Pistacho

Crecimiento del pistacho en Argentina: una oportunidad única para inversores locales

Con rindes del 20% anual en dólares y alta demanda global, el pistacho crece en Cuyo y tienta a productores patagónicos. Claves de un negocio en expansión.

Crecimiento del pistacho en Argentina: una oportunidad única para inversores localesEl negocio del pistacho tiene todos los condimentos necesarios para que cada vez haya más interesados en desentrañar las bondades del cultivo. De hecho, las primeras proyecciones del International Nut Council para la campaña 2026/27 (que comienza este mes) anticipan una caída de la producción mundial del 36%, hasta unas 701.050 toneladas. Esta baja le abre la puerta a nuevos jugadores, entre ellos, Argentina.

En nuestro país, el cultivo es la estrella de los últimos años. Aunque estamos lejos del líder global —California, con 350.000 toneladas proyectadas para esta campaña—, Argentina ya cuenta con más de 9.000 hectáreas plantadas y alrededor de 3 millones de árboles. La superficie implantada creció más de un 1.000% en los últimos ocho años, con San Juan representando en torno al 90% del total nacional. El ritmo de plantación se ubica entre 1.500 y 2.000 hectáreas nuevas por año, y ya operan siete plantas de procesamiento completo distribuidas entre San Juan, Mendoza y La Rioja.

Precisamente allí, en la provincia líder en el cultivo del pistacho —que cuenta con unas 2.000 hectáreas en producción sobre un total implantado de aproximadamente 8.000 hectáreas—, se encuentra Juan Ignacio Ponelli, CEO y fundador de AgroFides. En diálogo con +P, comparte su visión del negocio, detalla un modelo distinto y brinda algunos consejos a los productores patagónicos que miran con buenos ojos a este cultivo, que cotiza actualmente entre 9 y 11 dólares el kilo con cáscara, y entre 18 y 20 dólares sin cáscara.

A continuación, la entrevista completa:

Pregunta: Contame cómo llegaste al negocio del pistacho.

Juan Ponelli: Vengo del agro por tradición familiar, pero mi carrera fue corporativa; hasta octubre de 2024 fui CEO de una empresa de tecnología. En 2018, mientras vivía en África, busqué unir ambos mundos en una nueva hipótesis de negocio. Apuntaba a un sector estratégico —la producción global de alimentos va a tener que crecer un 60% para 2050— que además ofreciera flujo continuo, visión de largo plazo y bajo riesgo.
Analizando los frutos secos, el pistacho resultó ser claramente superador. Al volver a la Argentina en 2019 la pandemia postergó el inicio, pero me sirvió para estudiar a fondo el mercado. En 2022, con capital familiar, plantamos más de 100 hectáreas en San Juan.
Tras consolidar la experiencia como productores, el año pasado lanzamos AgroFides: un fideicomiso que permite a pequeños y medianos inversores acceder a la rentabilidad de un gran productor sin tener que gestionar el campo ni necesitar conocimientos específicos. "Tokenizamos" la participación en unidades del proyecto. Hoy estamos por empezar a plantar la nueva etapa con un master plan ambicioso: crecer entre 100 y 300 hectáreas por año.

Oportunidad global para Argentina: Ante una baja del 36% en la producción mundial de pistacho estimada para la campaña 2026/27, el país busca ganar terreno y posicionarse internacionalmente.

Oportunidad global para Argentina: Ante una baja del 36% en la producción mundial de pistacho estimada para la campaña 2026/27, el país busca ganar terreno y posicionarse internacionalmente.

P: ¿Cuál es el objetivo puntual de este fideicomiso? ¿Escalar una cantidad de hectáreas?

JP: El objetivo es producir pistacho a escala. Para los inversores es una forma de resguardar patrimonio y obtener rentabilidades del 20% anual en dólares. Como los pistacheros viven hasta 100 años produciendo, más que un negocio estamos construyendo un legado para nuestros hijos y nietos.
Trabajamos además con un enfoque de triple impacto. Primero es un negocio rentable; segundo, sustentable, con riego por goteo, energía solar y reforestación —vamos a sumar 42.000 árboles más—; y tercero, social, porque genera empleo local de calidad y arraigo en la comunidad.
Buscamos posicionar a Argentina como un referente mundial. Hoy el país tiene unas 10.000 hectáreas y no llega al 1% de la producción global, concentrada en el hemisferio norte (California, Irán y Turquía). Cuyo tiene una oportunidad única: contamos con excelentes condiciones de suelo, clima, agua, trayectoria y un paquete tecnológico estilo californiano. Solo nos falta superficie y trabajo para dar el salto.

P: ¿Qué está impulsando el crecimiento de la demanda a nivel internacional?

JP: Lo primero que siempre digo es que no hay que pensar que esto es una moda. Es cierto que el pistacho estuvo muy en boga en 2025, sobre todo por la explosión mundial del chocolate de Dubái, que nadie esperaba. Pero la demanda global viene creciendo a un ritmo del 6,5% anual desde hace más de 20 años. Lejos de ser algo pasajero, es una tendencia sostenida, apalancada en un consumo orientado a productos de mayor calidad y más saludables.
El pistacho está indicado en casi todas las dietas porque aporta grasas saludables, proteínas vegetales y excelentes cualidades nutricionales. Hace un par de años, un estudio de la Universidad de Harvard lo clasificó como un superalimento. Hoy los deportistas de alto rendimiento lo incluyen en su alimentación diaria, a lo que se suman segmentos como el veganismo y el vegetarianismo, que también empujan la demanda.
Por otro lado, influye la incorporación de nuevos mercados con tendencias de alimentación más premium, como los países asiáticos. A medida que crece el poder adquisitivo de ciertos sectores en China, por ejemplo, aumenta el consumo de productos de alto valor. Y dejame agregar algo más: la demanda crece porque el pistacho es riquísimo. Esa es la verdad. Podés tener mucho marketing y publicidad, pero al final del día es un producto excelente.

P: Para alguien que evalúa entrar en el negocio, ¿cuál es la inversión inicial aproximada?

JP: Armamos una unidad mínima equivalente a una hectárea. El ticket de ingreso hoy está en 33.000 dólares. El árbol tarda unos 7 años en entrar en producción comercial, período durante el cual hay un aporte anual de 6.000 dólares por hectárea para costos operativos. Así, la inversión total financiada ronda los 75.000 dólares.
Hablamos de "hectárea equivalente" porque no vendemos parcelas individuales; la persona compra una participación porcentual del proyecto total. Esto le da tres grandes ventajas al inversor: Seguridad: El capital ingresa a la cuenta del fideicomiso y está respaldado por activos reales (tierra, maquinaria, derechos de agua). Los inversores son los dueños de todo el patrimonio. Transparencia y economía de escala: El campo se opera y vende al 100% en conjunto, distribuyendo dividendos según la participación de cada uno, muy similar a ser accionista de una empresa. Gestión profesional: No se necesitan conocimientos específicos ni dedicarle tiempo; nos ocupamos del proyecto de punta a punta, desde el riego hasta la comercialización.

San Juan a la cabeza: Con el 90% de la superficie cultivada del país, San Juan lidera el boom del pistacho en una actividad que suma entre 1.500 y 2.000 nuevas hectáreas por año.

San Juan a la cabeza: Con el 90% de la superficie cultivada del país, San Juan lidera el boom del pistacho en una actividad que suma entre 1.500 y 2.000 nuevas hectáreas por año.

P: ¿Cuál es la rentabilidad una vez que entra en producción?

JP: El rendimiento promedio para el análisis del negocio se ubica entre 3.000 y 3.500 kilos por hectárea. Cuando arrancamos con este fideicomiso —a fines de 2025—, el valor del kilo de pistacho cosechado "en verde" estaba en 6 dólares. Hoy ya cotiza entre 7 y 8 dólares, con lo cual la proyección mejoró muchísimo para quienes ingresaron al principio. Pero seamos conservadores: tomemos 3.500 kg a 6 dólares (o 3.000 kg a 7 dólares), lo que da 21.000 dólares brutos. Si le restamos los 6.000 dólares de costos operativos anuales, quedan 15.000 dólares de margen neto por hectárea. Dividiendo esos 15.000 dólares sobre la inversión total de 75.000, obtenemos un 20% de rentabilidad anual en dólares, con la ventaja de que hay cosechas todos los años.

P: Llevame al día 1 como productor de pistacho. ¿Cuáles fueron las principales barreras para entrar en el negocio?

JP: El pistacho tiene una barrera de entrada muy alta, y eso fue justamente una de las cosas que me resultaron más atractivas. La primera barrera es geográfica: no se puede producir en cualquier lado. Requiere condiciones agroclimáticas muy específicas que solo se dan en pocas regiones del mundo. Por eso estamos en San Juan, que reúne esas características. La segunda es el tiempo: se necesitan 7 años para llevar la plantación a su producción plena. Y la tercera, en consecuencia, es la exigencia de capital: requiere una inversión inicial importante en el momento cero y la capacidad de sostenerla durante esos siete años.
Esos tres factores hacen que el negocio sea exclusivo, lo cual es positivo. ¿Por qué? Porque mientras la demanda crece al 6,5% anual, la oferta global aumenta a un ritmo inferior al 5%. Si observás la curva de los últimos 20 años, esa brecha es amplia y, proyectada a 10 o 15 años, se vuelve exponencial. Se estima que para ese entonces habrá un déficit estructural de 250.000 toneladas anuales a nivel mundial.

P: Este negocio está pensado principalmente para la exportación. ¿Qué papel juega el contexto macroeconómico de la Argentina?

JP: Una de las primeras preguntas que nos hicimos antes de empezar a invertir fue si este negocio resultaba viable atravesando distintos escenarios macroeconómicos y políticos en el país. La respuesta tenía que ser positiva para justificar la inversión, y así fue: atravesamos diferentes contextos y políticas, y la hipótesis central del negocio siguió funcionando. En algunas etapas te aumentan ciertos costos y en otras tenés más dificultades operativas, pero los números cierran. Hoy tenemos costos en dólares más altos que hace algunos años y, sin embargo, los índices de rentabilidad que mencioné ya contemplan ese escenario. Esto me pasó solo dos veces en la vida: la primera cuando viajé a África y vi el potencial de su mercado, y la segunda cuando me adentré en el mundo del pistacho. Son oportunidades extraordinarias. Pero eso no significa que sea fácil o libre de riesgo: se requiere un conocimiento técnico muy específico. Quien tiene la constancia, estudia y logra conformar un equipo de trabajo sólido, tiene un negocio sumamente interesante entre manos.

Precios y valor: El pistacho cotiza entre 9 y 11 dólares el kilo con cáscara y asciende a 18 y 20 dólares sin cáscara, convirtiéndose en una de las alternativas agropecuarias más cotizadas.

Precios y valor: El pistacho cotiza entre 9 y 11 dólares el kilo con cáscara y asciende a 18 y 20 dólares sin cáscara, convirtiéndose en una de las alternativas agropecuarias más cotizadas.

P: ¿Ves a la Argentina consolidándose o superando ese 1% de participación global que mencionabas?

JP: Es mi objetivo principal. Mi misión es posicionar a la Argentina como un referente internacional. Para eso se necesita aumentar la superficie cultivada, lo que requiere trabajo y la llegada de capitales e inversores que acompañen el proceso. Las condiciones base están dadas: tenemos el potencial agronómico, la capacidad profesional y el know-how. La única pieza faltante es la financiera. En la medida en que consolidemos esa estructura de financiamiento para acelerar el crecimiento, no tengo dudas de que la Argentina va a superar holgadamente ese 1% y a ubicarse en el mapa mundial.

P: Si tuvieras que darle un consejo a un productor de nuestra zona que está evaluando ingresar al negocio, ¿cuál sería?

JP: El primero tiene que ver con la evaluación agroclimática y la mitigación de riesgos. En San Juan hay más de 30 años de trayectoria probada. En Mendoza también funciona muy bien, aunque allí hay que contemplar factores climáticos clave como el granizo, las heladas tardías de primavera y los vientos del sur. A un productor que está pensando en reconvertirse le diría que empiece paulatinamente, probando a menor escala. Y a quien dispone del capital para hacer una inversión mayor desde el inicio, le recomendaría elegir el mejor terreno posible para minimizar cualquier riesgo. Son dos perfiles distintos: el que ya produce y tiene su infraestructura armada puede ir haciendo pruebas; el inversor de capital debe ir a lo seguro desde el día uno. El segundo consejo es el equipo humano y la especialización. Como ocurre en la medicina, no es lo mismo un cardiólogo que un traumatólogo. En el agro, el conocimiento específico del frutal es determinante. Es clave asesorarse bien y construir un ecosistema de trabajo con verdaderos expertos en pistacho. Esos serían los dos pilares fundamentales.

En un escenario económico que exige eficiencia y visión estratégica, el pistacho se consolida como una de las alternativas más atractivas del agro argentino. Aunque San Juan y Mendoza lideran la transformación, la miradas puestas en la Patagonia confirman que el cultivo no tiene un techo regional. Con la prudencia que requiere todo proceso de reconversión y la tecnología adecuada para mitigar riesgos, todo parece indicar que el sur del país puede encontrar en el pistacho no solo una excelente rentabilidad en dólares, sino la construcción de un verdadero legado productivo para las próximas generaciones.

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