Patagonia

Del monte a la meseta: cómo un español forjó un imperio comercial en la Patagonia olvidada

Un joven sin mapa trazó rutas comerciales donde solo existía huella de potro. Así nació el poder del boliche en la meseta chubutense.

En 1890, un joven navarro llamado José María Contín pisó por primera vez la Patagonia. No traía fortuna ni título. Solo la orden de su tío: internarse en el interior del territorio, donde los únicos senderos eran las huellas que dejaban los potros salvajes. Debía cortar monte entre jarilla, mata cebo y piquillín para abrir paso a las tropas de animales que conducía hasta Chile. Ese fue su bautismo en la meseta.

Lo que comenzó como un encargo familiar se convirtió, con el tiempo, en una historia de acumulación, estrategia y poder en uno de los rincones más inhóspitos del país: el Departamento de Telsen, en la meseta norte del Chubut.

El boliche, mucho más que un mostrador

Para entender la trayectoria de Contín, es necesario comprender qué significaba el boliche rural en la Patagonia de fines del siglo XIX. Lejos de ser un simple almacén, era el corazón social y económico de territorios donde el Estado brillaba por su ausencia. En sus estantes convivían la harina, el querosén y el hilo de lana. Detrás del mostrador, se gestionaban créditos, se compraban frutos del país y se almacenaba información de valor incalculable.

El bolichero conocía la cantidad exacta de ovejas de cada criancero, la calidad de los campos de la zona y el estado económico de cada familia en leguas alrededor. Ese saber no era inocente: era poder. A través del crédito y del endeudamiento, muchos bolicheros lograron apropiarse del excedente de las unidades de producción campesinas, y no pocas veces, quedarse con los campos mismos.

El establecimiento también funcionaba como bar, sala de juegos y centro de reunión. Era el lugar donde circulaba la información regional, donde se sellaban acuerdos y donde, inevitablemente, el alcohol encendía tensiones que luego repercutían en los lazos comunitarios de los crianceros de la zona. Ese era el universo que Contín aprendió a habitar y a dominar.

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Contín llegó sin mapa a la meseta chubutense y terminó controlando rutas, precios y lana.

Contín llegó sin mapa a la meseta chubutense y terminó controlando rutas, precios y lana.

Una red comercial, a ambos lados de la Cordillera

Los arreos a Chile que realizó Contín en sus primeros años no eran un detalle menor. La conexión comercial entre ambos lados de la cordillera durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX fue intensa, articulada por redes familiares, sociales y económicas que unían la Patagonia argentina con los mercados trasandinos. El ganado cruzaba la cordillera porque Chile pagaba mejores precios y estaba más cerca que los puertos atlánticos.

Sin embargo, el propio Contín fue testigo de un giro histórico: ya en la segunda década del siglo XX, el circuito de mercaderías en la meseta norte de Telsen giró definitivamente hacia la vertiente atlántica. Los puertos patagónicos y las grandes casas acopiadoras de la costa reemplazaron al mercado chileno como destino principal de la lana regional.

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DE EMPLEADO A EMPRESARIO: EL ASCENSO DE CONTÍN

La trayectoria de Contín siguió una lógica de expansión calculada. Primero se hizo cargo de las sucursales de Sierra Grande y Puerto Lobos para su tío. Luego dio el paso definitivo: se estableció por cuenta propia y se instaló en Puerto Madryn, desde donde administró como gerente las casas de ramos generales que adquirió en Arroyo Verde y Cona Niyeu.

El elemento que terminó de consolidar su posición fue la flota propia: una tropa de carros con la que transportaba mercaderías hacia la meseta y traía de regreso la lana comprada a los pobladores rurales. Ese control del transporte le dio un poder decisivo: regular los precios de compra y venta en el interior, y luego colocar la producción en las grandes casas acopiadoras de la costa con márgenes de ganancia considerables.

Contín no era una excepción sino un modelo. Su historia ilustra el perfil del comerciante intermediario que prosperó en la Patagonia norte entre 1890 y 1940: inmigrante europeo, comenzó como dependiente, construyó una red de establecimientos, controló el transporte y finalmente articuló los mundos del interior y la costa.

Un archivo de voces y huellas

La historia de José María Contín fue rescatada del olvido por la historiadora Liliana Pérez en su libro Tel'sen. Una historia social de la meseta norte del Chubut. Patagonia 1890-1940, publicado por la Secretaría de Cultura de la Provincia del Chubut en 2012. La investigación reconstruyó, a partir de fuentes escritas y testimonios orales, el complejo entramado de actores, relaciones económicas y disputas de poder que definieron ese territorio durante medio siglo.

Lo que el libro revela, y lo que la figura de Contín encarna, es que la Patagonia no fue solo escenario de grandes estancias y empresas extranjeras. También fue el territorio de hombres que llegaron con poco y, a fuerza de conocer el terreno, tejieron redes que transformaron la vida de los crianceros, para bien y para mal. El boliche fue su plataforma. La meseta, su reino.

FUENTE: "Tel'sen. Una historia social de la meseta norte del Chubut. Patagonia 1890-1940", de Liliana Pérez, con aportes de Redacción +P.

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