El proyecto nació en 2015 como parte de un plan agrícola nacional más amplio, pero su ejecución quedó en manos de la agencia Futuro de Egipto, que logró resultados donde otras iniciativas fracasaron. Ese éxito temprano llevó a que, mediante decreto presidencial, la agencia fuera elevada a la categoría de entidad estatal soberana, bajo el nombre de Autoridad Futuro de Egipto para el Desarrollo Sostenible.
Según el análisis recogido por El País, detrás de estos resultados hay una estructura con poca burocracia, planificación meticulosa y disciplina de corte militar, combinada con la participación de expertos civiles y vínculos estrechos con el sector privado.
Ingeniería hídrica a gran escala
Cultivar tierra desértica exige resolver primero el problema del agua. El sistema de riego del Nuevo Delta está diseñado para distribuir alrededor de 10 millones de metros cúbicos diarios, obtenidos de acuíferos, agua tratada y el propio Nilo. La infraestructura construida incluye casi 700 kilómetros de canales abiertos, una red de tuberías de aproximadamente 9.200 kilómetros y 28 estaciones de bombeo.
Comparación satelital muestra la expansión agrícola del Nuevo Delta entre 2015 y 2026.
El general Essam Wally, director de ingeniería de Futuro de Egipto, explicó a El País que parte de la estrategia consiste en reutilizar agua residual que antes terminaba en el Mediterráneo, desviando caudal del Nilo que se perdía en el mar. La inversión total en el proyecto asciende, según cifras de la propia agencia, a unos 14.000 millones de euros.
Un modelo sin pequeños agricultores
El crecimiento de Futuro de Egipto ha ido más allá de la agricultura, extendiéndose a la ganadería, la acuicultura, la importación de trigo, la logística, el desarrollo inmobiliario, el turismo y la minería. La agencia aspira a cultivar cerca de la mitad de las tierras del país hacia 2027.
Sin embargo, especialistas consultados por El País advierten que este modelo consolida un esquema centralizado y opaco. La periodista Nada Arafat señaló que resulta muy difícil evaluar el desempeño de la agencia por la falta de transparencia sobre su presupuesto, sus contratos y sus mecanismos de rendición de cuentas.
Además, el proyecto no está pensado para los pequeños productores. El primer ministro egipcio, Mostafa Madbouly, habría reconocido abiertamente que la prioridad es evitar la fragmentación histórica de las tierras del delta del Nilo, lo que en la práctica deja fuera del nuevo modelo a los agricultores de pequeña escala, quienes siguen enfrentando problemas estructurales como el acceso limitado a fertilizantes subvencionados y la creciente presión del cambio climático.
FUENTE: El País con aporets de Redacción +P