Economía

La teoría de la sábana corta en la economía... (¡¡pero por 2!!)

El gobierno busca derrotar la inflación, “secando” la plaza de pesos. Simultáneamente, el valor de la divisas estadounidense se sigue debilitando.

La famosa teoría de “la sábana corta”, con la cual en forma muy fácil se muestra el efecto que tiene sobre un bien escaso, la presión de la demanda es. tal vez, la imagen más clara de lo que hoy ocurre en la economía doméstica: “si tapo la cabeza, destapo los pies”; y viceversa. Pero lo realmente grave es que esta vez ambas sábanas son cortas: la de arriba y la de abajo.

El gobierno enfrenta una cruzada para derrotar la inflación, para lo cual está “secando” la plaza de pesos. Esto, a su vez, está determinando una fuerte caída de la demanda interna que ahora quedó, comparativamente, con precios muy altos en dólares, y que algunos eslabones del comercio resisten bajar.

Simultáneamente, la falta de pesos obliga a sacar dólares que estaban atesorados, en parte para cubrirse de la inflación pero, además, para poder hacer frente a pagos (sueldos, insumos, servicios, etc.) que de otra forma sería imposible afrontar, y así el valor de la divisas estadounidense se sigue debilitando, especialmente sobre los fines de mes.

¿Quién se va a imponer en semejante pulseada? La economía local necesita que los precios se enfríen y baje fuertemente la inflación, pero si los precios aumentan en dólares, la Argentina pierde competitividad en los mercados internacionales que es lo que, finalmente, provee las divisas que se necesitan para importar insumos y bienes intermedios que permitan afrontar la producción de transables.

Después de la devaluación inicial de hace tres meses, tanto la remoción de una serie de restricciones al comercio, junto a la mejora de la competitividad adicional por el abaratamiento relativo en dólares, permitieron un “veranillo” alentador, que luego paulatinamente se fue licuando por el aumento de los costos, de las tarifas, los combustibles y la inflación del primer trimestre que, prácticamente, se “comió ” la mejora que se había obtenido entonces.

De ahí que “la sábana de los productores” muestre costos crecientes de producción; una cada vez menor competitividad por depresión del dólar (apreciación del peso) que pone a la Argentina en niveles carísimos a nivel mundial y, para colmo, con un mercado interno que cada vez se achica más por la fuerte retracción del consumo. Esto, seguramente, va a terminar volcando excedentes que no se pueden exportar, al mercado interno, con un doble efecto tenaza de desplome de las cotizaciones.

Por supuesto que esto vale igual para la agroindustria que enfrenta una torta de mercado local cada vez más chica, aún hasta para los no transables. Algo así como lo que se vivió en el primer semestre de 2002, cuando el tándem Duhalde-Remes Lenicov ''salió de la Convertibilidad sin red” y, aunque la fuerte devaluación de aquel momento, sirvió para licuar los pasivos de grandes grupos, la demanda doméstica se desplomó y muchas pymes se destruyeron.

Pero al gobierno no le va mucho mejor. Es que la otra sábana también es muy corta. Un informe elaborado semanas atrás por la consultora EconViews, que dirige el economista Miguel Kiguel, y que publicó +P, da cuenta de aumentos de 113% en dólares en el kilo de arroz blanco, y de 103% en el paquete de harina, por citar apenas un par de ejemplos.

“¿Ya somos un país caro en dólares, entonces?”. Definitivamente sí. Cualquiera que haya viajado recientemente no puede dejar de sorprenderse por el alto costo comparativo en dólares, de buena parte de los bienes argentinos. Ropa, comida, medicamentos, figuran a la cabezas. Y, por supuesto que, paulatinamente los extremos se van a ir acercando y el valor de los bienes va a terminar transparentándose, pero, ¿se aguanta?

El desconcierto de unos y otros ya es mayúsculo. ¿Se puede hacer otra cosa? Los analistas destacan que la inflación ya bajó, y que los bonos y acciones ya están cerca de su paridad, lo que permitiría una flotación limpia, ya que el FMI se resiste a desembolsar más fondos, mientras no se libere el marcado a una flotación limpia.

Otros se inclinan hacia una devaluación a $ 1.000/U$S, con reducción del impuesto PAIS para las importaciones, y una suba de la tasa de interés en pesos. Y mientras el Gobierno insiste con abrir más la economía, y levantar el control de cambios, el FMI se mantiene firme en no desembolsar más recursos para poder importar, al menos, hasta que no se encare una verdadera flotación limpia. En el caso de las economías extrapampeanas, con muy fuerte incidencia del aumento de fletes y combustibles, la apertura de las importaciones constituye otra amenaza más. “Este contexto permitirá el ingreso de manzana de otros países, los que tendrán costos de producción en dólares mucho más bajos que los del Valle para esa misma manzana, por lo tanto tendrán una mejor posición competitiva -originada principalmente por la paridad cambiaria- que permitirá insertarse en el mercado local sin grandes problemas”, sostiene Javier Lojo en +P.

Lo que si queda claro a esta altura es que no podrán pasar muchos meses, sin que, de un lado, o del otro, aflojen un poco la presión, para evitar que las sábanas cortas, terminen de destapar a toda la economía.

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