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El insólito rol de los viñedos de Europa en la prevención de incendios

En 2017, un incendio se detuvo ante unas hileras de vides en un viñedo de Cataluña. Ese día cambió la forma en que Europa piensa la prevención de incendios.

En el verano de 2017, las llamas avanzaban sin control sobre el bosque de la comarca del Bages, en Cataluña. El incendio cruzó pinos y maleza durante kilómetros hasta que, al llegar a las hileras de uvas del viñedo Celler Abadal, una bodega familiar con más de 800 años de historia, ocurrió algo que nadie esperaba: el fuego se detuvo.

Ese episodio, aparentemente anecdótico, encendió una idea que hoy tiene certificación europea, respaldo científico y una red que crece en cuatro países.

El problema que lo hace urgente

2025 fue el peor año de incendios forestales en la historia de la Unión Europea. Según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), más de 1.079.538 hectáreas ardieron en 25 de los 27 estados miembros, cifra que casi duplica la media registrada entre 2006 y 2024 y que constituye el máximo histórico desde que el sistema opera, en el año 2000. Solo en España ardieron aproximadamente 400.000 hectáreas en más de 1.300 fuegos, cuatro veces la media de los últimos 15 años.

En 2026, la superficie acumulada quemada ya supera nuevamente el promedio histórico antes de que termine el primer semestre. El cambio climático extiende las temporadas de incendios, seca los suelos y convierte el abandono rural en una amenaza: a medida que menos tierras se cultivan activamente, la vegetación se vuelve densa y los incendios se propagan con mayor facilidad.

Frente a ese escenario, la respuesta convencional —aviones hidrantes, retardantes químicos, tecnología satelital— resulta insuficiente. Investigadores del Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña (CTFC) empezaron a explorar otra vía: la gestión agrícola del paisaje como herramienta de prevención.

La ciencia detrás de la vid

Los viñedos bien mantenidos actúan como cortafuegos productivos por varias razones físicas concretas. Las plantas de vid contienen alto contenido de humedad, lo que las hace difíciles de quemar.

El espacio entre hileras, cuando se mantiene libre de vegetación herbácea densa, elimina el combustible disponible y obliga al fuego a "saltar" sin sustento. Además, los caminos de acceso y los sistemas de riego presentes en la mayoría de las fincas vitivinícolas facilitan la intervención de los equipos de extinción.

Estudios en zonas de alto riesgo demostraron que los incendios forestales detienen su avance frecuentemente al borde de viñedos bien gestionados. El efecto, sin embargo, tiene una condición clave: un viñedo mal mantenido, con vegetación herbácea abundante entre las hileras, puede propagar el fuego en lugar de frenarlo. La gestión del suelo no es opcional; es el núcleo del beneficio.

El mismo principio se aplica a otros cultivos. Las plantaciones de trufas mantienen los árboles separados, con escasa vegetación alrededor y sistemas de riego integrados. Las explotaciones apícolas requieren gestión activa del entorno forestal.

En conjunto, estas actividades contribuyen a construir lo que los investigadores denominan paisaje en mosaico: una alternancia de espacios agrícolas, forestales y zonas abiertas que interrumpe la continuidad del combustible y reduce la velocidad de propagación del fuego.

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La red Fire Wine ya certifica bodegas en España, Francia, Portugal e Italia con el aval de la EUIPO desde julio de 2025.

El sello que certifica el compromiso

Con esa base científica, el CTFC impulsó el proyecto Fire Wine, enmarcado en la iniciativa europea FIRE-RES, financiada por el programa Horizonte 2020. En julio de 2025, la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) aprobó las marcas FIRE WINE RESILIENT LANDSCAPE© y FIRE PRODUCT RESILIENT LANDSCAPE©, destinadas a certificar bodegas y productores agrarios comprometidos con la gestión preventiva de sus fincas.

El sello funciona de manera similar a una certificación orgánica: identifica ante el consumidor qué productores adoptan prácticas que reducen el riesgo de incendio y contribuyen a la resiliencia del territorio. La acreditación evalúa la ubicación estratégica del viñedo, la gestión de la vegetación en los márgenes forestales, el mantenimiento de caminos de acceso y la colaboración con los servicios de bomberos locales.

Celler Abadal, la misma bodega donde el fuego se detuvo en 2017, fue la primera en recibir el sello en Europa. Hoy, seis bodegas catalanas y dos gallegas cuentan con la certificación, mientras alrededor de 30 productores más avanzan en el proceso de acreditación. En marzo de 2026, la bodega Llopart se sumó a la red. La iniciativa ya opera en España, Francia, Portugal e Italia.

Galicia lo confirmó con otro incendio

El caso del Celler Abadal no fue el único. En los incendios que arrasaron la comarca de Valdeorras (Ourense), los viñedos volvieron a actuar como barrera. Más de 30.000 hectáreas ardieron en la zona, pero en numerosos puntos el fuego llegó a las franjas de cultivo y no avanzó más. La continuidad del monte se interrumpía donde había viña, y eso marcó la diferencia.

Como resultado, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Valdeorras firmó un convenio con Fire Wine y se convirtió en la primera denominación de origen de Europa en formalizar una colaboración de este tipo. La investigadora Soazig Darnay, especializada en gestión del paisaje y desarrollo rural, explicó que el sello no evalúa la calidad del vino, sino la función de las parcelas vitícolas dentro del territorio.

El desafío: llegar donde más se necesita

La red Fire Wine enfrenta un reto estructural: los viñedos ubicados en zonas más abruptas, los más rodeados de bosque y los más expuestos al fuego, son también los primeros en abandonarse cuando la viticultura deja de ser rentable. "Los viñedos de bosque no solo producen un bien agrícola, sino también un beneficio público esencial", señala la investigadora Elena Górriz, del CTFC.

Un estudio exploratorio de 2025 relevó la percepción del riesgo de incendio entre actores del sector vitivinícola en cuatro países mediterráneos. El 45% de los encuestados requería apoyo financiero para gestionar sus tierras con criterios preventivos. La conclusión es clara: el sello por sí solo no alcanza. Hacen falta incentivos económicos que compensen el costo de mantener prácticas que benefician a la comunidad entera, no solo al productor.

La Comisión Europea advirtió que la zona de riesgo de incendios en Francia se expande un 17% hacia 2040. La tendencia es continental. Y la respuesta, al menos en parte, puede estar en las mismas actividades que dieron forma al paisaje mediterráneo durante siglos: el viñedo, la colmena, la trufera. Cultivos que, bien gestionados, no solo producen vino, miel o trufas. También producen seguridad.

FUENTE: EFFIS, CTFC y Fire Wine con aportes de Redacción +P.