Desde Gestión Humana, el reto no es solo cubrir puestos, sino generar oportunidades de desarrollo laboral y arraigo en el territorio.
Con Miguel Ferrer, presidente de Valle Manzano S.A., analizamos el futuro de la fruticultura: tecnología, atracción de talento joven y el desafío de competir con Oil & Gas.
Nacido en Río Negro y con una etapa de formación en Mendoza, Miguel Ferrer, presidente de Valle Manzano S.A., comenzó su trayectoria laboral en la industria para luego dedicarse de lleno a la producción frutícola. Al hablar de su actividad, hay una frase que resume gran parte de su mirada: “El negocio es una filosofía de vida”.
La historia de la empresa también está atravesada por la familia. Su abuelo, José Ferrer, fue el fundador, y la familia Ferrer tiene una larga trayectoria vinculada a las chacras y a la producción frutícola. Una actividad que, más allá de lo económico, representa identidad, tradición y pertenencia a la región.
Durante la conversación surgió un tema que considero central para quienes trabajamos en Recursos Humanos: ¿Dónde están los talentos que necesita hoy la producción?
Según señala Miguel, gran parte del personal capacitado y con experiencia proviene de provincias como Mendoza, Tucumán y Formosa. Se trata de trabajadores que se trasladan en busca de mejores condiciones salariales y están dispuestos a vincularse mediante esquemas eventuales o de temporada.
La empresa cuenta con aproximadamente un 10% a 15% de empleados permanentes, mientras que el resto de la dotación se conforma por trabajadores eventuales o temporarios. En este contexto, la experiencia y las referencias adquieren un valor significativo: cuentan con una base de trabajadores referidos y con personas que llevan años vinculadas a la actividad.
Pero hay algo que aparece como condición fundamental: el compromiso con la tarea.
En la producción frutícola, cada etapa tiene impacto en el resultado final. Una fruta que no cumple con los estándares de calidad puede llegar al consumidor y afectar toda la cadena. Por eso, para Miguel, no alcanza solamente con cubrir una vacante: es necesario encontrar personas que tengan responsabilidad, compromiso y disposición para aprender.
Otro aspecto interesante de la conversación fue el avance tecnológico dentro de una actividad que muchas veces asociamos exclusivamente con el trabajo manual.
Las tareas rutinarias del campo también atraviesan un proceso de transformación. Un ejemplo es la poda, que incorpora herramientas más modernas y eficientes. Asimismo, se suma personal que se capacita para la utilización de un dron para aplicar tratamientos fitosanitarios, una tecnología que no solo simplifica la labor, sino que optimiza los tiempos y reduce significativamente el consumo de combustible.
Este cambio también abre nuevas preguntas respecto de los perfiles que pueden incorporarse en el futuro.
Miguel plantea que, a medida que las tareas requieran menos fuerza física que años atrás, podría evaluarse incluso la incorporación de mujeres a determinadas posiciones dentro de la actividad.
La transformación tecnológica, entonces, no solamente modifica las herramientas: también puede ampliar las posibilidades de acceso al empleo.
Uno de los principales desafíos que atraviesa actualmente el sector es la competencia con otras industrias de la región, especialmente con Oil & Gas, tanto por los niveles salariales como por la disponibilidad horaria y los esquemas de contratación.
Esto genera una pregunta que excede a una empresa en particular: ¿Cómo hacemos para que las nuevas generaciones conozcan, valoren y consideren las oportunidades laborales que existen en su propio territorio?
Desde la mirada de Recursos Humanos, creo que aquí existe una oportunidad concreta para actuar como agentes de cambio.
Una de las alternativas podría ser desarrollar programas de pasantías, prácticas formativas o primeros empleos vinculados con empresas productivas de la región. También generar puentes entre las empresas y las escuelas técnicas, permitiendo que los jóvenes conozcan de primera mano cómo es trabajar en una chacra, qué tecnologías se utilizan, qué competencias se necesitan y qué posibilidades de crecimiento profesional existen.
Se trata de mostrar un camino de desarrollo laboral posible dentro del propio territorio.
Quizás muchos jóvenes no conocen las oportunidades que existen detrás de una actividad que forma parte de la identidad productiva de nuestra región. Y quizás las empresas también necesitan nuevas estrategias para comunicar que hoy el trabajo frutícola no es solamente esfuerzo físico: también implica tecnología, conocimiento, responsabilidad, organización, calidad y aprendizaje permanente.
La problemática del compromiso, la rotación y la dificultad para atraer personas no debería ser abordada únicamente desde la necesidad de cubrir puestos.
Desde Recursos Humanos tenemos la posibilidad de conectar personas, empresas, instituciones educativas y territorio.
Y quizás ahí esté una de las claves: dejar de pensar solamente en cubrir puestos y empezar a construir puentes hacia nuevas oportunidades de trabajo, aprendizaje y desarrollo.
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