Inversiones en Argentina: el diagnóstico común que dejó la cumbre de AmCham
Empresarios, gobernadores y funcionarios coincidieron en los problemas estructurales, pero también en la urgencia de resolverlos.
Impuestos e infraestructura fueron las cuestiones más abordadas en la mega reunión anual que AmCham, la cámara que nuclea a las empresas con capitales estadounidenses que están en la Argentina.
Pero en el multitudinario encuentro del Centro de Convenciones quedaron en claro varias cuestiones y, entre ellas, que las coincidencias son muchas más que las diferencias (al menos, en público). Es que tanto los hombres de negocios como los gobernadores que actuaron en la jornada coincidieron con los funcionarios nacionales que también fueron oradores, desde el canciller Pablo Quirno hasta el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, incluyendo al de Salud, Mario Lugones; el de Interior, Diego Santilli; y también la infrecuente presencia del titular de Agricultura, Sergio Iraeta, lo cual, obviamente, no sorprendió, ya que la agroindustria sigue siendo el principal sector exportador de la Argentina y el de mayor peso geográfico por su distribución en todas las provincias.
Tanto fue así que ambos rubros (energía-minería y agroindustria) absorbieron buena parte del día, aunque casi todos los temas fueron abordados.
Reclamos cruzados y urgencias estructurales
Pero si los inversores reclaman, los gobernadores reclaman y las autoridades nacionales reconocen los ajustes que aún faltan y los “pendientes” que todavía arrastra el Gobierno, entonces, ¿Cuál es el quid de la cuestión?
En primer lugar, que las soluciones se necesitan “ya”, lo cual es imposible porque la mayoría requieren tiempo y porque tampoco existen los recursos económicos suficientes.
La segunda gran cuestión es que, en general, se “exige” lo que debe hacer el otro, pero no se ejecuta lo propio con la misma premura.
El caso más emblemático y mediático es Vaca Muerta, ya en marcha, con un gran potencial, pero falta infraestructura de ferrocarriles, puertos, caminos, más comunicaciones, más urbanización para el personal, mano de obra calificada, etc., etc., etc.
Ni siquiera se pueden controlar los precios debido a la gran demanda y a la escasa logística, ni los conflictos sociales que provoca un aluvión de gente de distintas extracciones, orígenes y hasta expectativas en lugares donde no había nada ni nadie. Salvando las distancias, una especie de “fiebre del oro” de los EE.UU., a la argentina.
Y, a su forma, así lo reconocieron los gobernadores Alberto Weretilneck (Río Negro), Alfredo Cornejo (Mendoza), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Claudio Poggi (San Luis), Leandro Zdero (Chaco) o Raúl Jalil (Catamarca), aun con realidades y políticas completamente distintas.
La mayoría destacó la baja de gastos públicos en sus provincias y de impuestos como Ingresos Brutos o Sellos, y también de tasas municipales, que desvelan tanto a los inversores del exterior como a los locales.
Igual, coincidieron en que se necesita una profunda reforma fiscal (nacional) que elimine gravámenes que pesan sobre la producción para que pueda crecer la actividad privada.
Y también reconocieron la “devolución de potestades” a las provincias (manejo de recursos, etc.) como un nuevo fortalecimiento del federalismo.
A medida que transcurrían las exposiciones, la calma iba aumentando, aun cuando la ex titular de Seguridad y ahora senadora, Patricia Bullrich, “los mandó a hacer los deberes”.
“Hagan sindicatos por empresas”, “la modernización laboral ahora está en manos de las empresas y es para mejorar la productividad”, o “háganse dueños de las leyes, usen el FAL (Fondo de Asistencia Laboral)”, fueron solo algunas de las consignas que la legisladora dejó a los hombres de negocios, entre los que se contaban representantes de 3M, Amazon Web Services, Cargill Argentina, Citibank, Chevron, Grupo Newsan, J.P. Morgan, Johnson & Johnson, Newmont, Pan American Energy, Roche Pharma o Corteva Cono Sur, entre otros muchos.
Señales institucionales y expectativas del mercado
Pero, sin duda, la presencia del titular de la Suprema Corte de Justicia, Horacio Rosatti, fue uno de los momentos más altos del día, en especial para los estadounidenses que aún ven en los temas de la Constitución y legales (patentes, propiedad intelectual, propiedad privada, etc.) un punto de debilidad para las inversiones en la Argentina.
Por eso, y considerando el “estilo” que deben adoptar los ministros de la Corte Suprema, y más aún su presidente (aunque el mensaje pareció estar dirigido también a varios frentes locales), Rosatti fue muy cuidadoso con sus palabras, pero enfático y efectivo cuando afirmó que “la seguridad jurídica es de todos”, que “el Poder Judicial es independiente” y que “el acatamiento de las decisiones de la CSJN (Corte Suprema de Justicia de la Nación) es obligatorio e importante para darle previsibilidad a las decisiones de inversión”.
Sin embargo, el plato fuerte del día, y lo que los asistentes esperaban, vino de la mano del propio presidente de la República, Javier Milei, justo en el día en que también se conoció la inflación récord de los últimos meses. Y también aquí, no solo el jefe del Ejecutivo fue “cuidadoso” con sus palabras, sino además particularmente “medido” en sus expresiones, lo que no le restó —al contrario— contundencia a las afirmaciones, lo que pareció gustar a la gente de empresas y despejar más de una duda.
Pero si esto es importante para los de afuera, lo es más todavía para los locales que, hasta ahora, soportan el grueso del peso de los lineamientos oficiales (y hacen las inversiones productivas).
De ahí que cobraran particular importancia frases como:
*La inflación, de ahora en adelante, va a bajar;
*La política monetaria no cambió y en el largo plazo es convergente;
*La demanda de dinero va a crecer;
*Si fuera cierto que generar inflación equivale a crecimiento, Argentina debería ser una potencia;
*El camino de la inflación lleva al infierno;
*La motosierra no se detiene;
*Vamos a seguir bajando impuestos, que son un robo;
*No vamos a ceder en seguir desregulando;
*No vinimos a eternizarnos en el poder. Después la gente podrá elegir si quiere más liberalismo;
*Si fuera un cínico o un maquiavélico, debería seguir abrazado a la ortodoxia.
“Si el Gobierno logra avanzar en este planteo, las inversiones se van a multiplicar”, fue la síntesis de un asistente mientras se retiraba.
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