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Reproducción animal: Los buenos toros no se improvisan

Matías Vattovez, veterinario especialista en Reproducción Animal, hace un repaso por la elección, recría, evaluación integral antes del servicio y manejo.

En un rodeo de cría, el toro concentra una responsabilidad reproductiva enorme. Durante unas pocas semanas tiene que localizar vacas en celo, competir con otros machos, montar, penetrar, eyacular y aportar semen de calidad suficiente para que la preñez ocurra. Por eso, antes de largarlo al servicio, no alcanza con verlo sano, bien desarrollado o con buena genética, hay que comprobar que realmente esté en condiciones de cumplir con su trabajo.

La Evaluación de Aptitud Reproductiva (EAR) debe entenderse entonces, como una herramienta de decisión. No es solamente una prueba de fertilidad, sino una estimación del potencial reproductivo del toro evaluado. Un solo macho subfértil o infértil puede comprometer una parte importante del servicio y, en determinadas condiciones, afectar la preñez de todo un rodeo.

La pregunta que conviene hacerse antes del entore no es únicamente “¿este toro está sano?”. Es otra, bastante más exigente: “¿este toro está preparado y es capaz de cumplir su función reproductiva?”.

Una revisión que mira al toro como un todo

La EAR es un proceso integral. Comienza por el examen físico y clínico, continúa con la evaluación del aparato genital, contempla el estado sanitario y la calidad seminal e incorpora una evaluación funcional de la capacidad de monta y servicio. Finalmente, toda esa información debe transformarse en una decisión práctica: apto, no apto o cuestionable.

El examen físico no es un trámite. Un toro tiene que desplazarse, buscar hembras en celo y completar la monta en un ambiente que muchas veces no se parece en nada a un corral. Aplomos, locomoción, pezuñas, condición corporal y conformación importan. También se revisan cabeza, ojos, dentición, garrones, pene, prepucio, escroto, testículos, epidídimos y cordones espermáticos, además de las glándulas anexas (vesículas seminales) mediante palpación rectal.

La Circunferencia Escrotal (CE) es uno de los datos que más información aporta sobre el desarrollo testicular y la capacidad potencial de producción espermática. Pero conviene dejar algo claro desde el principio: la CE es fundamental, pero no alcanza por sí sola para decir cuántas vacas puede preñar un toro. Para eso hay que sumar su comportamiento sexual, su capacidad de servicio y las condiciones en las que va a trabajar.

Medición de la Circunferencia Escrotal.

Medición de la Circunferencia Escrotal.

También está el componente sanitario. El toro puede ser un vehículo para introducir o diseminar enfermedades que después afectan a todo el rodeo. Por eso la evaluación reproductiva debe integrarse al plan sanitario del establecimiento y contemplar, de acuerdo con la situación epidemiológica y la normativa vigente, enfermedades como Brucelosis, Tuberculosis, Campylobacteriosis y Trichomoniasis, por nombrar las básicas.

Y hay otra cuestión que no se puede ver a simple vista. Un toro físicamente apto puede producir semen de pobre calidad. El examen seminal aporta información sobre el eyaculado que el aspecto exterior del animal no permite conocer: volumen, concentración, motilidad y morfología de los espermatozoides son parte de esa evaluación.

La aptitud física y la calidad seminal son necesarias, pero todavía falta una pieza: la función. Un toro puede tener buenos testículos y semen aceptable y, sin embargo, no completar correctamente el servicio. La libido, la capacidad de localizar y montar una hembra, la protrusión y erección peneana, la penetración y la eyaculación forman parte de la habilidad copulatoria.

En este punto conviene diferenciar dos conceptos. La Habilidad de Monta o Copulatoria es cualitativa: busca determinar si el toro puede completar correctamente el servicio. La Capacidad de Servicio (CS), en cambio, es cuantitativa: mide cuántos servicios completos puede realizar en un período determinado de tiempo y en determinadas condiciones. Son herramientas complementarias y ayudan a entender por qué dos toros que pasan una revisación clínica pueden tene

Raspaje prepucial para la toma de muestras destinadas al diagnóstico de enfermedades venéreas.

Raspaje prepucial para la toma de muestras destinadas al diagnóstico de enfermedades venéreas.

El toro se empieza a preparar mucho antes del servicio

Cuando hablamos de preparación reproductiva solemos pensar en los meses previos al entore. Pero para el torito joven, una parte importante de la historia se juega bastante antes. La recría, y especialmente el primer invierno de vida después del destete, es una etapa crítica para sostener el crecimiento, el desarrollo corporal y el desarrollo testicular sin caer en ninguno de los dos extremos: la desnutrición o el exceso de alimentación.

Si faltan nutrientes, el crecimiento se puede frenar y el animal puede llegar al pre-servicio con un desarrollo inferior al esperado. En el otro extremo, una recría excesivamente energética que lleve a un animal demasiado engrasado tampoco es deseable; el exceso de grasa, incluida la grasa escrotal, puede perjudicar la termorregulación testicular. El objetivo no es “engordar” al torito, sino permitir que demuestre su desarrollo potencial.

Obtención de una muestra para evaluación seminal.

Obtención de una muestra para evaluación seminal.

Por eso la recría debe sostenerse sobre una oferta de forraje de calidad, con proteína y energía acordes con la etapa, minerales y vitaminas según los requerimientos y un seguimiento periódico de peso y condición corporal. Cuando el invierno o la disponibilidad forrajera no alcanzan, la suplementación deja de ser un lujo y pasa a ser una herramienta de manejo necesaria. El seguimiento también debería contemplar el desarrollo testicular, los aplomos, las pezuñas y la locomoción.

Hay una idea sencilla que vale la pena recordar: el toro joven no es un toro adulto pequeño. Todavía está creciendo y debe llegar al servicio con desarrollo, condición corporal y aparato reproductor a la altura del trabajo que se le va a exigir.

Elegir el toro que pueda trabajar en nuestros sistema de producción

La genética y el biotipo tampoco deberían elegirse siguiendo una receta universal. No existe un tamaño corporal (frame) ni una línea genética que funcione de la misma manera en todos los ambientes y sistemas de producción. Un toro puede tener excelentes antecedentes productivos y, sin embargo, no ser el reproductor más conveniente para un campo determinado si no puede adaptarse a sus condiciones ambientales, nutricionales, sanitarias y de manejo.

En sistemas extensivos y exigentes, como muchos de los que existen en Patagonia, la adaptación y la funcionalidad deben pesar tanto como el potencial productivo. Elegir un toro es elegir también el tipo de animal que deberá caminar largas distancias por terreno quebrado, buscar vacas en celo, soportar determinadas condiciones climáticas y alimentarse con los recursos realmente disponibles. La fórmula magistral, en este caso, no existe: hay que mirar el sistema antes de mirar el catálogo.

La fertilidad tampoco debería quedar relegada frente a caracteres de conformación o crecimiento. La Circunferencia Escrotal es un criterio de selección útil y, además de su relación con el desarrollo sexual del macho, tiene interés como indicador asociado a la precocidad sexual de sus crías, tanto machos como hembras. La docilidad es otro criterio práctico: un toro arisco o difícil de manejar aumenta los riesgos para las personas, otros animales y las instalaciones, y puede complicar toda la operatoria del establecimiento.

Y cuando se compran toros provenientes de cabañas, remates o sistemas de alimentación intensiva, conviene no olvidar la adaptación. Un animal que llega muy preparado y con un nivel nutricional diferente puede necesitar tiempo para adaptarse al nuevo ambiente y a una alimentación pastoril. Un cambio brusco puede traducirse en pérdida de condición corporal, estrés o menor capacidad de trabajo justo cuando más se lo necesita.

Evaluación microscópica de la muestra seminal.

Evaluación microscópica de la muestra seminal.

No todos los toros son iguales

Una de las preguntas más frecuentes antes del servicio es cuántas vacas se pueden asignar a cada toro. La respuesta no debería ser un porcentaje aprendido de memoria o asignado por tradición o costumbre. El Potencial de Entore (PE) se refiere a la cantidad de vientres ciclando durante 21 días que pueden asignarse a un toro para obtener buenos resultados de preñez, tomando como referencia un promedio de concepción de alrededor del 70%, que es lo que normalmente y en promedio preñan la mayoría de los toros durante un celo de los vientres. Para estimarlo hay que integrar, como mínimo, el tamaño o volumen testicular expresado por la Circunferencia Escrotal, la Capacidad de Servicio y las condiciones del ambiente.

Estos números son ejemplos de manejo, no garantías individuales. Un toro con 30 cm de CE y baja Capacidad de Servicio puede cubrir alrededor de 40 vacas en un cuadro pequeño y cerrado, pero en condiciones de Cordillera la asignación planteada es cercana a 20. En cambio, un toro con 34 cm de CE y muy alta Capacidad de Servicio puede llegar a cubrir alrededor de 80 vacas en un cuadro pequeño y cerrado, y unas 40 en un campo abierto. La diferencia no la explica un solo número: la explica el conjunto de características del toro y del ambiente.

Por eso la CE no define sola el Potencial de Entore. La Capacidad de Servicio y el comportamiento sexual deben incorporarse a la decisión, junto con la edad, la condición corporal y el ambiente. La EAR estima potencial reproductivo; la comprobación definitiva de fertilidad a campo sería la evaluación del desempeño del toro con hembras fértiles y cíclicas durante 21 días promedio (un celo), algo que no constituye una práctica rutinaria en los establecimientos.

¿Cuántos toros hay que usar?

Tampoco existe una relación toro-vaca que pueda trasladarse automáticamente de un establecimiento a otro. El porcentaje de toros debe definirse de acuerdo con el sistema de producción, el ambiente y la calidad de los reproductores. Esto adquiere especial importancia en Patagonia, donde los ambientes cordilleranos y los campos extensos presentan distancias, relieve y una distribución de las vacas que pueden hacer más exigente el trabajo de los toros.

Como referencia práctica, utilizar alrededor del 1,5% de toros puede ser suficiente en cuadros pequeños y cerrados cuando se trabaja con animales de alta Capacidad de Servicio y correctamente evaluados. En campos de Cordillera, en cambio, se plantea como referencia el uso del 5% con toros probados, una proporción tradicional y conservadora. La idea central no es memorizar ninguno de esos porcentajes: es entender que no conviene trasladar automáticamente una relación utilizada en otra región o en otro establecimiento. Con toros aptos y fértiles, superar rutinariamente el 5% no se justificaría; pero el número final debe surgir del potencial de los animales y de las condiciones reales del campo.

El servicio también se maneja

La evaluación pre-servicio es una fotografía del potencial del Toro en ese momento. Una vez que los reproductores entran a servicio, la historia continúa. Durante el entore pueden aparecer lesiones, rengueras, pérdida de condición corporal o problemas de dominancia. Por eso conviene observar periódicamente qué están haciendo los toros y no esperar al Tacto para descubrir que alguno dejó de trabajar.

Hay, además, una recomendación de manejo sencilla que suele pasarse por alto: no rotar los toros durante el servicio si no existe una razón que realmente lo justifique. Los machos que trabajan juntos establecen un orden social y jerárquico. Cuando se retiran y reemplazan animales, ese orden debe volver a formarse y aumenta la competencia y peleas entre ellos. Esto puede distraerlos de la búsqueda y servicio de las vacas. Lo recomendable es armar los grupos antes de comenzar el entore y mantenerlos hasta su finalización. Si un toro se lesiona o falla, entonces sí corresponde reemplazarlo, pero como respuesta a una necesidad concreta y no como una rutina.

 El objetivo de revisar antes no es acumular información: es tener tiempo para actuar con la información obtenida.

El objetivo de revisar antes no es acumular información: es tener tiempo para actuar con la información obtenida.

No llegar sobre la fecha

Idealmente, la EAR debería realizarse como mínimo con 60 a 90 días de anticipación del comienzo del servicio. Este margen permite recuperar animales con lesiones o enfermedades, completar estudios sanitarios cuando corresponda, repetir una evaluación si es necesario, refugar toros infértiles/ súbfertiles y, sobre todo, conseguir reemplazos sin tomar decisiones apresuradas. El objetivo de revisar antes no es acumular información: es tener tiempo para actuar con la información obtenida.

Antes de largar los toros, vale la pena hacerse una última pregunta: ¿Tenemos identificados los animales, conocemos su CE, evaluamos su semen, revisamos su capacidad de monta, están al día con el plan sanitario y tienen condición corporal y locomoción adecuadas? Y una más: ¿la relación toro-vaca fue definida según la categoría y potencial reproductivo de los animales y el ambiente, y tenemos alguna reserva prevista para una contingencia?

“Detectar un toro con problemas antes de largarlo con las vacas permite tomar decisiones. Detectarlo cuando terminó el servicio… ya es demasiado tarde”

En definitiva, un buen resultado reproductivo no empieza el día que se entora. Empieza mucho antes: cuando se decide qué genética y qué biotipo necesita el sistema, cuando se recría correctamente al torito durante su primer invierno, cuando se evalúa al reproductor de manera integral y cuando se define una relación toro-vaca acorde con su potencial y con el ambiente. Después, durante el servicio, hay que dejar que los Toros trabajen y monitorearlos. Porque un buen Toro no improvisa: se elige, se prepara, se evalúa y se maneja.

Sobre el autor

Veterinario, especializado en Reproducción Animal y Mejoramiento Genético. Desarrolla actividades profesionales vinculadas con diagnóstico reproductivo, evaluación de reproductores, Inseminación Artificial y biotecnologías reproductivas en Bovinos, Ovinos, Caprinos y Equinos. Es Instructor del Centro de Formación Profesional Agropecuaria (CFPA) Nº 4 de Aluminé, Prov. del Neuquén.

FUENTE: Artía, L. (2021). Aspectos prácticos de la evaluación andrológica de toros y del manejo del entore en el Uruguay. XLVIII Jornadas Uruguayas de Buiatría, pp. 117–125. García Pintos, L. (2004). Revisión de toros pre-servicio, una obligación. Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Uruguay. Tríbulo, H. E., Alonso, N., Bó, G. A., Brogliatti, G. M., Caccia, M. y Carcedo, J. (2011). Capacidad Reproductiva del Toro. Instituto de Reproducción Animal Córdoba (IRAC), Córdoba, Argentina. Vattovez, M. (2024). Selección y Revisación anual Pre-Servicio de Toros. Presentación técnica. Witt, A. (2016). Toros y Entore. Revista Taurus N.º 70, pp. 27–29. Witt, A. C. (1990). Evaluación de la capacidad reproductiva del toro. Fleckvieh-Simmental 7(47): 24–32.

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