese maple doble cubre mejor las necesidades.

La tracción de los sub-35

—¿Hubo algún cambio cualitativo en el consumo durante este último tiempo?

—No. Lo que veo es que la franja etaria de los menores de 35 años es una gran consumidora de huevos, con un promedio superior a dos unidades diarias. En cambio, entre los mayores de 50 años hay una franja que no llega a consumir un huevo por día; tienen un consumo más moderado porque crecieron con la idea de que el huevo era malo o de que no se podían comer más de tres o cuatro por semana. A esa gente todavía hay que cambiarle esa cultura para que haga un clic. En cuanto al resto, tenemos el desafío de cuidarlos mucho porque son consumidores muy sofisticados y muchos de nuestros productores, sean o no socios de CAPIA, lamentablemente no toman conciencia de lo exigentes que son. Y así debe ser. Muchos productores deberían hacer un poco más los deberes y escuchar al consumidor.

—¿En qué sentido?

—Qué es lo que quiere, cómo lo quiere, cuándo lo quiere y por qué lo quiere. Hay productores que todavía están en otra sintonía. Se nota en el tipo de maple que usan, en que no utilizan clasificadoras, no respetan los calibres o, si hay un huevo sucio, no lo retiran. Terminan generando un producto desvalorizado. Hoy los jóvenes, si ven que les cobran un maple $5.000 y está sucio, mientras que a la vuelta pagan lo mismo por uno limpio, compran el limpio. Si está sucio, no lo consumen.

—¿Y eso no debería generar una depuración de productores?

—Se está ordenando, pero es muy difícil. Hay gente que lleva años trabajando de una determinada manera y cambiar esa metodología es complejo.

El huevo se consolidó como una de las proteínas más elegidas por los argentinos gracias a su precio y valor nutricional. CAPIA estima que el consumo volverá a crecer un 8% este año.

—¿Qué porcentaje de los productores argentinos integra CAPIA?

—Alrededor del 60% del total del país, con unas 250 empresas entre productores y proveedores.

Producción en la Patagonia

—¿Cómo está la producción en la Patagonia?

—Más allá de los golpes sanitarios que sufrió por la influenza aviar, la mayoría de los lotes ya se recuperó. Hoy la región está levemente por debajo de la producción de 2023, cuando aparecieron los brotes, y la verdad es que todo está funcionando bien. También hay un crecimiento demográfico en la Patagonia, impulsado por nuevas fuentes de trabajo que atrajeron mano de obra de otras provincias. Productivamente, la región está muy similar a 2023, con alrededor de 800.000 gallinas en postura.

—¿Eso incluye toda la Patagonia?

—Incluye principalmente el polo productivo de Río Negro, sobre la Ruta 22; el polo productivo de Confluencia, en Neuquén, y el polo productivo de Gaiman, en Chubut. El resto no mueve la aguja: son emprendimientos más domésticos, de 500 o 1.000 gallinas.

—¿Y cuántas empresas conforman esos polos productivos?

—En Río Negro hay entre tres y cuatro empresas; en Gaiman, una sola; y en el pequeño polo productivo de Confluencia, entre cuatro y cinco. Hay más, pero algunas están más flojas de papeles. Yo me refiero a las empresas que tienen toda la documentación en regla.

—¿Tienen dificultades para conseguir mano de obra?

—No, por ahora, gracias a Dios, no. El sector productor de huevos cuida bastante al empleado y mantiene un trato de cercanía. Más allá de que tenemos el mismo convenio colectivo de trabajo, en el sector del huevo no existe la conflictividad que solemos ver en los medios con el sector del pollo. Nuestras empresas son más pequeñas y el trabajo es más artesanal: quizás hay cuatro o cinco personas trabajando, mientras que en el sector del pollo suele haber cuadrillas mucho más grandes. Al trabajar con grupos reducidos, los niveles de conflictividad suelen ser menores.