Lucila Bertotti, investigadora del CONICET y del CIEFAP que impulsó el proyecto de ciencia ciudadana para mapear el calafate.
Un recorrido por el proyecto que reúne más de 1.600 registros de calafate en Argentina y revela la presencia de esta especie en zonas inesperadas como Malvinas.
Una fotografía tomada durante un recorrido al aire libre representa mucho más que un simple recuerdo personal. Cuando esta imagen exhibe un ejemplar de calafate, contiene su ubicación geográfica precisa y se suma a una plataforma de ciencia ciudadana, pasa a integrar un mapa dinámico que contribuye a determinar la presencia real de una de las especies vegetales más representativas de la Patagonia.
Esta iniciativa surgió del trabajo de Lucila Bertotti, investigadora y becaria doctoral del CONICET, cofinanciada por la Secretaría de Ciencia y Tecnología de Chubut e integrante del área de Ecología de Ecosistemas Terrestres del CIEFAP. La científica acumula 5 años de investigación enfocados en definir pautas para la recolección sostenible tanto del calafate (Berberis microphylla) como del maqui, analizando tanto poblaciones silvestres como experiencias concretas de cultivo.
Durante ese trayecto científico emergió un interrogante fundamental y complejo de responder en una extensión territorial tan vasta: definir cuánto calafate existe en la Argentina y de qué manera se distribuye geográficamente. Según explicó la propia especialista durante una entrevista con FM Dimensión, obtener ese conocimiento mediante los métodos de relevamiento convencional exige combinar imágenes satelitales con exhaustivas verificaciones sobre el terreno, recorriendo las zonas a fin de comprobar de forma presencial las plantas.
Frente a las exigencias de los métodos tradicionales, las plataformas digitales orientadas a la biodiversidad abrieron un camino alternativo. La investigadora empleó el sitio web iNaturalist, un espacio donde los usuarios fotografían plantas, animales u hongos, registran la fecha y coordenada exacta de cada hallazgo y reciben ayuda de la comunidad para identificar las especies correctamente.
A partir de esta estructura digital, la científica diseñó el proyecto denominado Mapeo de calafate, programado específicamente para agrupar todas las observaciones de Berberis microphylla que cumplen con parámetros determinados. Una propiedad sobresaliente del sistema radica en su actualización automática, dado que el mapa incorpora y procesa los datos en tiempo real cada vez que un participante sube una nueva fotografía.
De acuerdo con lo detallado por la especialista en la entrevista radial, la iniciativa ya superaba los 1.600 registros aportados por numerosos colaboradores en diversos puntos del país y a lo largo de varios años. Así, cualquier usuario genera una coordenada mediante un filtro taxonómico específico sobre la base de datos global.
El mapa desarrollado muestra con claridad los sitios donde alguien observó y documentó la especie, pero no constituye en absoluto un censo exhaustivo sobre la vegetación en la Argentina. La presencia de un punto confirma documentalmente un hallazgo en ese lugar exacto. Por el contrario, un área sin marcas en la cartografía no demuestra la ausencia biológica del arbusto, sino que refleja simplemente la falta de registros subidos por los usuarios en esa coordenada.
Por esta razón, la información ciudadana complementa de manera valiosa los relevamientos sistemáticos de campo sin reemplazarlos por completo. Pese a dicha limitante estructural, compilar cientos o miles de observaciones georreferenciadas facilita la identificación de patrones espaciales, visibiliza zonas poco exploradas y orienta la selección de áreas específicas para futuras investigaciones.
Asimismo, comprender la distribución geográfica resulta indispensable para fijar planes de manejo, evaluar la producción vegetal y calcular el potencial productivo que el arbusto ofrece a las comunidades locales.
Al analizar la totalidad de los datos reunidos en el programa A Diario, la investigadora manifestó su sorpresa ante la extensión territorial manifestada por los registros. Las observaciones revelan la presencia del arbusto desde el extremo austral hasta sectores situados sensiblemente más al norte de la Patagonia, así como sobre la franja costera del océano Atlántico. Específicamente, los datos permitieron verificar que la especie se extiende por debajo de Puerto Madryn, aunque la definición precisa de los límites ambientales requiere estudios complementarios.
Entre los descubrimientos más llamativos destaca la localización de ejemplares en las Islas Malvinas gracias a registros fotográficos subidos por personas en ese archipiélago. No obstante, existe una distinción científica fundamental proporcionada por la base botánica internacional Plants of the World Online, perteneciente al Royal Botanic Gardens, Kew. Este organismo clasifica la especie como nativa en el sur de la Argentina y Chile, mientras considera su presencia en las Islas Malvinas como una condición introducida. El caso demuestra que la cartografía ciudadana documenta la localización de un individuo, pero exige estudios botánicos posteriores para interpretar las causas biológicas u históricas de su presencia.
El proyecto se mantiene completamente abierto a la colaboración de la población. Ante la consulta sobre la posibilidad de que vecinos patagónicos aporten datos, la especialista confirmó que cualquier persona puede sumarse libremente al proceso.
La metodología requiere tomar una fotografía de la planta, subirla a la plataforma iNaturalist especificando las coordenadas y etiquetarla bajo el nombre científico Berberis microphylla. Posteriormente, otros usuarios revisan y validan la determinación taxonómica. Esta instancia comunitaria cobra vital importancia debido a la existencia de otros integrantes del género Berberis en la región que presentan grandes semejanzas morfológicas a simple vista. La validación entre pares transforma la actividad en un proceso de ciencia ciudadana riguroso y participativo.
FUENTE: Redacción +P
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