Vino

Vino sin alcohol, ¿la estrategia de las cooperativas ante el desplome del consumo?

¿Subsistirá el vino argentino con un consumo per cápita de solo 15 litros? Las cooperativas debaten cambios urgentes en envases y productos ante la crisis.

La vitivinicultura argentina atraviesa una de las etapas más complejas de su historia reciente. El cambio en los hábitos de consumo de vino y las sucesivas crisis económicas reconfiguran un mapa productivo que exige resiliencia y adaptabilidad por parte de los actores del sector.

Jesús Gasques, prosecretario de la Cooperativa Algarrobo Bonito (Mendoza) e integrante del consejo de administración de Fecovita, describe un panorama donde convergen la diversificación agraria, la caída drástica del consumo doméstico y los nuevos desafíos comerciales que impone el mercado global.

Jesús Garces, directivo de Algarrobo Bonito, expone los desafíos comerciales del cooperativismo.

Jesús Garces, directivo de Algarrobo Bonito, expone los desafíos comerciales del cooperativismo.

El desplome del consumo doméstico

La retracción del mercado interno constituye el principal escollo para las bodegas nacionales. Históricamente, los argentinos consumían 33 litros de vino per cápita al año; sin embargo, en la actualidad la cifra se sitúa en apenas 15 litros per cápita. Este descenso de más del cincuenta por ciento impacta con severidad en el consumo general y condiciona el funcionamiento de toda la cadena de valor vitivinícola, desde el pequeño viñatero hasta las grandes federaciones de cooperativas.

La Cooperativa Algarrobo Bonito, que destina la totalidad de su producción de vino a granel para su comercialización con Fecovita, representa un termómetro fiel de esta realidad. La entidad procesa aproximadamente el 35% de la producción total de su zona, con un promedio que ronda los 13 millones de kilos de uva anuales.

 La cooperativa muele alrededor de 13 millones de kilos de uva anuales de su zona.

La cooperativa muele alrededor de 13 millones de kilos de uva anuales de su zona.

Frente a la merma del volumen de ventas, el sector analiza alternativas diversas. Una de las propuestas teóricas evalúa el desarrollo de vinos desalcoholizados, de manera similar al segmento de las cervezas sin alcohol. No obstante, las experiencias y proyectos vigentes revelan que este tipo de productos todavía carece de la respuesta comercial esperada por las bodegas.

El verdadero desafío de las empresas radica en ampliar el abanico de productos y vigilar de cerca las fluctuaciones de preferencia de los consumidores, tanto a nivel global como por segmentos de edad. Curiosamente, mientras la sociedad en general tiende a moderar su ingesta alcohólica, coexisten nichos de mercado que incrementan su demanda de bebidas con mayor graduación.

El comportamiento de las gamas

El análisis por segmentos de precio expone realidades dispares, según Garces. Las etiquetas de media y alta gama, con valores de 25.000 pesos para arriba por botella, registran una estabilidad notable y no sufren variaciones tan marcadas como los segmentos de consumo masivo. Garces plantea que la clase media modifica sus hábitos de compra en el segmento masivo.

La Cooperativa Algarrobo Bonito canaliza toda su producción a granel a través de Fecovita.

La Cooperativa Algarrobo Bonito canaliza toda su producción a granel a través de Fecovita.

En ese tramo del mercado, los consumidores optan por envases de mayor capacidad, específicamente aquellos que superan los 900 cm³ y que oscilan entre ese volumen y 1 litro 250.

El minifundio y el arraigo social cooperativo

Detrás de las cifras de molienda y consumo existe un entramado social de enorme valor. La Cooperativa Algarrobo Bonito asocia y brinda servicios a unos 300 productores, en su mayoría micro y pequeños empresarios rurales. A diferencia de otras regiones vitivinícolas exclusivas, los productores de esta zona de Mendoza sostienen fincas diversificadas donde conviven pequeñas parcelas de vid con frutales, forrajes y otras cosechas.

En promedio, cada productor posee una superficie de 4 a 4,5 hectáreas de viñedo. Esta escala minifundista resalta la importancia de la cooperativa como sostén económico local. La entidad genera de forma directa empleo para unas 20 familias, lo que dinamiza a una comunidad que depende estrechamente de la salud de la vitivinicultura para asegurar su arraigo y su futuro sustentable.

FUENTE: Valor Agro con aportes de Redacción +P.

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