Giro inesperado en Vassalli: el "viejo conocido" que podría quedarse con la empresa
Tras meses de crisis, deudas y sueldos impagos, la histórica fábrica de cosechadoras define su futuro en una negociación clave.
La histórica empresa argentina Vassalli Fabril, emblema de la industria metalmecánica nacional, se encuentra en la antesala de un nuevo cambio de manos que podría definirse en las próximas semanas. Tras meses de inactividad, conflictos salariales y una profunda crisis financiera, la compañía radicada en Firmat, provincia de Santa Fe, intenta evitar la quiebra y abrir una nueva etapa que le permita recuperar protagonismo en un mercado cada vez más competitivo.
Fundada en 1949 por Roque Vassalli, la firma supo convertirse en un símbolo de la tecnología nacional aplicada al agro, llegando a producir más de mil cosechadoras anuales en sus mejores tiempos. Sin embargo, en los últimos años, una combinación de factores económicos, errores de gestión y cambios estructurales en el sector fueron erosionando su capacidad productiva y financiera.
Una crisis que se profundizó desde 2024
El deterioro se aceleró desde 2024, cuando la empresa comenzó a enfrentar serias dificultades para sostener su operación. La sequía histórica que golpeó al campo argentino redujo drásticamente la demanda de maquinaria agrícola, mientras que las restricciones para acceder a divisas complicaron la importación de componentes clave. A esto se sumó la apertura de importaciones, que intensificó la competencia con fabricantes internacionales.
La situación actual es crítica. Vassalli acumula deudas salariales con sus aproximadamente 260 trabajadores, mantiene conflictos abiertos con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y opera con un esquema reducido de apenas cuatro horas por turno. La planta funciona hoy entre el 10% y el 20% de su capacidad, reflejo de la falta de insumos y del quiebre en la cadena de proveedores locales, muchos de los cuales también son acreedores de la compañía.
El actual propietario, el empresario entrerriano Eduardo Jorge Marsó —vinculado a la firma avícola Las Camelias—, había adquirido la empresa a comienzos de 2024 con la intención de reactivarla. Si bien logró poner nuevamente en marcha la producción durante el segundo semestre de ese año, sus esfuerzos por sanear las cuentas y profesionalizar la gestión se vieron frustrados por el complejo contexto económico.
El posible regreso de un viejo conocido
Ante este escenario, Marsó busca ahora una salida que permita evitar un proceso judicial más profundo. En el mercado, el nombre que surge con fuerza para encabezar la nueva etapa es el de Roberto Cinelli, un empresario con pasado en la propia compañía, a la que dirigió durante los años 90 y principios de los 2000. Su eventual regreso no solo tendría un componente simbólico, sino también estratégico.
El plan que se le atribuye apunta a una “vuelta a las fuentes”: enfocarse exclusivamente en la producción de cosechadoras, simplificar la oferta y recuperar el vínculo con el productor agropecuario tradicional. Además, se menciona la posibilidad de un acuerdo con Scania para el suministro de motores, lo que permitiría modernizar los equipos sin depender de desarrollos propios costosos.
No obstante, la operación aún enfrenta obstáculos importantes. Entre ellos, la necesidad de validar el estado financiero de la empresa, reconocer deudas acumuladas —incluyendo cheques rechazados— y lograr el aval de bancos y trabajadores. La situación crediticia de Vassalli es delicada, con calificaciones cercanas a los niveles más altos de riesgo.
El desafío de reconstruir una empresa estratégica
El desafío para el eventual nuevo inversor será doble: por un lado, recomponer la estructura financiera mediante una posible reestructuración de deuda —que podría incluir quitas o conversión en acciones—; por otro, reactivar la producción en un entorno que exige innovación tecnológica.
En este sentido, el futuro de la compañía dependerá en gran medida de su capacidad para adaptarse a las nuevas demandas del agro, incorporando herramientas de agricultura de precisión como telemetría y mapeo satelital, áreas donde competidores como John Deere y Case IH llevan ventaja.
La historia reciente de Vassalli también está marcada por el fallido vínculo comercial con Venezuela durante la década pasada. Los incumplimientos de pago por parte del gobierno de ese país generaron una deuda millonaria que obligó a la empresa a recurrir a financiamiento estatal y derivó en una reestructuración que aún pesa sobre sus cuentas.
Hoy, la compañía necesita una inyección estimada de entre 15 y 20 millones de dólares para normalizar salarios, saldar compromisos urgentes y retomar la producción a una escala mínima viable. Sin ese respaldo, cualquier intento de reactivación será insuficiente.
La posible llegada de un nuevo grupo inversor encabezado por Cinelli abre una ventana de esperanza para una empresa que, pese a su deterioro, sigue siendo un actor clave en la industria nacional. Su recuperación no solo evitaría la pérdida de cientos de puestos de trabajo, sino que también representaría el regreso de un jugador estratégico en un momento en que el campo argentino necesita renovar su parque de maquinaria.
El desenlace, previsto para los próximos días, será determinante para definir si Vassalli logra iniciar su “tercera vida” o si, por el contrario, se convierte en otro caso emblemático de la crisis industrial argentina.
Fuente: Redacción +P.
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