China puso el freno: precios a la baja y un nuevo escenario para la cereza
La sobreoferta temprana, el alza logística y un consumo más cauteloso marcaron la temporada 2025/26 de cereza en China.
La temporada 2025/26 de cerezas chilenas en China está dejando una lección clara para toda la industria: el mercado más importante del mundo para esta fruta ya no responde con entusiasmo automático ante grandes volúmenes ni está dispuesto a pagar cualquier precio por adelantado. Hoy, el consumidor chino es más exigente, más cauteloso y mucho más sensible a la relación entre calidad y valor. Así lo sostiene Felipe Henríquez, comercializador de fruta con amplia experiencia directa en China y representante en Sudamérica del importador Golden Frutas Import, quien analiza una campaña marcada por altos volúmenes tempranos, una fuerte presión logística y una caída de precios que sorprendió incluso a los actores más experimentados.
Desde el inicio, la temporada estuvo rodeada de expectativas elevadas. Las proyecciones hablaban de un volumen cercano a los 112 millones de cajas, una cifra significativa que, según Henríquez, “generó expectativas muy altas desde el principio, especialmente respecto a la respuesta del mercado chino”. Sin embargo, el desarrollo real de la campaña mostró un escenario mucho más complejo, con ventas difíciles desde las primeras semanas y un ajuste de precios más rápido y profundo que en años anteriores.
Una sobreoferta temprana que cambió el rumbo
Uno de los factores clave fue la concentración inusual de fruta temprana. Chile comenzó a exportar cerezas antes de la segunda quincena de octubre, con envíos muy anticipados principalmente de variedades como Brooks. Este adelanto, que en otras temporadas podía ser visto como una oportunidad, terminó convirtiéndose en un problema cuando grandes volúmenes llegaron a un mercado que aún no estaba preparado para absorberlos.
“La fruta temprana estándar dejó de moverse en niveles de 5 a 6 dólares por kilo y cayó rápidamente a valores de entre 3 y 3,5 dólares”, explica Henríquez. Esta caída abrupta marcó un quiebre respecto a campañas anteriores, donde la fruta temprana solía capturar primas importantes por su carácter exclusivo.
El problema no fue solo de cantidad, sino también de calidad percibida. La fruta muy temprana, como es habitual, presentó menores niveles de firmeza, dulzor y color. En un mercado aéreo tan exigente como el chino, estas carencias no pasan desapercibidas. “Los clientes quieren fruta firme, dulce, con buen color y aspecto fresco. Cuando faltan estos factores, las quejas surgen de inmediato y los precios se ajustan a la baja”, señala el comercializador.
Un consumidor más conservador
Más allá de los aspectos técnicos, Henríquez destaca un cambio estructural en el comportamiento del consumidor chino. Utilizando una analogía con productos como el whisky, explica que el mercado se ha vuelto más conservador. “La lógica de pagar cualquier precio por lo mejor ya no existe”, afirma. La economía post-Covid, todavía debilitada, ha generado un consumo más prudente, con mayor disposición a negociar y menos tolerancia a pagar sobreprecios si la calidad no es claramente superior.
Además, el momento del año jugó en contra. La llegada masiva de cerezas chilenas se produjo cuando aún estaban terminando las temporadas de Canadá y Estados Unidos, en un periodo sin una demanda natural fuerte por cerezas en China. El resultado fue un mercado saturado antes de tiempo.
Desvíos a otros mercados y resultados limitados
Ante la resistencia del mercado chino a ciertas variedades tempranas, la estrategia fue diversificar destinos. Parte de la fruta se envió a España, Tailandia y otros mercados asiáticos. Si bien estas alternativas permitieron dar salida al producto, los resultados estuvieron lejos de lo esperado.
“En estos mercados la fruta se movió, pero también fue criticada por la falta de color y firmeza”, comenta Henríquez. Los retornos al productor por fruta aérea se situaron entre 4 y 4,5 dólares por kilo, muy por debajo de los 7 u 8 dólares que podrían haberse logrado en un escenario normal. En Europa, aunque los precios de venta son menores, los costos logísticos más bajos permitieron sostener algunas operaciones puntuales, pero sin capacidad para absorber grandes volúmenes.
El peso de la logística: aire y mar bajo presión
La situación se agravó con el aumento de los costos de transporte. El flete aéreo alcanzó niveles cercanos a los 6 dólares por kilo, un incremento superior al 20% respecto a hace tres o cuatro años. Este aumento coincidió con la caída de los precios de venta, reduciendo drásticamente los márgenes.
Cuando el canal aéreo colapsó, la industria volcó grandes volúmenes de fruta temprana al transporte marítimo. A esto se sumaron restricciones sanitarias en algunas zonas, que obligaron a enviar por mar fruta que normalmente habría viajado por aire. El resultado fue un volumen sin precedentes: el primer buque, que normalmente carga entre 150 y 200 contenedores, partió con cerca de 480, y en pocos días se acumularon alrededor de 1.000 contenedores en China hacia la segunda semana de diciembre.
Un mercado resiliente, pero no inmune
China demostró nuevamente ser prácticamente el único mercado capaz de absorber volúmenes tan altos sin colapsar completamente. Sin embargo, incluso allí los precios reaccionaron con rapidez. Desde mediados de diciembre se produjo un descenso brusco, seguido de un punto bajo a comienzos de enero y una leve recuperación cuando hubo un espacio entre la llegada de grandes buques. Esa recuperación fue breve, y actualmente los precios han retomado una tendencia a la baja.
“El movimiento del mercado se ha ralentizado y estamos en uno de los niveles de precios más bajos vistos en la industria en los últimos años”, advierte Henríquez. Gran parte de la fruta está siendo almacenada en China, a la espera de una eventual reactivación. Aunque se cree que el mercado está cerca de su precio mínimo, no hay certeza de que ese piso ya se haya alcanzado.
Productores tardíos y señales para el futuro
Los productores de zonas más tardías, esperaban un escenario algo más favorable. Incluso se concretaron compras a precios fijos, entre 2,5 y 3,5 dólares por kilo, incluyendo operaciones con exportadores de capital chino. Sin embargo, estas expectativas dependían de un repunte que no se materializó.
Este contexto abre interrogantes relevantes para la próxima temporada, especialmente en relación con la política de anticipos. “Los compradores chinos operan con criterios cada vez más restrictivos”, señala Henríquez, y no está claro si habrá suficiente capital para sostener lanzamientos tempranos como en el pasado, o si solo los grandes actores con mayor liquidez podrán hacerlo.
Respecto a las nuevas variedades, el desafío sigue siendo el mismo: cumplir con los tres requisitos clave del mercado chino —firmeza, dulzor y buen calibre— siendo la firmeza el factor más determinante. Muchas variedades nuevas, con ciclos de desarrollo más cortos, no siempre logran alcanzar estos estándares bajo condiciones climáticas variables.
Liquidaciones complejas y expectativas ajustadas
Mirando hacia abril, cuando comiencen a llegar las liquidaciones finales, el panorama no es alentador. La fruta temprana enfrentará los mayores problemas, con menores rendimientos por hectárea y precios muy por debajo de lo histórico. “En semanas donde antes se lograban 6 o 7 dólares por kilo, ahora se estiman valores de 3 a 3,5 dólares”, concluye Henríquez.
Para los productores medianos, una mejor distribución de calibres ofrece algo de estabilidad, pero en términos generales la temporada 2025/26 no cumplió las expectativas iniciales. Más que una crisis puntual, deja una señal clara: el mercado chino ha madurado, y la industria deberá adaptarse a un escenario donde volumen ya no es sinónimo de éxito, y la calidad real, consistente y verificable será la única llave para sostener valor en el tiempo.
Fuente: Cherry Times con aportes de Redacción +P.
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