O, tal vez, es la conjunción de todos ellos.
La cuestión es que los ojos del mundo se vuelcan hacia la subdesarrollada, hasta ahora, Latinoamérica y, dentro de ella, el Mercosur parece tener un rol de liderazgo encabezado por Brasil, no solo por su tamaño continental, sino también por el atraso en el que incurrió la Argentina con sus décadas de estancamiento/retroceso económico.
¿Es la hora del Hemisferio sur?, ¿o del eje norte -sur con una América cohesionada desde Alaska hasta la Antártida?
En cualquier caso, América del Sur es una de las regiones con más posibilidades de crecimiento, con menos conflictos estructurales, menor polución y daño ambiental “pesado”, y con menos enfrentamientos étnicos, lo que no constituye un tema menor.
Y ahí surge la disyuntiva para el país. ¿Qué modelo seguir para salir del estancamiento?, ¿es el caso Brasil, con su espectacular crecimiento productivo de las últimas décadas, extrapolable a la Argentina?
Sin duda es atractivo a la luz del éxito que consiguió al transformarse en uno de los primeros proveedores de alimentos del mundo, además de una potencia energética, y un “socio” hoy codiciado por las principales potencias del mundo.
Brecha productiva: A partir de los años 2000, la brecha de producción agrícola entre Argentina y Brasil no paró de crecer.
También, con mucho menos ruido, probablemente por su menor extensión, el salto cualitativo de Paraguay, que partió de un piso mucho más bajo sea, incluso, más trascendente y hasta aún más compatible, lo mismo que Uruguay, aunque su índice fue algo menor que el paraguayo.
De acuerdo a una investigación reciente del Cippec (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento), que vino a actualizar estudios anteriores, los ejes más fuertes del modelo brasileño pasan por la definición de un modelo estratégico, la “continuidad” de las políticas, y el respeto a la propiedad privada directamente ligado al crecimiento económico.
En ese contexto, para Luciano Laspina, Director Ejecutivo del Centro, economista y ex diputado nacional, “se presentan desafíos para los próximos 10-15 años, con nuevos acuerdos comerciales, con la Inteligencia Artificial que define el futuro del empleo, y con los cambios demográficos que se plantean, para lo cual se deben definir las políticas públicas que permitirán el desarrollo del país”.
“Argentina creció menos que el resto de la región. Y mientras en el 2000 junto a Brasil producían casi lo mismo, ahora el vecino nos triplica”, explicó.
El quiebre, tomando la producción de granos, se da claramente al principio de los 2000 con la reinstauración local de las retenciones (impuestos a la exportación) que determina el principio del estancamiento argentino, mientras Brasil aumentaba su crecimiento en forma exponencial al punto que, sumando las brechas entre ambos desde principios de siglo, Brasil le sacó a la Argentina un acumulado de una producción de 1.550 millones de toneladas, o sea, un equivalente a unas 12 cosechas locales de 2024 (más de U$S 470.000 millones).
A las diferencias de ingresos económicos a favor de los brasileños (precio “lleno”), se le sumó que el crédito aumentó incluso más que el área de siembra, mientras que desde 2007 se comenzó a desactivar el Movimiento de los Sin Tierra (que ocupaban los terrenos), vía el Ministerio de Agricultura Familiar, permitiendo avanzar hacia los Estados del oeste. También fueron surgiendo herramientas financieras del tipo warrants (CPR-Cédula de Productor Rural), pero que incluye hasta los cultivos en pie, y además se instrumentó un subsidio a los créditos de alrededor de U$S 56 por hectárea (unos U$S 3.000 millones/año)
Crecimiento en la sombra: Paraguay muestra un salto cualitativo trascendente con políticas de desarrollo compatibles con la región.
Junto con el precio completo (sin retenciones), la consolidación de la propiedad privada (sin ocupaciones), y el apoyo financiero, se produce un avance importante de privados en el sector semillas, autorizándose los transgénicos (una década después que Argentina) y una serie de normas posteriores que garantizan la propiedad intelectual, y así disponen de las últimas y más novedosas obtenciones.
Simultáneamente, el consumo de agroquímicos se multiplicó por 6, y se duplicó el de fertilizantes lo que derivó, además, en un aumento vertical de la productividad.
También se tomó la decisión estratégica de “avanzar hacia el oeste” del país, sumándolo así a la producción de la costa y del sur brasileño, y logrando la migración de pobladores hacia la nueva frontera, donde los precios de la tierra eran hasta 50% menores que en el sur.
Esto demostró, a su vez, que las regiones agro crecían más que el resto del país.
Pero según el Cippec, el impacto mayor se dio a partir de la instrumentación de la Ley Candil, por la cual los bienes de exportación no pagan Ingresos Brutos en los insumos. De tal forma, mientras en los últimos 20 años el PBI general se duplicó, el PBI agro se triplicó, señala el trabajo.
Crecimiento exponencial: Mientras la producción general en Brasil creció, el PBI del sector agropecuario se triplicó en dos décadas.
Dos efectos positivos adicionales del modelo brasileño fueron que con este esquema no se afectó a la población que, por el contrario, aumentó su poder adquisitivo ante el abaratamiento de los productos por su mayor producción (y más eficiente), y se mejoró el balance de la población al desarrollarse el centro-oeste, casi deshabitado.
Ahora bien, ¿se puede replicar esto en Argentina? Teóricamente sí, y es probable que varias cuestiones sean directamente aplicables, pero ambos países son muy distintos, más aún sus gobiernos e, incluso, sus sociedades.
Cultura e idiosincracia impiden la copia directa total y automática. Esto no invalida, sin embargo, prestar atención a algunos aspectos que fueron los determinantes: propiedad privada, propiedad intelectual, plan estratégico (incluso, para desarrollar los Estados del oeste brasileño y lograr el objetivo de ser uno de los primeros productores de alimentos del mundo), y la continuidad y previsibilidad de las políticas, en particular, las fiscales perfectamente alineadas a un objetivo específico: convertirse en uno de los mayores exportadores de alimentos del mundo.
Pero además, y por estas mismas razones, hay un tema crucial en el que Brasil aventaja mucho a la Argentina, y es en la logística y la infraestructura.
Transporte multimodal, puertos, FFCC de conexión, hidrovías, y una visión de largo plazo que ya está uniendo el Atlántico con el Pacífico (a Perú), por encima de la Argentina.
Avanzada agrícola: El desarrollo del centro-oeste brasileño permitió expandir la frontera productiva y generar trabajo.
Todo este combo, que fue gradual, pero integrado, permitió que en lo que va de este siglo Brasil lograra en la última cosecha 362 millones de tn de granos, de los cuales 180 millones fueron de soja (Argentina producirá 50 millones este año), y 144 mill de tn de maíz vs alrededor de 65 mill de tn locales.
También produce 11 millones de tn de carne vacuna (Argentina 3,1 millones), y es el mayor exportador mundial; además obtiene 15 millones de tn de pollo (1º exportador) y 5,2 millones de tn de cerdo.
En leche, ahora llega a más de 26 millones de litros/año vs 11,5 millones de Argentina.
Cuenta con 17 mill de tn de naranja para jugo, 60 mill de bolsas de café, y 700 mill de tn de caña de azúcar de las que salen 40 mill de tn de azúcar (mayor productor mundial) y 35 millones de litros de etanol, entre otros varios récords.
Evidentemente tuvieron éxito. Argentina, sin embargo, aún puede achicar las diferencias y hasta superar posiciones porque, en primer lugar parte de muy atrás, todavía cuenta también con grandes extensiones para el crecimiento horizontal y, especialmente, porque tienen una población mucho menor que Brasil (47,5 millones vs 214 millones), lo cual le demanda muchos menores volúmenes para el mercado interno, dejando rangos cada vez más altos para la exportación, en la medida que se crezca nuevamente.
Entonces, planificación estratégica y estabilidad en las medidas parecen ser la llave…, y eso sí se le puede copiar de Brasil.