La presencia de jabalíes en Patagonia: un aviso urgente sobre su impacto
Expertos advierten sobre el impacto ambiental y productivo tras detectarse jabalíes en ecosistemas frágiles de Santa Cruz. El riesgo de una plaga incontrolable.
La semana pasada, técnicos de la Fundación Macá Tobiano registraron la presencia de un jabalí en la Meseta del Lago Buenos Aires, Santa Cruz. Se trata de uno de los ecosistemas más frágiles y menos intervenidos de Argentina. Aunque estos animales son considerados una plaga que afecta a más del 60% del territorio nacional, no había registros previos en esta zona, lo que encendió todas las luces de alerta.
En diálogo con +P, Ignacio Celedon, veterinario especializado en Inocuidad y Calidad Agroalimentaria, analizó la gravedad de la situación: “Tenemos que estar preocupados por este hallazgo en Santa Cruz. El jabalí se expande por necesidad. Había lugares donde no había registro y ahora los hay, lo que indica que su población aumenta y, en consecuencia, aumenta el daño que genera en varios aspectos: medioambiental, productivo y sanitario, tanto para las personas como para otros animales. También representa un riesgo para otras especies por depredación y peligro de extinción”, explicó Celedon, concluyendo: “Todo es negativo en relación a la presencia de este animal en un territorio nuevo”.
Una "bomba de tiempo" biológica
Para el especialista, las condiciones geográficas de la meseta favorecen el asentamiento de la especie: “Cuando me enteré, lo primero que pensé fue que es una situación muy complicada. Es una zona de mallines: van a tener agua y ciertas condiciones para instalarse. Es una bomba de tiempo, porque esta especie, si tiene agua, se adapta a cualquier tipo de clima”.
Celedon detalló las ventajas biológicas que posee el invasor: “Tiene la capacidad de comer cualquier cosa, con lo cual siempre va a conseguir alimento. Y como no tiene depredadores naturales, no necesita protección. Tiene muchas variables a favor”. A esto se suma su capacidad reproductiva: “El potencial para invadir una zona, colonizarla y quedarse es enorme”.
El veterinario señaló que este avance era previsible: “No me sorprendió tanto, porque era esperable. Hace un par de años apareció en la zona de Puerto Madryn y la Península de Valdés, así que no había razones para que no siguieran bajando”.
Estrategias de manejo y riesgos productivos
Ante un escenario complejo, la rapidez en la respuesta oficial es clave. Celedon propone: “Lo primero sería rastrear y confirmar si efectivamente hay una piara dando vueltas. Creo que sí, pero son hipótesis que hay que corroborar: mediante cámaras trampa o personal que rastree los campos en busca de huellas u otros indicios. Si eso se confirma, habría que organizar un plan de manejo para capturarlos”.
La demora podría ser catastrófica: “El problema es que, si no se actúa rápido, esa piara —si existe— va a tener crías en poco tiempo y después va a ser mucho más difícil controlarla. Se van formando distintas piaras que empiezan a dispersarse, en un entorno que ya es frágil ambientalmente”. Además, advirtió sobre el impacto económico: “Existe el riesgo concreto de que los animales ataquen las majadas, como ocurre en Uruguay”.
¿Por qué falla el control de la plaga? Según Celedon, la falta de depredadores naturales es el primer factor de desequilibrio. Sin embargo, la responsabilidad política es determinante: “Los gobiernos reaccionan tarde porque a nadie le importa hasta que el problema es evidente. Y nadie va a hacer el trabajo sin recursos. Una fundación puede ayudar, pero si no tiene los medios, tampoco puede controlarlo”.
"Es hora de actuar"
Celedon fue tajante respecto a la burocracia actual: “No estoy muy optimista, porque veo mucha investigación sobre la problemática —enfermedades, riesgos, distribución— pero nadie propone un plan de acción concreto. Ya es hora de actuar, no de seguir investigando”.
Finalmente, criticó la falta de una normativa federal unificada: “El problema es que somos un país federal y cada provincia tiene su propia normativa. San Juan, por ejemplo, no autoriza la caza. Río Negro autoriza hasta cuatro animales, lo cual no tiene sentido si el objetivo es controlar la plaga. Y el animal lo sabe: donde lo cazan mucho, se desplaza hacia donde hay más refugio y mejores condiciones”.
“Si las provincias no coordinan entre sí —y los políticos rara vez lo hacen en este tema—, el problema va a seguir creciendo. Eso genera zonas grises que dificultan cualquier plan de trabajo coordinado. Es muy complicado”, cerró.
En esta nota
Te puede interesar








