La evolución de las exportaciones durante los meses de julio muestra, además, una marcada volatilidad en las últimas campañas. El volumen mínimo de la serie reciente se registró en julio de 2022, con apenas 14.600 toneladas, mientras que el máximo correspondió a julio de 2024, cuando las ventas externas alcanzaron las 26.100 toneladas. En ese contexto, las 22.400 toneladas de julio pasado se ubican en una posición intermedia, aunque claramente por encima de varios de los registros de los últimos años.
Brasil concentra cada vez más las compras
Uno de los aspectos más destacados del comportamiento exportador de julio es la fuerte concentración de las ventas en el mercado brasileño. Durante el mes pasado, Brasil importó 13.400 toneladas de peras argentinas, volumen que representó aproximadamente el 60% de toda la oferta exportable destinada a los distintos mercados internacionales.
La participación brasileña viene ganando peso de manera significativa durante la última década. Para encontrar un punto de comparación, en julio de 2017 las exportaciones argentinas de pera con destino a Brasil habían alcanzado las 8.200 toneladas, equivalentes en aquel momento al 53% del total exportado durante ese mes.
De esta manera, en diez años Brasil incrementó su participación en alrededor de siete puntos porcentuales. El cambio refleja un proceso de concentración de la oferta exportable argentina hacia el principal socio comercial del Mercosur, en detrimento de otros destinos que históricamente tuvieron una participación más importante.
Entre los mercados que perdieron peso aparece con claridad Rusia. En julio de 2017, las exportaciones argentinas de pera destinadas a ese país alcanzaron las 3.500 toneladas, mientras que en julio de 2026 el volumen se redujo a apenas 1.500 toneladas. La evolución muestra un cambio profundo en la composición geográfica de las ventas externas del sector y una mayor dependencia de los mercados regionales.
El acumulado anual muestra una situación diferente
Aunque los números correspondientes exclusivamente a julio pueden considerarse relativamente favorables, la fotografía cambia cuando se analiza el desempeño acumulado durante los primeros siete meses del año.
Entre enero y julio de 2026, las exportaciones argentinas de peras totalizaron algo más de 252.700 toneladas, de acuerdo con los datos del SENASA. Ese volumen implica una caída interanual cercana al 8% respecto del mismo período de 2025.
La comparación con el promedio de las últimas cinco campañas presenta un escenario algo diferente: el volumen acumulado resulta prácticamente similar a las 252.000 toneladas registradas en promedio durante el mismo período de las campañas 2021-2025.
Por lo tanto, el principal problema que enfrenta la actividad no parece estar relacionado exclusivamente con una pérdida de mercados externos, sino fundamentalmente con una menor disponibilidad de fruta como consecuencia de la caída de la cosecha.
Una cosecha que condiciona las exportaciones
Los datos productivos permiten explicar buena parte de la retracción que muestran las ventas externas durante el primer tramo de 2026. De acuerdo con estimaciones propias elaboradas a partir de la cosecha teórica de manzana y pera, con información de corte a junio de este año, la producción de pera se ubicaría en torno de 565.500 toneladas.
La pera representa aproximadamente el 60% del total de la fruta de pepita producida en la región, por lo que cualquier variación significativa en su volumen de cosecha tiene un impacto directo sobre la disponibilidad de fruta destinada tanto al mercado interno como a la exportación.
La estimación de poco más de 565.500 toneladas supone una caída interanual cercana al 11% y una disminución aproximada del 5% respecto del promedio de los últimos cinco años. En otras palabras, el menor volumen exportado durante 2026 responde, en buena medida, a una menor oferta disponible en origen.
La evolución histórica de la producción de pera también permite poner el dato actual en perspectiva. La actividad registró una disminución sostenida durante varios años hasta alcanzar, en 2022, uno de sus niveles productivos más bajos, con unas 529.500 toneladas. Posteriormente, la cosecha comenzó a recomponerse y llegó a ubicarse nuevamente en torno de las 600.000 toneladas.
La actual campaña, sin embargo, vuelve a mostrar una corrección a la baja. Esta menor producción termina trasladándose inevitablemente a los volúmenes que pueden ser destinados a los mercados internacionales.
Menos fruta y menores stocks para el segundo semestre
Las perspectivas para lo que resta de 2026 no anticipan, al menos por ahora, un cambio significativo en esta tendencia. Distintos analistas del sector consultados coinciden en que durante la segunda mitad del año las exportaciones de pera tenderían a moderarse como consecuencia de la menor disponibilidad de fruta.
Uno de los factores centrales será la existencia de menores stocks almacenados en frío. Con una cosecha inferior a la de campañas anteriores, el volumen disponible para sostener las exportaciones durante los próximos meses será necesariamente más acotado.
A esto se suma la dinámica propia de los mercados de destino. En esta etapa del año, una parte importante de las colocaciones argentinas de pera se dirige hacia mercados regionales y países de América Latina, donde las posibilidades de colocación estarán condicionadas tanto por la disponibilidad de fruta argentina como por la competencia de otros proveedores.
Así, el balance de julio ofrece una señal relativamente positiva: las 22.400 toneladas exportadas no sólo superaron ampliamente el promedio de los últimos cinco meses de julio, sino que también constituyeron el tercer mejor registro para ese mes en la última década. Sin embargo, el acumulado anual revela una realidad más compleja, marcada por una caída interanual del 8%.
Brasil concentró el 60% de los embarques de julio, mientras la menor disponibilidad de fruta y los stocks en frío anticipan un escenario más ajustado para el segundo semestre.
La ecuación para el sector parece estar determinada, entonces, menos por una contracción puntual de la demanda externa que por una cuestión estructural de oferta. Hay menos peras disponibles para exportar porque la cosecha fue menor, y esa restricción productiva terminará condicionando necesariamente el desempeño de las ventas externas durante el resto del año.
Con Brasil consolidando su posición como principal destino —con seis de cada diez toneladas exportadas en julio— y mercados como Rusia perdiendo participación, la estructura comercial del sector también muestra cambios importantes. La combinación de menor producción, menores stocks y una creciente concentración de las ventas en determinados mercados será, por lo tanto, uno de los principales factores a seguir durante los próximos meses para evaluar la evolución del negocio exportador de pera argentina.
FUENTE: Redacción +P con aportes estadísticos del SENASA.