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Hasta 100 toneladas por hectárea: el potencial de la papa en la Patagonia

Por qué la industria mira al sur para crecer y qué condiciones deben darse para que el potencial de la papa en la Patagonia despegue.

Daniel Caldiz es ingeniero agrónomo y quizás el más “capo” de la papa en la Argentina. Se especializó en este cultivo en la Universidad de La Plata, desarrolló varios proyectos de investigación sobre el tema desde el Conicet y luego se dedicó a esta maravillosa planta americana desde McCain, la mayor procesadora de papas congeladas del mundo y de la Argentina, donde trabajó durante 20 años y llegó a ser director global de Agronomía. Tras su retiro, fundó su propia consultora internacional, AgriCal, y acaba de publicar en español, con una editorial holandesa, el Manual de la Papa – Cultivo del futuro, una exhaustiva obra de 600 páginas donde aborda el tema desde cinco perspectivas: la sociedad, la planta, el material de propagación, el ambiente y el manejo. En esta entrevista, el experto conversó con +P sobre las oportunidades y desventajas del cultivo en la Patagonia, el único lugar del país donde encuentra que puede darse un crecimiento significativo de la superficie a cultivar con destino a las industrias procesadoras.

—En los ’90, cuando se desarrolló la industria de la papa en la Argentina, se apostó a la producción de papa en el norte de la Patagonia, aunque luego decayó. ¿Cuál es el potencial papero de esta región?

—Todo el potencial de la zona está dado por dos razones: la disponibilidad de agua del río Negro, por un lado, y el clima, que tiene una amplitud térmica en verano que favorece el cultivo de la papa, con días de temperaturas relativamente altas y radiación, y temperaturas bajas durante la noche. En general, los frutales, la papa y otros cultivos se dan mejor con temperaturas de 25 o 30 °C durante el día y menos de 20 °C durante la noche. En el caso de la papa, esto ayuda a tener mejores rendimientos y calidad, y es lo que permite que, por ejemplo, se cultive en Mendoza, en algún otro valle de altura y en los valles patagónicos.

—¿Hoy es importante el cultivo de papa en la Patagonia?

—Hoy, entre el Valle Medio y el Valle Inferior, debe haber entre 2.000 y 3.000 hectáreas de papa. Para ponerlo en contexto, la provincia de Mendoza hace 5.000 hectáreas y el total país está cerca de las 65.000 a 70.000 hectáreas. Varían un poco cada año.

—¿Y en Balcarce y alrededores, la zona papera por excelencia?

—Balcarce y alrededores producen unas 30.000 hectáreas por año. La gran ventaja de la zona sudeste es que lleva muchos años de desarrollo del cultivo; están instaladas varias industrias y, además, existe un clúster productivo de empresas contratistas, de servicios y de maquinaria. Entonces, el nivel de desarrollo del sistema de producción de papa en Balcarce y alrededores ha llegado a una madurez. En las otras zonas todavía falta que se consolide la producción, que haya más productores y empresas de servicios. Esto es superimportante: si tenés un parque de maquinaria en la Patagonia o en Mendoza y las empresas de esas maquinarias tienen todo concentrado en Balcarce, se hace muy difícil la operación, porque en plena cosecha se te rompe una máquina y tenés que esperar cinco días para que vayan a revisártela. Es un problema. En estas regiones, que son más difíciles, hace falta tener todo muy ajustado.

Infraestructura, servicios y masa crítica

—¿Y qué masa crítica haría falta para que esas empresas de productos y servicios se instalen en esas regiones?

—Más que masa crítica, yo creo que también depende de qué tan buen cliente sos. En Mendoza los productores tienen apoyo de parte de las empresas de maquinaria, aunque no hay más de 5.000 hectáreas y no todas tienen maquinaria. Yo creo que hoy, entre el Valle Medio y el Valle Inferior, hay clientes importantes como para que las empresas de servicios tengan a alguien en la zona, ya que no es para despreciar lo que se está cultivando allí, que además tiende a crecer y son producciones totalmente mecanizadas. Si estás en el Valle Medio, en Choele-Choel, en Carmen de Patagones, en Viedma o en el sur de Mendoza y tenés un problema, está bueno tener a alguien local que te dé servicio. Ese es un punto central para el desarrollo de estas zonas.

—¿Y hay otros?

—Otro punto clave es la electrificación. Ayudaría mucho que se pudiera aprovechar, por ejemplo, el agua del río para generar electricidad, más allá de lo que se hace hoy, para que los productores no tengan que depender del gasoil para el riego. De hecho, hay un productor en la zona de Carmen de Patagones que está tratando de utilizar gas para generar electricidad, por un tema de costos. Hay oportunidades, pero se necesita no solamente un emprendedor que lo haga, sino también un Estado provincial o nacional que colabore con el desarrollo de infraestructura, que mejore los accesos, los caminos y, además, el acceso al crédito.

—¿El sistema de riego que se utiliza es el pivote?

—La mayoría de los cultivos de papa que se hacen bajo riego, sobre todo en Mendoza y la Patagonia, son con pivote. El pivote tiene una eficiencia de aplicación del 85-90 % y no tiene las complejidades que trae usar cintas de riego por goteo, que es un sistema mucho más eficiente en la distribución del agua e incluso requiere aplicar menos agua, pero se precisa distribuir las cintas de goteo al hacer la plantación y después recogerlas antes de la cosecha, y todo eso es complejo. Además, en el sur también hay un problema: muchas de las cintas de goteo, si no son del espesor adecuado, se las comen los insectos de suelo.

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El ingeniero agrónomo Daniel Caldiz analiza por qué el sur del país es la única región con margen real para expandir el cultivo destinado a la industria.

El ingeniero agrónomo Daniel Caldiz analiza por qué el sur del país es la única región con margen real para expandir el cultivo destinado a la industria.

—¿Insectos?

—Sí, lo viví hace muchos años atrás, cuando quisimos hacer una experiencia con goteo en una hectárea y nadie sabía que había insectos a los que les encantaba comerse la cinta plástica del goteo. Fue una experiencia muy negativa, porque parecía que teníamos riego por aspersión: todas las cintas puestas en los surcos estaban perforadas. Así que, si alguien va a desarrollar riego por goteo en alguna de estas zonas, es importante que se asegure de que la cinta no sea dañada por los insectos.

—¿Son cintas que se reutilizan?

—Ahí hay dos teorías: algunos dicen que tiene que ser una cinta de muy buena calidad, que hay que recogerla y volver a usarla, y otros dicen que eso es muy engorroso y prefieren usar una cinta de baja calidad en una campaña y después no usarla más. Un amigo y colega produce en México cerca de 400 hectáreas bajo riego por goteo y prefiere usar cintas “descartables”, y así aprovecha el bajo costo de la mano de obra. Aunque muchos dicen que el riego por goteo te hace ser más eficiente, tiene muchas complicaciones que hay que considerar también. El pivote es un riego muy eficiente, cada vez más eficiente, porque se puede monitorear la velocidad de avance para aplicar más o menos agua según el grado de humedad del suelo o el requerimiento del cultivo. A lo largo del pivote, si tenés correlación con sensores de humedad en el suelo, podés saber dónde tenés que regar más y dónde menos. O sea, la agricultura de precisión lleva a ser mucho más eficiente en el uso de los recursos, y hoy los que riegan por pivotes tienen acceso a estas herramientas de mejora en la eficiencia del uso del agua.

—¿Con qué cultivos se alterna el de papa en la Patagonia?

—Idealmente, la papa se hace un año de cada cuatro. Algunos hacen uno de cada cinco, otros uno de cada tres. Se puede rotar con trigo, maíz, centeno, soja y brassicas, que contribuyen a minimizar problemas de enfermedades del suelo. Hoy, en el Valle Medio y el Valle Inferior, hay posibilidad de rotar con varios cultivos, incluso con cultivos rentables, como la cebolla y el ajo, pero hay que estudiar muy bien cuál es la secuencia de rotación. Por ejemplo, una que no buscaría es papa, cebolla, ajo, porque son todos cultivos donde el órgano de cosecha es subterráneo; entonces hay un trabajo muy intenso del suelo. Es mejor hacer, por ejemplo, papa, maíz, trigo, centeno, soja o una pastura, incluso como alfalfa, y después de cuatro ciclos recién volver a papa, cebolla o ajo. Hoy la alfalfa está creciendo mucho en el Valle Medio. Por el tipo de raíces que tiene, ayuda a descompactar el suelo de manera tal que mejora la infiltración del agua.

—¿Estas rotaciones son nuevas o de siempre?

—De toda la vida. Hoy muchos llaman a estas y otras prácticas “agricultura regenerativa”, cuando en realidad se sabe desde hace años que uno debe cuidar el suelo con rotaciones, laboreos verticales, eliminar la compactación, usar cultivos de cobertura y demás. En toda la Patagonia, por el viento, es buenísimo siempre tener el suelo cubierto. Si cosechás una papa o un cereal, no podés dejar el suelo desnudo hasta el próximo cultivo, porque se te vuela la mitad. Son todas prácticas que los productores aplican porque, en definitiva, es en beneficio de ellos mismos.

Quiénes producen y cómo se escalona la oferta nacional

—¿Cómo caracterizaría a los productores de papa de la zona? ¿Son grandes o hay de todo?

—Son productores grandes; todos hacen arriba de 200 o 400 hectáreas. En general, han emigrado de otras zonas. Hay un productor que hoy, entre Valle Medio, San Luis y Córdoba, hace cerca de 3.000 hectáreas de papa; es el mayor productor de papas de la Argentina. Los productores buscan oportunidades para hacer papa para las industrias o también para el mercado. Cuando el productor está en distintas regiones del país, tiene oportunidad de abastecer al mercado con papa fresca todo el año.

—¿Cómo se escalona la producción de papa en el país y cuándo entra la de la Patagonia?

—En la Argentina, las cosechas empiezan en el norte, en Tucumán, donde se planta en mayo o junio y se cosecha en octubre. Después está la zona de doble cultivo, en Córdoba (Villa Dolores), San Luis y Mendoza, donde se planta en julio/agosto y se cosecha en noviembre/diciembre, y se puede volver a plantar en febrero/marzo para cosechar en mayo/junio. Y ya más al sur, que sería el sur de Mendoza, el sudeste de Buenos Aires y la Patagonia, hay producción entre la primavera y el verano, con siembras tempranas en agosto, y ya después de febrero o marzo el cultivo no prospera, sobre todo si hay una primera helada. Después hay áreas más chicas, como General Belgrano, cerca de La Plata, en Buenos Aires, donde también se puede cultivar para cosechar en diciembre, pero son superficies pequeñas.

—Y en la Patagonia, más al sur de los valles del río Negro, ¿tiene chances la papa o ya no?

—Sí, en el valle del río Chubut, en la zona más cercana a la costa, como Gaiman y alrededores, hay un desarrollo hortícola importante y se hace papa. Y en el mismo valle, más hacia el centro y hacia el oeste de Chubut, se podría hacer producción de semilla de papa en una zona aislada, como corresponde hacerla, pero ahí sí que falta muchísima infraestructura. Sería superimportante desarrollar ese área como productora de semilla, pero requiere mucha inversión en infraestructura.

—¿Y semilla en los valles de la Norpatagonia se puede hacer?

—Cuando empezás a hacer producción comercial ya no podés hacer semilla, por un tema sanitario. En la Argentina tenemos la ventaja de que hay áreas diferenciadas para hacer semillas de papa. Por ejemplo, en Malargüe y El Sosneado, en el sur de Mendoza, hay un área donde solamente se puede producir semilla; lo mismo pasa con el sudoeste de Buenos Aires, que tiene un área diferenciada en San Cayetano y Tres Arroyos. También hay un par de áreas en valles de altura de Catamarca y Tucumán, pero donde no se han tenido los recaudos necesarios para mantener la sanidad. Lo ideal es que las áreas diferenciadas para producción de semilla se mantengan como tales, a fin de aprovechar el aislamiento y el resto de las condiciones agroecológicas que poseen.

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El exdirector global de Agronomía de McCain analiza el potencial y los desafíos del cultivo en el sur argentino.

El exdirector global de Agronomía de McCain analiza el potencial y los desafíos del cultivo en el sur argentino.

—¿Tiene potencial para crecer el cultivo de papa en la Patagonia o está estabilizado en esas 2.000/3.000 hectáreas?

—Yo creo que va a crecer porque las otras áreas no pueden crecer más. La Argentina tiene condiciones para producir papa, con alto costo, pero más fácilmente que en Europa, por todas las exigencias que les ponen ahora los gobiernos europeos a los productores. Si viene una industria a la Argentina, no tiene muchas opciones de dónde instalarse. Llevar otra industria al sudeste de Buenos Aires no es sustentable, porque la competencia por la tierra y el agua ya es muy fuerte; no todos van a poder usar la misma tierra, van a tener que ir alejándose de lo que sería la zona núcleo papera (el triángulo Mar del Plata–Tandil–Necochea), y entonces las condiciones del suelo, la calidad del agua y el clima no son los mismos. Entonces, si hoy me consulta una empresa que quiere instalarse en la Argentina, le digo que vaya a la Patagonia. Con todo lo que implica en la Patagonia producir papa: regar todos los días, no poder equivocarse con nada, tener que aplicar entre 800 y 1.200 kilos de fertilizante por hectárea. O sea, hay que hacer muchas cosas, pero en cuanto a área, no hay muchas opciones. En Mendoza es muy complicado: hay áreas que se podrían desmontar para hacer papa, pero la disponibilidad de agua es una limitante importante.

—¿Cuáles son los rendimientos en la Patagonia?

—Los rendimientos son parecidos a Balcarce o al sur de Mendoza; los desafíos son diferentes. Está documentado que se pueden alcanzar hasta 100 toneladas por hectárea en estos lugares. Cuando yo empecé a trabajar en papa con modelos de simulación, hace veintipico de años, y simulábamos el rendimiento potencial en las regiones, en el sudeste bonaerense nos daba que se podían obtener hasta 120 toneladas. Al principio los productores me miraban y decían: “No, Daniel, estás delirando”. Pero cuando empezaron a aparecer las variedades, la tecnología y se mejoró el riego y demás, el rendimiento creció, y hoy se pueden producir más de 100 toneladas en el sudeste de Buenos Aires. Claro que no todo el mundo las puede hacer, porque tiene que haber una combinación de suelo, clima, riego y manejo. Tampoco digo que haya que proponérselo; quizás no es lo más rentable, porque hay que utilizar muchos insumos. Pero, sin duda, aumentar el rendimiento por hectárea permite, a mediano y largo plazo, liberar área para mejorar las rotaciones.

Papa produccion
Patagonia: el lugar donde la papa todavía puede crecer y atraer nuevas inversiones.

Patagonia: el lugar donde la papa todavía puede crecer y atraer nuevas inversiones.

—¿Y en la Norpatagonia cuál es el rendimiento medio que efectivamente se da?

—El promedio está entre 50 y 60 toneladas por hectárea.

—¿Es alto?

—Es alto, sí. A nivel país, cuando ponés todas las zonas, la estadística dice que estamos entre 35 y 40 toneladas promedio, aproximadamente. No estamos mal comparados con el resto del mundo, pero hay zonas muy marginales para la papa; las zonas de doble cultivo tienen ciclos más cortos, que se acortan por las heladas cuando plantás en febrero o marzo, y si plantás en primavera y tenés un verano muy, muy caluroso en noviembre o diciembre, el cultivo “se entrega”, como se dice en la jerga; en realidad empieza a senescer o a morir.

—¿Hay un objetivo de rendimiento al que deberían apuntar los productores?

—Cada uno tiene que establecer cuál es su rendimiento posible desde el punto de vista sustentable. ¿Cuánta agua puedo poner yo? ¿Cuánto fertilizante? ¿En qué suelo? ¿Con qué nivel de rotación? Por ahí al productor le sirve sacar 60 toneladas, y si es así, está fantástico.

A continuación se presenta una breve introducción del interesante estudio "El Manual de la Papa – Cultivo del futuro":

Papa El Manual de la Papa - Argentina

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