Crisis en Mendoza: uva sin precio, costos en alza y urgencia por repensar la vitivinicultura
¿Cuánto tiempo más podrán los productores del Valle de Uco levantar la uva sin precio ni certeza de cobro? Calidad excelente, stock acumulado y costos elevados obligan al sector a repensar su modelo productivo antes de que sea tarde.
El Valle de Uco, uno de los oasis vitivinícolas más prestigiosos de Mendoza, enfrenta una de las crisis más graves de las últimas décadas. Uva de excelente calidad se entrega sin precio definido, el vino del año anterior permanece acumulado en bodegas y los costos de producción siguen en alza. Productores, enólogos y dirigentes coinciden en que la situación es crítica y obliga a repensar el modelo productivo de la región.
Mario Leiva, presidente de la Sociedad Rural del Valle de Uco, describe el panorama como “sumamente crítico” tanto para productores grandes como chicos. “Estamos complicados porque se está entregando la uva, pero sin precio ni resultados, como siempre, sin saber cuándo la van a cobrar”, afirma. Destaca, sin embargo, la muy buena calidad de la fruta este año.
Diego Stortini, vicepresidente de la Federación Empresaria Mendocina y empresario vitivinícola, coincide en el diagnóstico: hubo más cosecha, pero con precios reales mucho más bajos. Los ingresos de los viñateros cayeron fuerte, mientras las bodegas enfrentan ventas flojas, exportaciones bajas y un mercado interno con demanda débil.
Antonella Giuliani Pelegrina, enóloga y productora de Bodega Tupun en Tupungato, aporta una visión más amplia: “Es una situación mundial”. Señala una disminución global del consumo y un cambio en los hábitos: se toma menos vino, pero de mejor calidad. “La industria está en una etapa difícil. No es solo en la Argentina”, explica.
Los costos elevados agravan la presión sobre los productores. Energía, insumos dolarizados e impuestos convierten la producción en una actividad cada vez más compleja. Giuliani Pelegrina enfatiza que “el eslabón más débil sigue siendo el productor, es el que menos se lleva”. Desde su experiencia familiar en la tercera generación de la bodega, reconoce que cada 10 o 15 años surge una crisis vitivinícola, pero ninguna tan agravada como la actual.
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Merma del 35% en kilos de uva molida en Tupungato por heladas, tormentas y granizo.
“Que la uva no quede en la planta”
La prioridad inmediata es evitar que la uva quede sin cosechar. Mario Leiva lo plantea con claridad: “Lo primero que tenemos que pensar es en que la uva no quede en la planta, en la vid”. Al mismo tiempo, advierte sobre el gran quebranto que se avecina y la necesidad de ofrecer alternativas a aquellos productores que no podrán continuar.
En Tupungato, la merma de uva resulta significativa. Giuliani Pelegrina estima que molieron casi un 35% menos que el año pasado en kilos de uva. Heladas, tormentas y granizo liquidaron fincas enteras. Además, muchos productores enfrentan una disyuntiva dramática: “Todavía no puedo vender el vino del año pasado; este año no me dan los números para levantar la uva”, relatan.
La dinámica de precios complica aún más el escenario. El año pasado, un kilo de uva Malbec en Tupungato se pagaba entre 600 y 680 pesos. Algunos productores terminaron vendiendo el vino a 450 pesos por necesidad. Hoy, el litro de vino varietal Malbec se ubica alrededor de 700 pesos, con suerte, y hay quienes pagan menos. “Si querés vendérmelo, vendémelo; si no, hay 200 atrás”, describe la enóloga la presión del mercado.
Sostener el valor en una región de alta calidad
Por su parte, Stortini explica que el problema no es tanto la existencia de vino, sino cómo sostener su valor. El Valle de Uco se caracteriza por baja productividad pero alta calidad, donde la producción se compensa con precios premium y posicionamiento de identidad. Esta realidad pega de lleno en una región asociada a vinos con marca, no al volumen masivo.
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Stock acumulado de vino del año anterior limita la compra de nueva uva y presiona a los productores.
Respecto al consumo interno, Argentina bajó de cerca de 20 a 15 litros per cápita, pero mantiene un mercado fuerte. Durante años, la macroeconomía —inflación, restricción al dólar y necesidad de stockearse— impulsó despachos que terminaron acumulando vino en la cadena sin que se consumiera realmente.
Stortini observa que algunas bodegas atraviesan crisis, otras se venden o reestructuran, mientras unas pocas aprovechan el contexto para ganar posición en el mercado. Opina que la cultura de desorden macro muchas veces se trasladó a la gestión interna de las empresas.
La necesidad de reconversión
Los dirigentes coinciden en que la política pública no puede desentenderse. Mendoza necesita repensar su matriz productiva y reequilibrarla al nuevo modelo económico, pero también gestionar el día a día. Leiva insiste en la urgencia de sostener la actividad y buscar nuevos mercados. El Valle de Uco produce excelentes pasas de uva y moscatel para vender en fresco, opciones que pueden complementar la oferta.
Asimismo, advierte sobre los productores de cinco hectáreas con viñedos centenarios: no pueden cambiar de actividad de un día para otro. “Hay que darle una alternativa, si no va a vender la finca y se perderá una cultura vitícola de años. Es el sector político el que tiene que bajar al territorio”, reclama.
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El Malbec sigue siendo la marca más demandada: nueve de cada diez consultas en vinotecas lo solicitan.
Calidad excelente, stock acumulado y perspectivas
A pesar de las dificultades, la calidad de la uva este año es muy buena. El clima más templado favorece vinos de excelente nivel. Sin embargo, el stock del año anterior limita la compra de nueva uva y la recepción de terceros. Giuliani Pelegrina cree que la situación se reacomodará con el tiempo, aunque anticipa cambios coyunturales: se abandonarán fincas y bodegas. “La solución es seguir produciendo vinos de calidad, en menor cantidad y esperar a que se reactive el país”, sostiene.
La región cuenta con ventajas competitivas: reconocimiento mundial, paisaje para turismo de alto valor y un ecosistema tecnificado. El Malbec sigue siendo la marca instalada: “Nueve de cada diez personas que ingresan a una vinoteca piden Malbec”, recuerda Stortini.
Repensar el modelo productivo
La crisis interpela al sector en su conjunto. No se trata solo de una coyuntura pasajera, sino de un proceso más profundo que exige reconversión. Sostener la identidad varietal, mejorar la competitividad y abrir nuevos mercados aparecen como caminos necesarios para evitar llegar a la erradicacion de vides, proceso que ya comenzaron zonas emblemáticas, como Bourdeaux (Francia) o Napa (California, EEUU).
El Valle de Uco, con su geografía privilegiada y su tradición centenaria, enfrenta hoy una encrucijada. Todo paree indicar que levantar la uva sin precio definido ya no es sostenible. La calidad está garantizada, pero la rentabilidad y la continuidad del modelo productivo dependen de decisiones urgentes tanto del sector privado como del público. El tiempo para repensar la vitivinicultura del futuro ya comenzó a correr.