Maíz

Maíz: Argentina impulsa la producción mundial y Patagonia se suma al auge

El CIC elevó la previsión mundial de maíz para la campaña 2026/27 impulsado por Argentina, donde Patagonia emerge como una región clave para el cultivo.

Esta semana el Consejo Internacional de Cereales (CIC) revisó al alza su previsión de producción mundial de maíz para la campaña 2026/27, elevando la estimación en 10 millones de toneladas métricas hasta alcanzar 1.310 millones de toneladas. La corrección se sustenta principalmente en la mejora de perspectivas en dos grandes productores: Argentina e India.

Para el caso argentino, la cosecha 2026/27 pasó de una previsión de 59 millones de toneladas a 63 millones, aunque ese número sigue por debajo de los 70 millones registrados en la temporada anterior. India, por su parte, también fue revisada al alza: de 46,8 millones a 52 millones de toneladas, igualmente por debajo de sus 55,1 millones de la campaña 2025/26.

El dato no es menor. En la campaña 2025/26, las estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario proyectaban una producción cercana a 62 millones de toneladas, el nivel más alto registrado para el cultivo. Ese desempeño estuvo respaldado tanto por un salto en la superficie sembrada -con Patagonia como región clave en esta ecuación- como por mejoras en los rindes.

Argentina se encaminaba a lograr exportaciones récord de 45 millones de toneladas y un ingreso estimado de 9.000 millones de dólares, lo que convertiría al cereal en uno de los principales motores de generación de divisas del país.

El CIC también advirtió sobre un factor de incertidumbre climática de peso: el fenómeno de El Niño. "Actualmente se está produciendo un fenómeno de El Niño y se prevé que se intensifique a lo largo de la segunda mitad del año. Aunque existe una mayor probabilidad de variabilidad en el rendimiento, especialmente para las próximas cosechas del hemisferio sur, el impacto sigue siendo incierto en esta fase", señaló el organismo.

Patagonia entra en escena

Mientras la macroeconomía del maíz se recalibra a nivel global, en el sur del país una región trabaja para ser parte de esa ecuación. En el Alto Valle de Río Negro, el maíz lleva una década ganando terreno de manera sostenida. Hace diez años había entre 12.000 y 14.000 hectáreas destinadas al cultivo; hoy superan las 24.000 hectáreas, según datos difundidos por la Secretaría de Agricultura provincial.

La proyección es aún más ambiciosa. Si se desarrollan nuevas áreas bajo riego y mejora la rentabilidad del cultivo, las estimaciones oficiales hablan de alcanzar 100.000 hectáreas de maíz en toda la región. No es un número arbitrario: la provincia cuenta con 411.000 hectáreas con aptitud agrícola para riego, de las cuales hoy solo una fracción está siendo aprovechada.

El potencial hídrico es la clave de ese salto. En una zona donde las precipitaciones apenas rondan los 190 milímetros anuales, la producción depende del riego artificial, pero ese mismo sistema permite transformar campos de baja productividad natural en sistemas intensivos de alta performance.

El Alto Valle ya concentra más de 70.000 hectáreas irrigadas y podría sumar entre 20.000 y 30.000 hectáreas adicionales en esa misma zona. A escala provincial, distintos proyectos plantean incorporar alrededor de 170.000 hectáreas en las próximas décadas.

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Los rindes patagónicos van de 10 a 20 toneladas por hectárea, superando a la pampa húmeda en estabilidad.

Los rindes patagónicos van de 10 a 20 toneladas por hectárea, superando a la pampa húmeda en estabilidad.

Rendimientos que sorprenden

Desde el punto de vista agronómico, las condiciones del Alto Valle para el maíz son notablemente favorables. El cultivo requiere riego durante todo su ciclo —entre 800 y 900 milímetros— pero responde con rendimientos que van de 10 a 14 toneladas por hectárea en promedio. En campañas favorables se alcanzan entre 16 y 18 toneladas, y los manejos tecnológicos más avanzados se acercan a las 20 toneladas por hectárea.

Federico Zerboni, presidente de Maizar, que participó del 1° Encuentro de Maíz bajo Riego en la Norpatagonia realizado en Cervantes, explicó el porqué de esos números: el maíz necesita radiación y agua, y el Alto Valle las tiene en abundancia.

"En la pampa húmeda esos rindes se pueden lograr en años muy buenos. Acá es más parejo y es más fácil sostener rendimientos altos", señaló. La elevada radiación solar estival y la marcada amplitud térmica —que evita que la planta disipe de noche lo ganado durante el día— crean condiciones que pocos territorios maiceros del país pueden igualar con tanta regularidad.

El costo de producir en la zona equivale aproximadamente a seis o siete toneladas por hectárea, dependiendo del sistema de riego y el nivel tecnológico aplicado. Ese margen, sumado a la estabilidad de los rendimientos, convierte al cultivo en una alternativa atractiva frente a la fruticultura, que históricamente dominó el paisaje pero hoy tiene escaso margen para expandir su superficie.

Maíz que se convierte en carne

El cereal no llega solo a Río Negro: viene de la mano de la ganadería. El esquema productivo que se consolida en la región integra el maíz —tanto para silaje como para grano— con alfalfa, pasturas y remolacha forrajera, en sistemas de ciclo completo que transforman el cereal en proteína animal.

El impacto sobre la productividad es exponencial. En sistemas de secano, la producción de carne ronda menos de 5 kilos por hectárea por año. Con maíz bajo riego, ese número escala a 1.100 kilos de carne por hectárea.

La expansión del maíz en Río Negro no se limita al Alto Valle. En el Valle Medio, el Gobierno provincial impulsa el proyecto Negro Muerto, donde estudios preliminares identificaron más de 45.000 hectáreas de suelos con alta aptitud agrícola y rendimientos proyectados de hasta 18.000 kilos de maíz por hectárea bajo riego. A eso se suma Colonia Josefa, un desarrollo que podría alcanzar unas 50.000 hectáreas productivas.

La inversión para acondicionar una hectárea para riego oscila entre 2.000 y 4.000 dólares según el sistema: gravitacional o por pivotes. En proyectos de mayor escala, con bombeo y automatización, el costo total puede ubicarse entre 5.500 y 6.000 dólares por hectárea.

En ese contexto, y con el CIC validando el protagonismo argentino en el mercado global de maíz, Río Negro se posiciona como un territorio con capacidad real de sumar producción al país, desde una base agroecológica favorable y un modelo productivo que integra agricultura, riego y ganadería con resultados concretos.

FUENTE: Reuters con aportes de Redacción +P

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