cereza

La industria de cereza de Chile enfrenta su mayor ajuste: ¿Menos superficie o mejor estrategia?

El fuerte aumento de la producción presionan a la baja los precios de la cereza. ¿Es necesario erradicar hasta 30.000 hectáreas? Especialista da algunas pistas

En los últimos años, la industria de cereza de Chile ha experimentado un crecimiento acelerado que, si bien ha consolidado al país como uno de los principales exportadores a nivel mundial, también ha generado un escenario complejo marcado por una creciente sobreoferta en los mercados internacionales. Este fenómeno ha presionado los precios, afectando la rentabilidad de los productores y abriendo un debate profundo dentro del sector: ¿Es necesario reducir drásticamente la superficie plantada para equilibrar la oferta y la demanda? En este contexto, ha surgido incluso la propuesta de erradicar hasta 30.000 hectáreas de cerezos en Chile como una medida para contener los altos volúmenes de fruta exportable.

Para abordar esta problemática, +P conversó con Jorge Astudillo, ingeniero agrónomo formado en la Universidad de Chile y especialista en el manejo de cerezos, quien cuenta con más de diez años de experiencia liderando la gestión y producción de huertos en zonas tempranas. Su trayectoria se ha caracterizado por la implementación de estrategias agronómicas innovadoras orientadas a optimizar tanto el rendimiento como la calidad de la fruta, factores clave en un escenario de alta competitividad.

Actualmente, asesora a pequeños y medianos productores en la zona de Ovalle, en el norte de Chile, donde trabaja con un enfoque técnico ajustado a la realidad de cada agricultor, buscando maximizar la eficiencia productiva sin perder de vista la sostenibilidad del negocio. En esta entrevista, profundizaremos en su visión respecto a la sobreoferta de cerezas, evaluaremos la viabilidad de medidas como la erradicación de huertos y analizaremos qué alternativas existen para enfrentar este desafiante escenario sin comprometer el futuro de la industria.

-¿La erradicación de 20.000/30.000 hectáreas de cerezas en Chile puede ser una salida para ajustar la oferta?

-Puede ser una salida en términos teóricos, pero me parece improbable como política explícita y, además, demasiado simplista como solución principal. Hoy el problema no es solo “cuánto” produce Chile, sino cómo, cuándo y con qué calidad llega esa fruta al mercado. La superficie de cerezo en Chile pasó de 39.645 hectáreas en 2020 a 77.766 hectáreas en 2025, mientras que las exportaciones de cereza fresca en 2024/25 subieron un 51% y alcanzaron cerca de 626 mil toneladas, con una altísima concentración en China. Ese crecimiento tan acelerado explica la presión de oferta, pero no significa automáticamente que la única respuesta racional sea arrancar masivamente huertos.

-¿Por qué señala esto?

-Si uno plantea la erradicación de 20.000 a 30.000 hectáreas, está hablando de retirar aproximadamente entre un cuarto y más de un tercio de la superficie actual del cerezo en Chile. Eso ya no sería un ajuste marginal: sería una reestructuración mayor del sector. En la práctica, ese tipo de corrección no suele ocurrir de manera ordenada ni coordinada; ocurre por la vía de la rentabilidad, es decir, salen primero los huertos menos competitivos, menos productivos, más tardíos, peor ubicados o con genética menos adaptada al nuevo escenario comercial.

Mi visión es que sí habrá ajuste de superficie, pero probablemente será más selectivo que masivo. Más que una “política de arranque”, lo que veremos será una depuración económica del parque productivo, donde algunos proyectos quedarán fuera y otros se reconvertirán.

Tiempos para disminuir superficie de cereza

-¿Cómo y en cuánto tiempo se puede hacer semejante cambio de matriz productiva?

-No se puede hacer rápido ni de manera limpia. Un cambio de esa magnitud tomaría varios años, porque el productor no decide arrancar solo mirando una mala temporada: evalúa deuda, edad del huerto, alternativas de reconversión, disponibilidad hídrica, mano de obra, infraestructura y mercado para otro cultivo. Además, el cerezo tiene una inercia biológica y financiera importante: muchos huertos plantados en el auge 2019–2021 recién están entrando, o seguirán entrando, en plena producción, por lo que la presión de oferta no desaparecerá de un año para otro. El USDA proyectó para 2025/26 unas 80.000 hectáreas plantadas y 74.000 hectáreas cosechadas, precisamente por la maduración de huertos jóvenes.

-¿Pero se puede hablar de tiempos?

-Si hubiera una corrección fuerte, yo la imaginaría en un horizonte de 3 a 6 años, no en uno o dos. Y probablemente no sería homogénea: habría menos cerezo en zonas o proyectos de menor competitividad y más reconversión hacia especies o modelos productivos con mejor relación riesgo-retorno. En otras palabras, el ajuste, si ocurre, será más bien una combinación de arranque, reconversión, cambio varietal y mejora en el filtro comercial.

-Existen antecedentes en Chile de este tipo de políticas. Tanto en manzana como en uva de mesa, por dar solo algunos ejemplos, los empresarios chilenos tuvieron la flexibilidad para ajustar la oferta con menor superficie. ¿Se puede comparar estos casos con lo que ocurre hoy con las cerezas?

-Sí, se puede comparar, pero con matices importantes. La comparación sirve porque muestra que la fruticultura chilena ya ha vivido procesos de ajuste de superficie. Entre 2020 y 2025, la vid de mesa cayó de 45.489 hectáreas a 31.326 hectáreas, y el manzano, de 32.314 hectáreas a 24.962 hectáreas. Es decir, la agricultura chilena ya demostró que puede corregir área cuando cambian los márgenes, la competitividad o las exigencias del mercado.

cerezas china mercado shangai,JPEG
Más del 90% de las exportaciones de cereza chilena se concentran en China, un nivel de dependencia que hoy enciende alertas en toda la industria.

Más del 90% de las exportaciones de cereza chilena se concentran en China, un nivel de dependencia que hoy enciende alertas en toda la industria.

-¿Y cuáles son esos matices?

-La cereza tiene una diferencia clave: venía de un ciclo de rentabilidad extraordinaria, con un mercado dominante —China— que durante años absorbió el crecimiento y pagó primas muy altas. Eso generó una expansión mucho más rápida y emocional que en otras especies. En cerezas no estamos viendo una crisis de desaparición del mercado; estamos viendo el fin de un ciclo de precios excepcionalmente altos y el ingreso a una etapa de mayor normalización, más competencia y menor tolerancia a errores de calidad, condición o timing. El Instituto de Investigación Agropecuaria (INIA) lo describe bien cuando plantea que los “ciclos virtuosos” de precio alto, más plantación y más exportaciones son insostenibles para un solo mercado. En manzana y uva de mesa, el ajuste estuvo muy ligado a la pérdida de competitividad de ciertas variedades, al alargamiento de ventanas globales y a márgenes más estrechos. En cereza ocurre algo parecido, pero con una diferencia: el negocio todavía tiene escala, prestigio y demanda, solo que ya no admite la misma lógica expansiva de antes. Por eso, yo agregaría el caso del kiwi como un mejor paralelo parcial: allí Chile no resolvió sus desafíos solo arrancando, sino también endureciendo estándares de madurez y calidad mediante programas formales como el PAC y el PAM del Comité del Kiwi.

Alternativas para la industria de Chile

-¿Hay otras alternativas para volver a lograr un equilibrio entre oferta y demanda que permita mejorar las cotizaciones promedio?

-Sí, y a mi juicio son más realistas que pensar solo en erradicación. La primera alternativa es segmentar la oferta, porque no toda la cereza vale lo mismo ni debiera viajar a los mismos mercados bajo la misma lógica. El negocio futuro exige separar mejor por condición, variedad, calibre, firmeza, dulzor, potencial de guarda y fecha real de cosecha. A mayor volumen, más importante se vuelve el ordenamiento comercial y logístico.

La segunda es diversificar mercados, aunque sin autoengañarse: China seguirá siendo central, pero reducir la concentración es indispensable. En 2024/25, China captó cerca del 91% del valor y el 90,8% del volumen exportado de cereza fresca chilena; en 2025/26, seguía representando el 87% del valor y volumen en el período septiembre-febrero. Esa dependencia deja al sector extremadamente expuesto a un solo timing, una sola señal comercial y una sola sensibilidad de demanda. Estados Unidos ya aparece como segundo destino y como una vía concreta de diversificación.

La tercera es mejorar la calidad y la condición de arribo. En un mercado saturado, la fruta que llega bien puede seguir defendiendo valor; la fruta que llega cansada, blanda o sin una buena experiencia de consumo queda muy castigada. INIA publicó en 2025 un libro completo sobre cosecha y poscosecha de cerezas, justamente porque el desempeño en tránsito y destino pasó a ser una variable decisiva.

La cuarta es reordenar la matriz varietal y las ventanas. No se trata solo de producir más, sino de producir mejor posicionados: con variedades más consistentes, mejor adaptadas al viaje, más firmes y, cuando sea posible, con ventanas comerciales menos congestionadas. En paralelo, la industria necesita una planificación comercial más fina para evitar concentraciones extremas de arribos. El propio análisis reciente sobre Chile destaca que la llegada anticipada de grandes volúmenes a China, sumada a un Año Nuevo Lunar más tardío, debilitó los precios.

-¿Cómo resumiría toda esta última respuesta?

-La resumiría así: menos fe ciega en el volumen y más disciplina en la gestión del valor. Eso implica seleccionar qué fruta exportar, a qué mercado, con qué estándar, con qué promesa comercial y con qué respaldo logístico. Implica también invertir en poscosecha, frío, embalaje y promoción, no solo en hectáreas nuevas. De hecho, se observa que el sector ha mejorado en infraestructura de acopio, frío, selección, embalaje, logística y promoción, y que ese camino debe profundizarse.

También significa aprender del kiwi. El kiwi chileno enfrentó tensiones competitivas y respondió, en buena parte, con gobernanza de calidad: programas de aseguramiento de calidad y de madurez, parámetros mínimos para cosecha y una lógica de que no todo crecimiento sirve si no sostiene la experiencia del consumidor. Ese enfoque es muy valioso para la cereza: antes que discutir solamente cuántas hectáreas sacar, también hay que discutir qué estándar mínimo debe cumplir la fruta que se embarca.

cereza nimba
La industria enfrenta un nuevo escenario: más volumen, menor margen y mayor exigencia de calidad. ¿Qué decisiones marcarán el futuro del cerezo en Chile?

La industria enfrenta un nuevo escenario: más volumen, menor margen y mayor exigencia de calidad. ¿Qué decisiones marcarán el futuro del cerezo en Chile?

-¿Cuál es el valor del piso promedio que debe lograr en el mercado, debajo del cual la producción de cerezas pierde márgenes de rentabilidad para poder desarrollarse?

-No existe un único piso universal, porque depende mucho de la zona, variedad, productividad, estructura de costos, condición de la fruta y canal comercial. Pero sí se puede dar una referencia. En entrevistas sectoriales recientes se ha estimado que producir un kilo de cerezas en Chile cuesta, en promedio, entre US$1,5 y US$1,75/kg; otros análisis más recientes elevan el rango de costos de producción a US$1,8–2,2/kg en años normales. Y en la temporada 2025/26, INIA reportó pisos de mercado de US$3 a US$3,5/kg para fruta temprana en momentos de alta presión de oferta.

Mi lectura es que, para que el negocio siga siendo razonablemente atractivo y permita sostener inversión, renovación y manejo de alto estándar, el sector necesita retornos claramente por encima de esos pisos de supervivencia. En términos prácticos, si una parte relevante del volumen empieza a estabilizarse muy cerca del costo total puesto en destino, el negocio deja de ser una plataforma de desarrollo y pasa a ser un negocio defensivo. Por eso, más que obsesionarse con un número único, yo hablaría de un umbral: por debajo de retornos que dejen muy poco margen sobre costos productivos, logísticos y comerciales, la industria empieza a destruir valor, especialmente en los huertos menos competitivos.

-¿Comentario adicional que quiera agregar?

-Creo que el debate no debe centrarse solo en si Chile debe bajar de 100 millones de cajas. Ese número puede ser un símbolo útil, pero no necesariamente la solución estructural. El verdadero tema es si la industria será capaz de pasar de una lógica de expansión a una lógica de selección, calidad, diversificación y estrategia comercial. Chile ya entró en una nueva etapa: difícilmente volverá a los precios extraordinarios de hace dos o tres temporadas, pero eso no significa que la cereza haya dejado de ser un gran negocio. Significa, más bien, que dejó de ser un negocio fácil.

Fuente: Redacción: +P

En esta nota

Las más leídas