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Avellanas en el Valle Inferior: el modelo de inversión que atrae a ahorristas y profesionales

En el IDEVI, una iniciativa surgida de pequeños inversores reconfigura el mapa productivo de los frutos secos. El esquema integra capitales privados, asistencia técnica y la demanda global asegurada.

En el Valle Inferior de Río Negro, la producción agrícola comienza a consolidar esquemas asociativos que buscan alejarse de la volatilidad financiera tradicional. Ligada en forma directa a las demandas del mercado externo, la fruticultura de frutos secos —en particular las avellanas — ha comenzado a atraer a un perfil de inversor no tradicional: ahorristas y profesionales que, sin trayectoria en el trabajo rural ni grandes patrimonios, encuentran en la tierra una alternativa de capitalización y resguardo a largo plazo.

Bajo la modalidad de administración tercerizada y proyectos «llave en mano», este modelo asociativo permite ingresar a la producción tradicional mediante cuotas o esquemas de microinversión, donde la gestión técnica, la logística y el trabajo agronómico quedan centralizados en profesionales del área.

Implantación de variedades europeas Tonda di Giffoni para abastecer la demanda internacional.

Implantación de variedades europeas Tonda di Giffoni para abastecer la demanda internacional.

El origen de un proyecto con impronta regional

En el año 2019 un grupo de profesionales analizó el destino de una chacra inactiva en la zona productiva dependiente del Instituto de Desarrollo del Valle Inferior (IDEVI). Con el desconocimiento absoluto sobre el manejo de la tierra, se inspiraron en un modelo de negocio afianzado en el sector vitivinícola mendocino: un pedacito de tierra para cada socio y las labores del campo en manos de los especialistas.

Javier Masu, impulsor del proyecto conocido bajo la firma Corylus —denominación científica del avellano—, recuerda que la búsqueda inicial apuntaba a reactivar la producción sin caer necesariamente en los cultivos más habituales de la zona, como la cebolla o las pasturas.

Innovación en el IDEVI: tecnología y polinización con drones para optimizar la cosecha regional.

Innovación en el IDEVI: tecnología y polinización con drones para optimizar la cosecha regional.

Fue el contacto con los técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) lo que orientó definitivamente la decisión hacia la avellanicultura. El Valle Inferior presenta una condición estratégica: es el enclave productivo de avellanas más consolidado del país.

A este factor se suma un elemento central para la viabilidad económica del proyecto: la presencia en la región de la firma multinacional Ferrero, que opera tanto como proveedora de material vegetal y asesoramiento, como comprador garantizado de la producción bajo valores de referencia internacional. Esta estructura comercial otorga previsibilidad para proyectar ciclos de inversión que demandan plazos de hasta tres décadas.

El Valle Inferior del Río Negro se consolida como el principal polo productivo de avellanas.

El Valle Inferior del Río Negro se consolida como el principal polo productivo de avellanas.

Un esquema global frente a la parcelación

A diferencia de los loteos agrícolas tradicionales, la propuesta asociativa no divide territorialmente la chacra entre los inversores, dada la heterogeneidad de los suelos. En su lugar, articula una participación proporcional en el rendimiento general del proyecto.

“Nuestro modelo es asociativo y de escala: juntamos voluntades y capacidades de distinta gente para escalar en un proyecto que, cuanto más grande, más rentable es”, explica Masú.

Los participantes reciben informes periódicos sobre el estado agronómico del monte frutal y, al finalizar la temporada tras la comercialización de la cosecha, se deducen los costos operativos para distribuir las utilidades de acuerdo con la participación de cada socio.

Microinversión agrícola: una opción a largo plazo para ahorristas sin experiencia en el campo.

Microinversión agrícola: una opción a largo plazo para ahorristas sin experiencia en el campo.

El perfil del inversor es variado, se inician con un capital mínimo de u$s 40.000 y trasciende los límites del IDEVI. Hasta el momento se contabilizan unos 30 y la mayoría de ellos no reside en Viedma.

“Es para nosotros un número significativo porque demuestra que el modelo ha logrado generar confianza y atraer a personas que buscan alternativas de inversión a largo plazo. Los que antes invertían en una propiedad, un departamento, hoy lo hacen en avellanas”.

Variedades, tecnología y cultura productiva

En términos agronómicos, el planteo técnico se basa en la implantación de variedades europeas, mayoritariamente italianas. La variedad dominante es la Tonda di Giffoni, requerida por la industria confitera, complementada en un 20% por variedades polinizadoras como Barcelona o Nocchione.

Un esquema asociativo sin parcelación de la tierra que escala en volumen y rentabilidad real.

Un esquema asociativo sin parcelación de la tierra que escala en volumen y rentabilidad real.

El proyecto también funciona como campo de prueba para la innovación tecnológica regional. Recientemente, se puso en marcha una experiencia piloto de polinización asistida mediante el uso de drones, cuyos resultados de rendimiento serán evaluados en la próxima campaña frente a la polinización natural por viento.

Como en toda actividad primaria, los riesgos de la inversión no están vinculados a corridas o especulaciones de mercado, sino a factores climáticos impredecibles, tales como heladas tardías o granizadas. Sin embargo, la estabilidad del mercado internacional del fruto seco y la escala alcanzada posicionan a este modelo asociativo como una experiencia de integración productiva con anclaje firme en la economía real de la Patagonia.

En el año 2014 en el Valle Inferior del Río Negro el 95 por ciento de la producción de avellanas del país se concentraba en 450 hectáreas. Hoy se acercan a las 650, del mismo modo en que crecen las superficies cultivadas con otros frutos secos como nueces y avellanas.

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