Los números oficiales adquieren especial relevancia porque muestran que, en lo que va del año, las ventas de peras al mercado interno se encuentran en valores mínimos de la última década. Se trata de un dato que genera preocupación entre los actores de la cadena, especialmente porque la pera viene perdiendo progresivamente espacio en las góndolas argentinas frente a otras especies de frutas que compiten por el consumo de los hogares.
La situación del mercado interno se produce, además, en un contexto productivo particular para el complejo frutícola del Valle de Río Negro y Neuquén. Si bien la pera volvió a representar el mayor volumen dentro de la producción regional de frutas de pepita, su desempeño durante la presente temporada estuvo por debajo del registrado en campañas anteriores.
Para la actual temporada se estimó una cosecha teórica de 565.500 toneladas de peras, volumen equivalente a aproximadamente el 60% de toda la fruta de pepita producida en la región. Sin embargo, esa estimación representa una caída interanual del 10,6% y un descenso del 4,8% respecto del promedio de producción de los últimos cinco años.
La menor disponibilidad de fruta aparece, entonces, como uno de los factores que puede contribuir a explicar la contracción de las ventas internas. Una menor cosecha implica necesariamente un menor volumen potencial para abastecer al mercado doméstico, especialmente en un esquema productivo en el que una parte significativa de la producción regional tiene como destino los mercados externos.
Pese a ello, los niveles alcanzados por las ventas de pera continúan llamando la atención. La caída respecto de los promedios históricos es sensiblemente mayor que la disminución observada en la producción, lo que plantea interrogantes sobre la evolución del consumo interno y sobre el posicionamiento que la fruta mantiene entre los consumidores argentinos.
“El dato de ventas al mercado local va en línea con la baja de producción registrada en la presente campaña. No hay muchas otras explicaciones”, sentenció un importante operador del mercado al ser consultado sobre el comportamiento de las colocaciones.
La manzana también retrocede
La situación no es exclusiva de la pera. Las estadísticas oficiales del SENASA muestran que el mercado interno de manzanas también registró una contracción durante los primeros siete meses del año.
En julio, las ventas alcanzaron las 17.388 toneladas, cifra que representa una caída levemente superior al 10% respecto del mismo mes del año anterior. Al considerar el período enero-julio, las colocaciones totalizaron 119.624 toneladas, con una disminución del 12% tanto en la comparación interanual como frente al promedio de ventas correspondiente a las últimas cinco temporadas.
Sin embargo, existe una particularidad en el comportamiento mensual de la manzana. Al igual que ocurrió durante la campaña pasada, las ventas de julio mostraron un crecimiento respecto de junio. El dato permite observar que, más allá de la contracción general de los volúmenes comercializados, la evolución mensual continúa respondiendo a una lógica estacional que históricamente caracteriza al mercado de esta fruta.
En el plano productivo, la manzana enfrenta incluso una caída más pronunciada que la registrada por la pera. La producción teórica de la presente temporada fue estimada en 419.300 toneladas, volumen que representa una disminución del 14,4% respecto de la campaña anterior y que se ubica 9% por debajo del promedio de los últimos cinco años.
Parte de esta variabilidad productiva es atribuida por los especialistas al fenómeno conocido como añerismo, una característica presente en numerosas variedades de manzana que genera alternancias entre temporadas de mayor y menor producción. Este comportamiento puede provocar diferencias significativas en los volúmenes disponibles de una campaña a otra y, en consecuencia, repercutir sobre las cantidades destinadas al mercado interno.
Empresarios regionales consultados coinciden en que las mermas registradas en la cosecha constituyen uno de los principales factores detrás de la reducción de las ventas domésticas. En otras palabras, una menor oferta productiva termina trasladándose también al volumen comercializado en el mercado argentino.
Un mercado interno que vuelve a mostrar señales de debilidad
Los datos de ambas especies permiten observar un escenario de retracción para la fruticultura de pepita en el mercado doméstico, siempre hablando de tema de volúmenes. Tanto las peras como las manzanas presentan menores toneladas de comercialización durante los primeros siete meses del año, mientras que sus respectivas producciones también se encuentran por debajo de los niveles de las campañas anteriores.
La relación entre producción y ventas aparece como un elemento central para interpretar las estadísticas. En un año de menor cosecha, es esperable que disminuya también la cantidad de fruta destinada al mercado interno. Sin embargo, el caso de la pera agrega un componente adicional: el volumen comercializado no solo cae respecto de la campaña anterior, sino que se encuentra considerablemente por debajo del promedio de los últimos cinco años.
El dato vuelve a poner en discusión el lugar que ocupa la pera en el consumo argentino. Mientras la oferta regional enfrenta dificultades productivas y menores volúmenes disponibles, el mercado interno tampoco muestra señales de recuperación suficientes como para compensar la tendencia descendente.
Para una actividad como la fruticultura del Alto Valle, donde la producción tiene un fuerte peso económico y social, el comportamiento del consumo doméstico constituye un indicador de importancia. La evolución de las ventas en los próximos meses permitirá determinar si los actuales niveles responden principalmente a las menores cosechas de la presente campaña o si, detrás de los números, existe además un cambio estructural en los hábitos de consumo y en el posicionamiento de las frutas de pepita dentro de la dieta de los argentinos.
Por ahora, las estadísticas del SENASA dejan una señal clara: la pera atraviesa uno de sus períodos de menor presencia en el mercado interno de la última década, mientras que la manzana tampoco consigue escapar a una campaña marcada por una menor producción y una reducción de las colocaciones. La combinación de menor oferta y menor comercialización configura así un escenario que vuelve a poner bajo la lupa el futuro de ambas especies en las góndolas argentinas.
FUENTE: Redacción +P con aportes estadísticos del SENASA.