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Investigación revela el destino de loros barranqueros en Patagonia: La verdad sobre su 'invasión'

Científicos del Conicet revelan que la población de loros barranqueros cayó un 40%. La falta de monte nativo los obliga a buscar "comida chatarra" en las ciudades.

Los loros posados en los cables o los nidos gigantes entre las ramas ya forman parte de la postal usual en la Patagonia. Mientras los productores del Valle levantan banderas de alerta por el impacto que las aves tienen en las chacras, los científicos de la costa encontraron la respuesta a la pregunta del millón: ¿Por qué los loros invaden las ciudades? ¿Hay realmente una superpoblación?

Alejandro Gatto, biólogo del Conicet, retomó estudios históricos del investigador Juan Marcelo para arrojar luz sobre una situación que genera tensiones en toda la región. Los resultados, documentados tras años de monitoreo, contradicen la percepción popular.

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La pérdida del hábitat natural y el cambio en el uso del suelo obligan a estas aves a buscar seguridad en las estructuras urbanas de la Patagonia.

La pérdida del hábitat natural y el cambio en el uso del suelo obligan a estas aves a buscar seguridad en las estructuras urbanas de la Patagonia.

Ni invasión, ni superpoblación

El nivel poblacional general de los loros barranqueros está disminuyendo en comparación con sus niveles históricos, en alrededor de un 40%. No hay una superpoblación de loros, no hay una invasión; de hecho, la población es cada vez menor”, afirmó Gatto en diálogo con Al final de todo (LU5).

Ante este dato, surge el interrogante lógico: si hay menos ejemplares, ¿por qué vemos los cables más llenos que nunca? Para el biólogo, la respuesta es clara: “Los vemos agruparse donde estamos nosotros. Antes estaban más dispersos a lo largo de su ambiente natural, que es el monte. Ahora están, de alguna forma, ‘refugiados’ en los alrededores de los pueblos y de las ciudades”.

Al no hallar sus brotes y frutos naturales, los loros recurren a plantas ornamentales y cultivos, una dieta que los científicos califican como perjudicial para su salud.

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Gatto explica que, al no hallar sus brotes y frutos naturales, los loros recurren a plantas ornamentales y cultivos, una dieta que los científicos califican como perjudicial para su salud.

Gatto explica que, al no hallar sus brotes y frutos naturales, los loros recurren a plantas ornamentales y cultivos, una dieta que los científicos califican como perjudicial para su salud.

El monte perdido

¿Por qué eligen refugiarse entre el cemento y el ruido? “Debido a la pérdida de hábitat”, asegura Gatto de forma categórica. Tanto en el sur de la provincia de Buenos Aires como en la costa de Río Negro, el cambio en el uso de la tierra ha sido el factor determinante.

El ambiente natural fue modificado para plantaciones y cultivos, lo que dejó a las colonias sin sus refugios nocturnos y sin su sustento. Los loros prefieren el monte nativo, donde utilizan las matas grandes de arbustos para dormir y alimentarse de sus brotes, frutos y hojas. Al desaparecer el arbustal, desaparece su casa.

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La regeneración del ecosistema llevará años; mientras tanto, los especialistas advierten que la presencia del loro en la postal urbana será una realidad persistente.

La regeneración del ecosistema llevará años; mientras tanto, los especialistas advierten que la presencia del loro en la postal urbana será una realidad persistente.

El refugio y la "comida chatarra"

En la zona de Puerto Madryn, el problema se agravó por los incendios rurales. “Hace más de 10 años que se dan incendios muy grandes que disminuyeron la cantidad de monte nativo. Por eso los animales buscan refugio en las ciudades y también, por qué no, alimentación en plantas ornamentales y cultivos”, explicó el investigador.

Sin embargo, este cambio de dieta tiene un costo para la especie. Gatto utiliza una metáfora muy gráfica: “En las ciudades pueden alimentarse y sobreviven, pero poniéndolo en términos humanos, diría que es como comer comida rápida o comida chatarra. A la larga, les hace mal”.

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En zonas como Puerto Madryn, la destrucción del monte nativo por el fuego eliminó los dormideros naturales, empujando a las colonias hacia las ciudades.

En zonas como Puerto Madryn, la destrucción del monte nativo por el fuego eliminó los dormideros naturales, empujando a las colonias hacia las ciudades.

Un futuro compartido

Aunque el panorama parece crítico, hay una luz de esperanza en la regeneración natural. En las zonas afectadas por incendios, la vegetación comienza a recuperarse lentamente. “Ya se ven unas matas de medio metro, pero falta mucho tiempo para que los loros vuelvan al monte nativo”, estimó Gatto.

Mientras tanto, la convivencia será obligatoria. La sentencia del biólogo es contundente: “Vamos a tener que acostumbrarnos a los loros. En otras ciudades, como en el sur bonaerense o la costa rionegrina, su presencia en la ciudad es usual desde hace muchos años”.

Fuente: Redacción +P

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