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Tres millones de pesos por un gallo: Todo por el consumo récord de pollos y huevos

Un gallo Plymouth Rock Barrada de Santa Rosa se vendió a $3.020.000 en Bolívar, quintuplicando el récord. Refleja el gran momento de la avicultura argentina.

En la pista de aves de la Expo de la Sociedad Rural de Bolívar, en la provincia de Buenos Aires, el martillo bajó sobre una cifra que nadie en el ambiente tenía registrada: $3.020.000. No era un toro ni un reproductor equino. Era un gallo. Un ejemplar barrado grueso —el que en el campo todos llaman "bataraz"— de la raza Plymouth Rock Barrada, salido de la cabaña Sussex Gallinas, de Santa Rosa, La Pampa.

La propia cabaña lo presentó como el gallo más caro de la Argentina. La noticia circuló rápido por los medios agropecuarios, entre ellos el programa radial y televisivo Aire Agro, y dejó una pregunta flotando en cada comentario: ¿cómo se llega a pagar semejante precio por un ave de corral?

Darío Rosignolo, propietario de Sussex Gallinas, puso la cifra en perspectiva ante el medio local En boca de todos: el año pasado, en Bahía Blanca, otro ejemplar se había vendido a $580.000, y ese valor funcionaba hasta ahora como la referencia de precio máximo. El gallo de Bolívar lo superó 5,2 veces.

La distancia es todavía mayor si se mira el mercado habitual. Los ejemplares seleccionados de cabañas de prestigio, como la pampeana, suelen comercializarse en torno a los $400.000. El bataraz campeón se pagó 7,5 veces ese valor.

Un bataraz pampeano se vende 5 veces más caro que el anterior máximo.

No se compró un ave: se compró una descendencia

La explicación que dan los criadores y especialistas del sector descansa en tres pilares: la exclusividad genética, el prestigio de la cabaña y la dinámica competitiva de un remate en vivo, donde dos o más interesados pueden empujar el precio muy por encima de cualquier referencia.

El primero es el decisivo. El ejemplar posee una línea genética purísima de Plymouth Rock Barrada, una raza muy buscada en la avicultura por ser de "doble propósito": rinde tanto en carne como en producción de huevos, y tiene una altísima adaptabilidad. Llegar a un animal con esas características fenotípicas lleva años de selección minuciosa dentro de la cabaña.

Por eso, quien pagó los tres millones no lo hizo pensando en la olla. Lo hizo como inversión. Un gallo de ese nivel se usa como padrillo, reproductor estrella de otros criaderos, para mejorar de forma radical toda su descendencia y vender luego pollitos o huevos fértiles a un valor mucho más alto. A eso se suma un capital menos tangible: adquirir al gran campeón de una expo, y hacerlo a precio récord, otorga visibilidad y prestigio dentro del nicho de criadores de aves de exposición.

Argentina ya come más pollo que carne vacuna.

El país que cambió el asado por el pollo

El remate de Bolívar ocurre en un contexto que le da otra escala al valor de la genética aviar: la Argentina ya no es el país donde prevalece la carne vacuna como hace un siglo.

En la década del 80, cada argentino comía unos 6 kilos de pollo por año. En 2000 el consumo había trepado a 26,6 kilos. En 2025 llegó a 49,4 kilos por habitante, el nivel más alto registrado, según el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA). Ese año la industria produjo 2,47 millones de toneladas y faenó 750 millones de aves en frigoríficos habilitados por el Senasa. Entre Ríos y Buenos Aires concentran más del 90% del procesamiento.

Del otro lado del mostrador, la carne vacuna retrocede. Según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA), el consumo se ubicó en abril de 2026 en 47,3 kilos por habitante al año, una caída del 3,7% interanual y uno de los niveles más bajos en dos décadas.

La comparación exige una salvedad: la cifra aviar corresponde al año 2025 y la vacuna al promedio anual medido a abril de 2026. Aun así, el cruce es claro y el sector lo celebró como un hito: por primera vez, el pollo es la carne más consumida por los argentinos.

Para la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), el desplazamiento responde a la inflación y a los cambios en los precios relativos de los alimentos, que empujaron a los hogares hacia las proteínas más baratas. El cerdo también ganó terreno: llego 19,3 kilos por habitante, un 80% más que hace una década.

Casi 400 huevos por persona: el país que más consume en la región.

Casi 400 huevos por habitante

Si el pollo muestra el cambio, el huevo lo exhibe con más fuerza. Según la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA), el consumo anual pasó de 363 a 398 huevos por habitante en 2025, un salto de casi 10%. La producción ronda los 19.000 millones de unidades anuales, con 62,7 millones de aves en postura.

La curva de largo plazo es elocuente. En 1990 el consumo rondaba los 130 a 140 huevos por persona y la producción, unos 4.000 millones de unidades. En 2000 eran cerca de 155 huevos; en 2010, unos 220, tras una década de expansión traccionada por la tecnología y la industrialización. En 35 años, el consumo por habitante casi se triplicó.

¿Es la Argentina el mayor consumidor de huevos del mundo? CAPIA lo afirma, y así lo replicaron varios medios. El ranking que respalda la posición, elaborado por el Instituto Latinoamericano del Huevo (ILH), es de alcance regional: ubica a la Argentina primera, por delante de México (392 huevos por habitante), Colombia (365), República Dominicana (319) y Guatemala (289), con un promedio latinoamericano de 304. Que el país supere a México —durante años señalado como el líder mundial en consumo per cápita— sostiene la afirmación.

49,4 kilos de pollo por habitante: el nuevo rey de la mesa.

Dos aviculturas que corren en paralelo

Conviene no confundir los planos. El pollo que llega a la góndola y el maple de 30 que se vende en el almacén provienen, en su enorme mayoría, de la avicultura industrial, que trabaja con líneas híbridas comerciales especializadas: unas para carne, otras para postura. El Plymouth Rock Barrada juega en otro circuito: el de las razas puras, las granjas, los pequeños productores, los huevos de campo y las exposiciones.

Pero ese circuito no es ajeno al fenómeno. Un país que come casi 400 huevos y casi 50 kilos de pollo por persona al año es también un país donde crece el interés por criar aves, por la gallina de doble propósito que da huevos y carne en el patio de la chacra, y por la genética que asegura ese rendimiento. En ese mercado, un bataraz de línea pura y con banda de campeón vale mucho más que su peso.

FUENTE: Redacción +P