Por qué importa esta aprobación en el campo argentino
El maíz enfrenta en Argentina una amenaza permanente: los lepidópteros plaga. Estos insectos, entre los que se cuentan diversas especies de orugas y mariposas en sus estadios larvales, generan pérdidas cuantiosas en los lotes productivos, comprometen el rendimiento y obligan a los productores a sostener esquemas de control químico que tienen sus propios límites agronómicos, económicos y ambientales.
La Resolución 80/2026 pone en palabras el problema con precisión técnica. El objetivo declarado de la aprobación es "ofrecer alternativas al productor agropecuario para que pueda mantener la eficacia en el control de ciertas plagas limitantes en la producción de maíz y así mantener la productividad de este cultivo en Argentina". Detrás de esa formulación institucional hay miles de productores que año tras año enfrentan el mismo desafío en sus campos.
Tres organismos, un único resultado: la aprobación
Antes de llegar a la firma de la resolución, Corteva Seeds Argentina completó un proceso de evaluación ante tres organismos estatales con competencias distintas y complementarias. Cada uno cumplió un rol específico dentro de un esquema que Argentina consolidó durante más de 30 años de evaluaciones en materia de biotecnología agropecuaria.
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Argentina acumula más de 30 años de evaluaciones en biotecnología agropecuaria de referencia global.
La Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA) analizó la bioseguridad agroambiental del evento transgénico. El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) evaluó la inocuidad del producto para el consumo humano y animal. Y la Subsecretaría de Mercados Agroalimentarios e Inserción Internacional estudió el potencial impacto de la adopción de esta tecnología sobre las exportaciones argentinas, un aspecto crítico para un país cuya economía depende en gran medida de los mercados externos de granos.
Los tres organismos emitieron dictámenes favorables. El proceso fluyó con una velocidad que la propia SAGyP calificó como "una muestra contundente" del carácter prioritario que tiene la adopción de tecnología en el agro argentino.
Lo que viene: condiciones y compromisos antes de la siembra comercial
La autorización no es un punto de llegada sino un punto de partida con condiciones. Antes de inscribir el híbrido en el Registro Nacional de Cultivares del Instituto Nacional de Semillas (INASE), Corteva debe cumplir con la presentación de un Plan de Manejo de Resistencia de Insectos, tal como lo establece la Resolución 49 del 5 de mayo de 2021. Ese plan debe recibir evaluación favorable por parte de la Coordinación de Innovación y Biotecnología de la Dirección Nacional de Bioeconomía y también de la CONABIA.
La lógica detrás de este requisito es científica y precautoria al mismo tiempo. La gestión de la resistencia de insectos es una herramienta fundamental para preservar la durabilidad de la tecnología en el tiempo. Si los lepidópteros desarrollan resistencia al evento transgénico por falta de manejo adecuado, la ventaja productiva se erosiona y la inversión tecnológica pierde valor. El Estado argentino exige a la empresa una hoja de ruta clara para evitar ese escenario.
Además, la resolución establece que Corteva deberá suministrar de forma inmediata toda nueva información científico-técnica que surja sobre el maíz con la acumulación de eventos autorizados, si esa información pudiera afectar las conclusiones científicas sobre las que se basó el permiso. Y la norma es explícita en advertir que la medida "quedará sin efecto si, a criterio de la autoridad competente, existe nueva información científico-técnica que invalida las conclusiones científicas en las que se basaron los dictámenes".
Argentina y su tradición biotecnológica: 30 años no son casualidad
Este hito no surge de la nada. Argentina acumula más de tres décadas de experiencia en la evaluación y adopción de eventos transgénicos en cultivos de escala global. Fue uno de los primeros países del mundo en adoptar la soja resistente a herbicidas en la década de 1990 y construyó desde entonces un sistema regulatorio que hoy le permite actuar con velocidad sin resignar rigor científico.
Ser el primer país del mundo en aprobar esta tecnología específica para el control de lepidópteros en maíz coloca a Argentina en una posición de referencia ante los mercados internacionales, las empresas de agrobiotecnología y los organismos multilaterales que siguen de cerca la evolución regulatoria en materia de cultivos genéticamente modificados.
El campo argentino suma así una herramienta nueva. El tiempo dirá cuánto pesa en la balanza productiva.
FUENTE: Redacción +P