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Semillas, en la Estación Espacial Internacional para forjar variedades más resilientes

¿Puede la radiación cósmica crear la próxima gran variedad de uva? Texas A&M lo pone a prueba en órbita.

Un equipo de investigadores del sistema Texas A&M AgriLife ha puesto en marcha uno de los proyectos vitivinícolas más audaces de la historia reciente: el envío de semillas de tres variedades de uva de vino a la Estación Espacial Internacional (EEI), donde permanecerán aproximadamente seis meses expuestas a la radiación cósmica antes de regresar a la Tierra para ser plantadas y estudiadas. El objetivo es analizar las mutaciones genéticas derivadas de esa exposición y, a partir de ellas, desarrollar variedades más resilientes para los viñedos del futuro, tanto en la Tierra como más allá de ella.

El proyecto se inscribe dentro de la misión TAMU-SPIRIT-1 (*Texas A&M/Aegis Aerospace Space Platform Integrating Research and Innovative Technology*), una plataforma de investigación orbital pionera definida por sus impulsores como un "campus satélite en el espacio". La iniciativa articula a cuatro unidades académicas: Texas A&M AgriLife Research, el Servicio de Extensión de Texas A&M AgriLife, la Facultad de Agricultura y Ciencias de la Vida y la Facultad de Ingeniería.

El origen del proyecto

El experimento tuvo un punto de partida inusual. Coby Arnold y Arvind Subramanyam, dos estudiantes de último año del Departamento de Ingeniería Aeroespacial de Texas A&M, se contactaron con Justin Scheiner, especialista en viticultura de AgriLife Extension y profesor asociado del Departamento de Ciencias Hortícolas, con la intención de desarrollar una propuesta de proyecto final para un experimento a bordo de la EEI.

Con la orientación de Scheiner sobre la biología de las semillas de uva, los estudiantes diseñaron un contenedor especial capaz de llevar las semillas a la órbita sin que la exposición directa a la radiación las dejara inviables. Según el propio Scheiner, sin esa protección las semillas no sobrevivirían al viaje.

De la órbita al viñedo de Thomas Ranch

Una vez que las semillas regresen a la Tierra, serán plantadas junto a semillas de control idénticas en el viñedo de AgriLife Research en Thomas Ranch. A partir de ese momento, el equipo científico estudiará y comparará el crecimiento de las plantas, el rendimiento de las vides y las uvas, y —fundamentalmente— su genética.

Para el análisis molecular de las posibles mutaciones inducidas por la radiación, Scheiner se asoció con dos especialistas del Departamento de Ciencias Hortícolas: Andrej Svyantek, profesor adjunto de mejora de cultivos hortícolas con foco en viticultura y frutales, y Amit Dhingra, jefe de departamento y profesor de genómica de sistemas integrados y biotecnología traslacional.

El equipo no persigue un resultado aleatorio: las tres variedades seleccionadas fueron elegidas precisamente porque ya poseen rasgos genéticos nativos valiosos para los viñedos de Texas, como la resistencia a enfermedades y la adaptación a las condiciones locales de suelo y agua. La hipótesis es que la radiación espacial podría inducir nuevas mutaciones sobre una base genética ya robusta, potenciando esas cualidades o generando otras inesperadas y favorables.

Una variedad histórica con destino estelar

Entre las tres variedades que emprenden el viaje figura la lomanto, desarrollada por el horticultor y viticultor T.V. Munson a comienzos del siglo XX. Para Scheiner, la inclusión de esta vid nativa de Texas carga con un simbolismo particular: se trata de una variedad que en su momento contribuyó a salvar la industria vitivinícola mundial, y que hoy podría abrir una nueva página en la historia de la ciencia hortícola.

 Semillas de vid listos para su viaje de seis meses a la Estación Espacial Internacional. 

Semillas de vid listos para su viaje de seis meses a la Estación Espacial Internacional.

"La investigación nos ayudará a comprender cómo afectan los distintos niveles de radiación a las semillas y a su expresión genética varietal una vez que las cultivemos, pero también existe la novedad de que dentro de varios años podremos embotellar vino de semillas que salieron de la Tierra", afirmó Scheiner. "La ciencia es interesante desde una perspectiva de investigación, pero el factor interesante será este momento de círculo completo para esta histórica variedad de Texas y, en última instancia, la producción de un vino que es, literalmente, de otro mundo".

Las mutaciones como motor

El proyecto no es tan ajeno a la tradición vitivinícola como podría parecer a primera vista. Las mutaciones genéticas han dado forma a la vitivinicultura a lo largo de la historia. El caso más citado es el del pinot gris, que se originó a partir de una única mutación aleatoria en las cepas de pinot noir. Comprender cómo la exposición a la radiación espacial puede alterar la genética a nivel molecular representa, en esencia, una extensión acelerada de las técnicas actuales de mejora vegetal.

"Desde el punto de vista de la investigación, queremos ver cómo puede influir estar en el espacio en estas variedades. Para el friki del vino que llevo dentro, sería muy interesante que estas semillas mostraran que ha ocurrido alguna mutación positiva aleatoria que represente el punto de origen de una nueva variedad", señaló Scheiner.

El camino al primer vino

El equipo estima que en cuatro o cinco años las vides producirán sus primeros frutos, lo que daría lugar a lo que podría ser el primer vino elaborado a partir de uvas cultivadas con semillas que viajaron al espacio. Más allá de la novedad, el proyecto busca demostrar cómo la investigación hortícola espacial puede fortalecer la seguridad alimentaria y la productividad vitivinícola en la Tierra.

Dhingra lo sintetizó con claridad: "Este proyecto conecta el pasado y el futuro de las ciencias hortícolas, y cómo nuestra investigación puede impactar a los productores aquí y ahora, pero también ayudar a la humanidad a alcanzar las estrellas y establecer raíces allí también".

Un antecedente de peso

El mundo del vino no es ajeno a este tipo de experimentos. En 2021, doce botellas de vino fueron enviadas a la EEI junto a un centenar de fragmentos de cepas de las variedades Merlot y Cabernet Sauvignon, en el marco de la Misión WISE, el primer programa privado de investigación espacial vitivinícola.

Los vinos participantes eran de Petrus y, tras su regreso a la Tierra, fueron subastados alcanzando precios extraordinarios. La iniciativa de Texas A&M retoma ese espíritu pionero, pero con un enfoque científico centrado en la genética vegetal y la resiliencia de las variedades, con potencial impacto directo sobre los viñedos del presente y del futuro.

FUENTE: Tecnovino con aportes de Redacción +P

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