Tía Maruca cierra para siempre: la histórica galletita sanjuanina que no pudo con la crisis
Tía Maruca cerró sus plantas y dejó a cientos de trabajadores en la calle. ¿Cuántos empleos se perdieron con y quién responde por ellos?
La crisis pudo más. Después de más de dos décadas en las góndolas argentinas, la histórica marca de galletitas Tía Maruca anunció el cierre definitivo de su planta principal ubicada en la provincia de San Juan. La decisión de "bajar la persiana" pone fin a una historia que comenzó como una apuesta familiar y que, en sus mejores momentos, supo plantar cara a los colosos de la industria nacional e internacional.
Tía Maruca nació en 1998 como un pequeño emprendimiento en San Juan. Con el paso de los años, logró expandirse a todo el país e incluso llegó a exportar sus productos. Su fundador, Alejandro Ripani, construyó la empresa con una visión clara: ofrecer galletitas de calidad con identidad regional, diferenciándose de las grandes corporaciones multinacionales que dominan el segmento. Durante años, la estrategia funcionó con éxito.
En su momento de mayor crecimiento, la firma llegó a controlar el 5% del mercado local, un espacio liderado históricamente por gigantes como Bagley (el joint venture entre Arcor y Danone) y Mondelez (ex Terrabusi). Para una pyme de origen provincial, alcanzar esa participación representaba un logro extraordinario.
La planta de Albardón, adquirida en una etapa de expansión, era un coloso de 22.000 metros cuadrados con un potencial de producción de 3.000 toneladas mensuales; casi cuatro veces la capacidad de sus instalaciones anteriores en Luján y Chascomús. Fue la apuesta más ambiciosa de la compañía y, paradójicamente, la que resultó más riesgosa.
Una expansión atrapada en la tormenta
En 2017, la firma dio un paso clave al adquirir dicha unidad productiva. Aunque en su momento representó un crecimiento acelerado, el tiempo la dejó expuesta a las fuertes oscilaciones de la economía argentina. La deuda contraída para financiar ese salto de escala se volvió imposible de sostener cuando las tasas de interés se dispararon.
Los problemas financieros derivaron en la apertura de un concurso preventivo en 2019, proceso que involucró a la firma Dilexis y al concurso personal del propio Ripani. El trámite se inició en los tribunales de San Juan con el objetivo de reestructurar una deuda de casi $300 millones. Aunque en 2022 lograron levantar el concurso, la recuperación resultó ser apenas transitoria.
El combo letal: costos, consumo y capacidad ociosa
El contexto macroeconómico de los últimos años golpeó con dureza al sector de alimentos masivos. La industria manufacturera argentina inició 2026 con una caída interanual del 8,7%, según datos del INDEC. Por su parte, el consumo masivo sufrió un derrumbe histórico del 16% en 2024 y no logró una recuperación sólida, mostrando apenas un 2% de rebote, lo que dejó al mercado en niveles críticos.
La caída del consumo interno se combinó con el aumento sostenido en los costos de insumos esenciales, como la harina y el azúcar, tornando la producción a gran escala en una actividad no rentable. A esto se sumaron las dificultades para acceder a créditos bancarios y la imposibilidad de modernizar las líneas de producción para competir con marcas de menor precio.
El resultado fue una trampa estructural. La utilización de la capacidad instalada en la industria cayó al 52% en los primeros meses de 2026. Operar la planta de Albardón a la mitad de su capacidad generó un costo unitario que volvió al producto poco competitivo frente a segundas marcas o productos de panadería informal. La escala, que antes era una fortaleza, se convirtió en una carga insostenible.
Un golpe para la industria pyme
El cierre no solo implica la pérdida de una marca querida, sino también un impacto severo para la economía de Albardón, donde la empresa era uno de los principales empleadores. La detención total de las operaciones ha dejado a decenas de familias en situación de vulnerabilidad.
Aunque la empresa no ha emitido un comunicado oficial sobre el destino de otros activos, todo indica que el cese de la "fábrica madre" marca el principio del fin de un símbolo del esfuerzo industrial sanjuanino. El caso de Tía Maruca no es una anécdota aislada: es el retrato de las condiciones actuales de la pyme alimentaria en Argentina, asediada por la inflación estructural, el crédito inaccesible y costos productivos en alza permanente.
El costo social del cierre
El impacto se mide en familias sin ingresos. El proceso comenzó en la planta de Chascomús, donde 27 trabajadores quedaron en la calle de manera sorpresiva. El cierre posterior en Albardón amplió el daño: fuentes sindicales estiman la pérdida de cerca de 290 puestos de trabajo adicionales. En total, la desintegración de la firma habría dejado sin empleo a más de 300 personas, en su mayoría operarios con años de antigüedad que hoy enfrentan un futuro incierto.
El final de Tía Maruca es una postal de época. El sueño de Ripani de competir de igual a igual con los líderes del mercado resistió crisis cambiarias y pandemias durante tres décadas. Sin embargo, no logró sobrevivir a este cambio de ciclo económico.
FUENTE: El Ancasti, InfoGremiales, El Cronista con aportes de Redacción +P
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